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Un reclamo razonable, capitalizado por un proyecto desestabilizador

RAYADOS

Lo que ocurre en Formosa combina elementos disímiles. Por un lado, las fuerzas políticas procuran capitalizar con vistas al proceso electoral, que culminará con las elecciones de medio término dentro del próximo semestre, mientras que por el otro reflejan los efectos económicos, sociales y psicológicos del aislamiento.

Por Horacio Verbitsky

Los episodios de Formosa y Chubut y su proyección nacional combinan elementos disímiles, que las fuerzas políticas procuran capitalizar, con vistas al proceso electoral que culminará con las elecciones de medio término dentro del próximo semestre. En Formosa, reflejan los efectos económicos, sociales y psicológicos del aislamiento debido al regreso por dos semanas a la fase 1 ante el incremento de casos de Covid-19, índice que en Formosa es el más bajo del país. Y también manifiestan la tensión con un gobernante que lleva un tercio de siglo a cargo del Poder Ejecutivo, ocho años como vice y 25 como titular del gobierno. La reforma constitucional que permitió la reelección indefinida del gobernador también definió la salud como un derecho y la atención primaria como modalidad central. En Chubut, existe una masiva oposición al proyecto de megaminería a cielo abierto del gobernador Mariano Arcioni. El Presidente Alberto Fernández visitó la provincia debido a los incendios forestales y anunció obras e inversiones para aliviar a quienes los padecieron. Cuando lo consultarron acerca del mar de fondo por la otra cuestión, dijo que era un problema provincial que debía resolverse en Chubut. Pero sin un dispositivo protector como los que acompañaban cada desplazamiento de Néstor Kirchner cuando Alberto era su jefe de gabinete, que incluía a las organizaciones militantes, a la secretaría general de la presidencia (entonces a cargo de Oscar Parrilli), a la Casa Militar de la Presidencia y a un encargado de la relación con los intendentes, quedó sometido a una agresión cuyos autores no son reconocidos como propios por los militantes ambientalistas.
El 24 de enero, El Cohete informó sobre la tensa situación en Chubut, donde el repudio al gobernador Arcioni es masivo y profundo.
Pero nada de eso justifica la desprotección presidencial, cuando es ostensible la existencia de un operativo desestabilizador, en las franjas azules de la camiseta de Boca que representa el mapa electoral argentino. Los repudios de la primera línea de PRO (hasta el cierre de esta nota, con la excepción de su presidenta), no alteran esta ecuación.

Reclamos.

Se superponen en Formosa reclamos legítimos, similares a los que ocurren en otros lugares del país y del mundo, como la necesidad de trabajar para empresas y profesionales que de otro modo no pueden subsistir, con instigaciones interesadas contra una provincia que en los últimos meses ha puesto límites al contrabando de cereales y oleaginosas hacia Paraguay, desde donde se exportan sin pagar las retenciones que rigen en la Argentina.
Nada es lineal en Formosa y muchas afirmaciones merecen un pero o un sin embargo. Desde 1995, el veterinario Gildo Insfrán se impone en las elecciones con porcentajes que han ido de los dos tercios a las tres cuartas partes de los votos. Durante ese lapso la provincia realizó una fuerte inversión en infraestructura, con recursos aportados en buena medida por el gobierno nacional, que incluye rutas, hospitales y escuelas, plantas potabilizadoras de agua, redes de transporte de energía. Pero esto ha ido acompañado por una dura represión contra toda protesta social y un ensañamiento contra las comunidades originarias. A su vez, uno de los líderes indígenas, el pastor mormón Félix Díaz, se lanzó de lleno a la acción política con la alianza Juntos por el Cambio y se reunió varias veces con su ex jefe, Maurizio Macrì.
Insfrán comenzó su militancia juvenil en el maoísta Partido Comunista Revolucionario, y ya desde el justicialismo ha mantenido lazos cordiales con la República Popular China, pero sus opositores prefieren compararlo con el difunto dictador paraguayo Alfredo Stroessner.
No es un recurso muy feliz: Paraguay y las provincias limítrofes, Chaco y Salta, baten récords en cuanto a contagios de Covid-19, y las restricciones dispuestas por Insfrán procuran aislar a Formosa de esos focos, por no hablar de la proximidad de Brasil, donde la circulación comunitaria de la mutación Manaos del virus pone en riesgo a toda la región, según acaba de advertir la Organización Mundial de la Salud.

Prevención temprana y gratuidad.

En un despacho de la agencia Paco Urondo, el periodista formoseño Alejandro Crivisqui afirmó que en el sistema de salud provincial lo público supera a lo privado y la gratuidad no es una utopía. La clave es «la prevención temprana, con brigadas de salud comunitaria» que recorren los barrios y analizan con los vecinos sus necesidades, de agua, cloacas, veredas, etc. «Todo es salud. El sistema suma y fortifica la formación de los profesionales médicos y enfermeros con los saberes de las Doñas, de las mujeres campesinas y de los ancestrales pueblos originarios, aprendiendo a identificar hasta las plantas curativas en sus jardines». Cada barrio cuenta con una sala de salud, donde el paciente recibe sus remedios gratuitos. La provincia también cuenta con un laboratorio de remedios genéricos, que aprovisiona a todos los centros de la red de salud y con una planta fabril de confección de camisolines, barbijos, etc. Además de las salas barriales, el sistema público comprende hospitales distritales, uno central de alta complejidad, un hospital odontológico gratuito, un hospital materno infantil y un hospital monovalente, solo para pacientes con Covid, pionero en el uso del plasma humano y suero equino.

