Un podio que no es para celebrar

La elocuencia de la estadística ha sido contundente durante el mes de diciembre: “La Pampa es el distrito del país donde más aumentaron los siniestros viales, con un 29,5 por ciento entre 2016 y 2017”. Semejante distinción ubica a nuestra provincia por encima del promedio nacional y obliga a una reflexión seria sobre las causas que producen el aumento de siniestros, con su secuela de muertos, heridos y daños materiales.
Prima facie no parece ilógico pensar que buena parte de los accidentes está fundada en que cualquier vehículo, aún los de la gama más económica, alcanza o supera los 150 kilómetros por hora, un rango de velocidad que muchos automovilistas suelen utilizar. Para peor nuestras rutas, de poco más de seis metros de ancho, no fueron diseñadas para conducir a esas velocidades, máxime cuando la circulación es intensa.
Por otra parte la ley que rige el tránsito vehicular tiene sus imprecisiones. Valga como ejemplo la creencia común de que, cuando se está por sobrepasar un ómnibus o camión (en ruta especialmente) la intermitencia de la luz de giro izquierda del vehículo mayor indica paso libre; pero es exactamente al revés: el libre paso lo indica la luz de giro derecha, que también puede indicar doblar en esa dirección, creando un riesgo cierto.
Pero también los riesgos por no respetar la prioridad de paso se incrementan en el tránsito urbano. Un fallo reciente del Superior Tribunal de Justicia de la provincia vino a ratificar un orden de circulación que no respetan muchos automovilistas y que es motivo de no pocos accidentes. La resolución cita un artículo de la Ley de Tránsito que expresa con claridad que “todo conductor debe ceder siempre el paso en las encrucijadas al que cruza desde su derecha, esa prioridad del que viene por la derecha es absoluta”. El fallo enfatiza la prioridad “absoluta”, salvo en ocasiones excepcionales que marca la misma ley y que no son comunes en el tránsito diario.
Otro factor presente en muchos siniestros es el exceso de velocidad. Es cierto que las largas rectas desérticas que abundan en las rutas de nuestra provincia son una invitación a hundir el acelerador, especialmente por parte de los turistas no habituados a atravesar estos paisajes monótonos. Años atrás se implementó una sabia medida que hoy ya no se observa: la obligada detención de los automovilistas, con someras pero efectivas indicaciones del tramo que van a atravesar.
A propósito, la menguada presencia policial en las rutas pampeanas -que es tomada por muchos como un “permiso” para cometer todo tipo de imprudencias al volante- se nota a la hora de evaluar resultados. En otras provincias, incluso en algunas linderas a la nuestra, se observa una realidad muy diferente. En ellas es muy notorio el emplazamiento de patrulleros a la vera de los caminos y se suele detener con frecuencia a los automovilistas para revisar el estado de los vehículos y, también, de los propios conductores.
No es difícil concluir que estos, y otros, factores son los que suman sus consecuencias para que las estadísticas nos abochornen por tener la provincia con mayor crecimiento de accidentes del país.