Un presupuesto que habla del gobierno

La disociación entre el discurso y los hechos es el rasgo que más sobresale de la alianza política conservadora que hoy gobierna Argentina. El macrismo, que centró su campaña electoral en denostar el denominado “relato” kirchnerista terminó haciendo lo mismo. Hoy, luego de diez meses en el poder, no puede desprenderse de aquel acto reflejo y todavía no hay anuncio o iniciativa que no esté libre de explícitas referencias al gobierno anterior. Sin embargo, de a poco, la influencia de los grandes medios de comunicación que sustentan, defienden y protegen al macrismo comienzan a ser insuficientes para ocultar que también hace uso y abuso de un “relato”, de un discurso que cada día se muestra más lejos de las acciones.
Mientras se va acercando el primer aniversario de aquel recordado debate televisivo del 15 de noviembre se suman las voces que recuerdan el cruce entre los dos candidatos y, especialmente, las promesas de quien finalmente triunfó en las elecciones del 22 de ese mes. La distancia entre aquellas arengas ante las cámaras de TV y los hechos transcurridos en diez meses de gestión se va estirando con prisa y sin pausa, exponiendo en toda su crudeza el “relato” del macrismo.
El presupuesto del año 2017 que envió el Poder Ejecutivo al Congreso es uno más de los tantos actos de gobierno que vienen marcando la profunda desconexión entre la palabra y los hechos. Aquella recordada expresión de “dejar lo que está bien y corregir lo que está mal”, patentiza como pocas el desfasaje. Los recortes presupuestarios en salud, educación y ciencia y tecnología -entre otros- aparecen en el nuevo presupuesto como una marca a fuego de lo que la alianza Cambiemos entiende por la política.
En su campaña electoral, el actual presidente había prometido elevar al 1,5% del presupuesto los recursos destinados al desarrollo científico, sin embargo en el proyecto elevado al Congreso se hace exactamente lo contrario: un achique del 0,71 al 0,59%, lo cual implica una reducción de unos 1.200 a 800 millones de pesos. Infinidad de voces, y hasta el propio titular del Ministerio de Ciencia -organismo creado por el hoy aborrecido kirchnerismo- se han levantado para alertar sobre las consecuencias negativas que tendrá el achique presupuestario. Destacados científicos, entre ellos el notable divulgador Adrián Paenza, se dirigieron al Congreso para advertir que semejante hachazo de recursos “pone en riesgo los logros de la última década y atenta contra cualquier política de desarrollo económico soberano”. Desde las universidades públicas, el Conicet, el INTA, el Senasa y otros organismos se vienen levantando fuertes críticas a los ajustes presupuestarios porque van a afectar severamente sus actividades en el campo de la investigación, la tecnología y la docencia.
Otra de las áreas extremadamente sensibles, la salud pública, despierta preocupación por el achique de partidas destinadas a programas materno-infantiles, previsión de medicamentos, infraestructura, etc. Como contrapartida, el presupuesto 2017 registra un aumento desmesurado, un 32% más, para afrontar el mayor endeudamiento externo que reinició el gobierno con entusiasmo impar.

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