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Un país para pocos

LA PROPUESTA DE LOS AGROEXPORTADORES

Crecer en forma sostenida implica fortalecer el mercado interno con mejores salarios y más empleo, además de idear modelos para industrializar los recursos naturales.
HORACIO ROVELLI
El grado de concentración de mercados cautivos es tan alto que apenas veinte compañías elaboran el 80 por ciento de los alimentos y bebidas que se consumen en el país. El panorama se completa con las grandes cadenas de comercialización que venden el 65 por ciento de esos bienes. Ese escenario hace muy difícil destrabar el proceso de formación de precios y explica, además, por qué cuando sube el valor del dólar se traslada a los alimentos y las bebidas.
Los precios están internacionalizados. Una botella de 900 centímetros cúbicos de aceite mezcla cuesta unos 145 pesos. En Amsterdam se vende a 2 dólares. Unos 177 pesos al tipo de cambio comercial del 23 de diciembre pasado y que, deducidas las retenciones, arroja un precio muy similar al que tiene en las góndolas locales. El dólar subió el año pasado casi un 49 por ciento y los precios de los alimentos lo hicieron en forma proporcional.
El caso de la carne, un producto esencial en la mesa de los argentinos, es muy parecido. El acuerdo de precios de fin de año que concretó el gobierno para ciertos productos -matambre, asado y vacío- lo realizó con los directivos del Consorcio de Exportadores de Carnes Argentinas ABC que concentra el 80 por ciento del mercado local de carnes.

El dólar, no los costos.
De los ejemplos resulta claro que la suba de los precios de los alimentos y bebidas no es un problema de estructura de costos, donde jueguen los aumentos salariales o de combustibles. En la Argentina de los últimos cuarenta y cinco años la principal causa es el dólar, y esto es así por la fuerte extranjerización de la economía y el predominio que tienen un puñado de firmas en sus respectivos mercados.
En el contexto actual, y aún antes de la pandemia del Covid-19, nos enfrentamos a un feroz proceso de degradación de la economía mundial provocado por una crisis estructural de sobreproducción. En ese contexto, la industria es clave. ¿La razón? Es el único sector que tiene la capacidad de generar un aumento importante de puestos de trabajo como para abarcar una población económicamente activa del tamaño de la argentina. Contamos con una masa crítica industrial no despreciable, una importante capacidad en construcción -tanto pública como privada- y, fundamentalmente, con un mercado interno que debe ser apuntalado y consolidado para que se convierta en la demanda final de la mayor parte de la producción.
Crecer en forma sostenida implica no solo fortalecer el mercado interno con mejores salarios y más empleo. También hay que pensar para algunos sectores en modelos capaces de industrializar los recursos naturales mediante una fuerte participación del Estado, como puede ser el caso Vicentin, que serviría para poner un pie en rubros tan estratégicos y sensibles como la venta interna y la exportación de granos y derivados. Sin embargo, la fuerte extranjerización de nuestra economía viabiliza procesos de sustitución inversa -se importan bienes que se pueden producir en el país y se fugan capitales a través de los llamados precios de transferencias, que no es otra cosa que pagar un valor mayor que el real por insumos y asesoramiento técnico adquiridos en el exterior.

Marco permisivo.
La Argentina no presenta un problema comercial o de falta de divisas. La balanza acumuló hasta octubre pasado un superávit de 12.171 millones de dólares. El problema real es la legislación financiera y cambiaria heredada de la dictadura de Videla, del menemismo y del macrismo que permitió a las empresas pagar supuestas deudas en el exterior e importar en forma anticipada mercaderías comprándole dólares al BCRA al precio oficial
Al permisivo marco legal se suma la demora por parte de las exportadoras y los bancos en ingresar las divisas producidas por las operaciones. Hasta octubre pasado, en el Mercado Unico Libre de Cambio (MULC) habían ingresado 5 mil millones de dólares menos que las ventas al exterior registradas por la Dirección General de Aduanas y la Balanza de Pagos del Indec. Según las estadísticas oficiales, en los diez primeros meses de este año se contabilizaron exportaciones por 46.556 millones de dólares, pero solo ingresaron al MULC 41.507 millones.

Primarización.
En ese marco, el Consejo Agroindustrial Argentino (CAA) promete a cambio de estabilidad fiscal -es decir: que no le incrementen los impuestos ni le suban las retenciones por diez años- llevar las exportaciones del sector de 45.000 a 100.000 millones de dólares anuales en una década. El CAA, cabe recordar, está constituido por 57 entidades de todo el país, pero su representación la asumen el presidente de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, José Martins; el coordinador de la Mesa Nacional de las Carnes, Dardo Chiesa; el presidente de la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (CIARA) y el Centro de Exportadores de Cereales (CEC), Gustavo Idígoras; y el titular de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), Jorge Chemes.
La propuesta concreta es la primarización de la economía nacional. ¿Cuánta mano de obra demanda una tonelada de soja o de aceite? No solo genera poco trabajo, sino que además, como prioriza las ventas externas, revierte el sistema: en lugar de destinar los saldos internos a la exportación, vende en el exterior a costa de la caída del salario y del empleo de los trabajadores, lo que reduce el mercado interno. El camino elegido por los exportadores es la presión constante por una devaluación. El planteo sostiene que para frenar al dólar se deben aumentar las tasas de interés. Una combinación perversa que genera una transferencia desde los que trabajan y producen para el mercado interno en favor de las exportadoras y los bancos.

El camino es otro.
No hay necesidad de devaluar. Lo hizo Cambiemos. Entre abril y julio de 2018, el dólar casi duplicó su valor. Pasó de 20 pesos con 20 centavos a 39 pesos con 50 centavos. Por otra parte, y fundamentalmente, el rinde de nuestra pampa húmeda hace que el costo de producir sea mucho menor que el internacional. Un factor que deja a productores, acopiadores y comercializadores una renta extraordinaria. Queda claro. Cada devaluación encarece los alimentos porque es lo que básicamente exportamos, deteriorando el poder adquisitivo de salarios, jubilaciones y pensiones.
El camino es otro. De lo que se trata es de aumentar las remuneraciones por paritarias y hacer obra pública financiada con impuestos a las grandes corporaciones para generar empleo. Lo planteado en la Ley de Presupuesto Nacional 2021. El objetivo: que los salarios públicos crezcan durante el próximo año un 34,5 por ciento -una referencia para el sector privado y el resto de las administraciones públicas-, los precios un 29 por ciento y el tipo de cambio un 25 por ciento. Un sendero que impulse el mercado interno. (Extractado de Socompa).