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Un peligro para la República

La exministra de Seguridad y actual titular del PRO a nivel nacional viene ganando protagonismo mediático. Y medios no le faltan. Toda la estructura de la prensa corporativa porteña está a su disposición, y se nota. Sus frecuentes recorridas por los canales de televisión permiten verla un mismo día en distintos horarios y en casi todos los programas de noticias en donde es recibida con amplias sonrisas y sin preguntas molestas. El privilegio de representar a la derecha se nota demasiado en los medios de la derecha.
Pero también en los últimos días se divulgaron algunos informes periodísticos que la exponen a Patricia Bullrich en toda su oscuridad. Esas investigaciones fueron publicadas en el portal de noticias de El Destape y muestran la intensa actividad que desplegó al frente del Ministerio de Seguridad asumiendo un rol muy activo en la persecución a la oposición política que caracterizó al gobierno de Macri. Desde el final de la última dictadura nunca se había visto semejante despliegue de hostigamiento a sectores políticos, sociales, gremiales y económicos con encarcelamientos arbitrarios e ilegales incluidos.
Los informes periodísticos revelan, con pruebas, que Bullrich mantuvo frecuentes reuniones con los extitulares y con espías de la AFI, con fiscales que perseguían a exfuncionarios kirchneristas, con integrantes de la «mesa judicial» que funcionó en esos años, con miembros de la banda del hoy preso Marcelo D’Alessio y hasta con especialistas en denuncias estrafalarias sobre el caso Nisman.
Las reportes no son del estilo impreciso y sin fuentes a que nos tienen acostumbrados los medios de la derecha. En este caso se publicaron los documentos que muestran las frecuentes visitas que recibía Bullrich en su despacho. En una oportunidad se reunió en simultáneo con los tres fiscales que llevaban causas contra Cristina Kirchner -Stornelli, Marijuán y Rívolo- varias de ellas impulsadas por la propia Bullrich cuando era diputada. Este solo hecho muestra el nivel de promiscuidad que llegó a tener la relación entre el Poder Ejecutivo y el Judicial durante el macrismo.
¿Fue Bullrich otra pieza clave en el lawfare (la guerra jurídica y mediática) que se desplegó durante el gobierno de Macri para acosar a la oposición? Estas revelaciones indican que sus intervenciones no fueron menores. Y que, si bien en su momento no tuvieron el protagonismo rutilante de Irurzun, Bonadío, Stornelli o Garavano en el ámbito del Estado, o de periodistas como Majul, Santoro, Fantino o Lanata en el ámbito mediático, tampoco se quedó atrás.
La Gestapo macrista -un sistema de espionaje ilegal que tenía en el vértice superior al propio presidente y hacia abajo se ramificaba como un cáncer por varios órganos del Poder Ejecutivo, los tribunales, medios de comunicación, la AFI, la «mesa judicial» y el sistema carcelario- tuvo en Patricia Bullrich una operadora muy entusiasta.
Hoy, en su rol opositor, Bullrich no cuenta con el aparato gubernamental para arremeter contra sus adversarios, pero tiene a disposición otro que puede ser más eficaz a la hora de infligir daño: las mayores corporaciones mediáticas del país. Desde esos púlpitos continúa sembrando vientos sin recoger tempestades.