De Trump al fuego.

El profesor de filosofía y derechos humanos Juan Lenscak, opositor dentro de la interna del justicialismo, dijo que Insfrán «no es lo mejor del peronismo, pero lo que viene es lo peor. La provincia sufre una embestida de algunos sectores de la política nacional que copian métodos de otros países. Los que están detrás de las protestas de las últimas horas son personas que responden a Javier Milei, libertarios que pretenden emular lo que sucedió en el Capitolio con Trump. Acá llamaron a quemar la Casa de Gobierno. A esto hay que sumarle lo más recalcitrante de la UCR y del PRO, más toda una parte del peronismo que se sumó a Cambiemos. Sobre esa estrategia se monta la oposición para erosionar al gobierno de Alberto Fernández. No les importaron los 30.000 desaparecidos, tampoco lo que sucede realmente en la provincia». Hoy agrega que Formosa «es un espejo en el que pueden mirarse y con envidia muchas provincias argentinas: no tiene deudas en dólares, paga sueldos a término, anuncia y otorga aumentos para estatales, cuenta con fibra óptica en toda su vasta geografía, y ha mejorado el índice de mortalidad infantil en pueblos originarios del oeste superando la media provincial en crecimiento demográfico en aquellos alejados departamentos. No solo eso, es una provincia productora de hidrocarburos, ganadera con más del doble de cabezas de ganado por habitante que el promedio nacional, con una superficie boscosa que sextuplica la media nacional y un tráfico fronterizo internacional envidiable por su volumen». Para el centralismo porteño, la provincia tiene «el pecado original de estar gobernada desde el inicio de la democracia por el nazi-nipo-fasci-falangismo peronista. Ese ‘hecho maldito’ para la economía y política argentina que mantiene estatizado el puerto provincial cuando la mayoría de los demás puertos sobre la hidrovía Paraguay-Paraná son privados; ese ‘aluvión zoológico’ que arrasa en todos los procesos electorales, y no respeta la alternancia civilizada de los países explotadores; esa ‘chusma iletrada’ que consiguió durante su gobierno la creciente profesionalización hasta de jóvenes aborígenes… este fenómeno político e ideológico de masas, es considerado un pésimo ejemplo para el país, ya acostumbrado a creer que el mercantilismo de las corporaciones privadas de escrúpulos sea la solución a los problemas comunes».
Una versión que circuló en las redes afirmaba que entre los detenidos por la policía hubo tres docenas de jóvenes llegados de otras provincias, pero se trató de una noticia falsa, desmentida desde los gobiernos provincial y nacional. Lo que sí fue verdadero es la convocatoria por Instagram a tomar la Casa de Gobierno y prenderle fuego, para «ponerle un alto a toda esta mierda y crear una nueva Formosa, libre de estos hijos de perra». La convocatoria fue grabada por un usuario que se identifica como EfTivi. Se refiere a Formosa como «la Bielorrusia del Norte». Su alegada ideología libertaria no está exenta de machismo. «Doy la cara jamás le entregué el orto a nadie, sólo me hice yo. Jamás le pedí nada al gobierno, soy independiente», dice. También se burla de Cristina, quien alega que le da órdenes a Gildo. Su tono hacia el Presidente Alberto Fernández es despectivo y propone darle «una patada en el ojete».
Fue uno de los detenidos cuando trataba de cumplir con su amenaza, pero pocas horas después recuperó la libertad. En una entrevista admitió lo que era imposible de negar de su arenga para prender fuego a la gobernación. EfTivi es el nombre de su club social. Su nombre es Iván Tymczyszyn. Afirma haber trabajado como ejecutivo de ventas internacionales en Goodyear y como control de puerta de ingreso al Enjoy Casino & Resort de Antofagasta, ambos en Chile (actividades de difícil compatibilidad), y se jacta de organizar fiestas clandestinas, en las que la demostración de libertad que promueve es que las chicas se emborrachen e intenten decir Tres Tristes Tigres en un Trigal, como se aprecia en esta serie de videos caseros.
Las objeciones de Tymczyszyn a las conducciones provinciales de la UCR (el abogado Martín Hernández) y el PRO (diputado provincial Quique Ramírez), no se extienden a la dirección nacional, que acudió en apoyo de la revuelta:
– Patricia Bullrich, quien se disfrazó de presidiaria, para sugerir que Formosa era una cárcel,
– su adlátere en los viajes a Israel para la adquisición de material de inteligencia y seguridad, Waldo Wolff, y
– Ricardo Buryaile, directivo de Confederaciones Rurales que en 2008 declaró que si el Congreso ratificaba las retenciones dispuestas por la resolución 125 debería ser disuelto. Ante los cuestionamientos, el terrateniente formoseño pretendió que había sido sacado de contexto en forma maliciosa. «Quise decir que, si el Congreso actúa como una escribanía del gobierno, lo mejor sería cerrarlo», creyó aclarar. Disuelto no, cerrado. La democracia sigue siendo el gobierno de los democráticos.
No eligieron cualquier lugar para el acto, sino la ciudad de Clorinda, río de por medio con el Paraguay, cuyo Presidente Mario Abdo Benítez está jaqueado por manifestaciones reclamando por el alto número de contagios y muertes y por la falta de vacunas. Benítez pidió a su colega argentino Alberto Fernández que gestionara la llegada a Asunción de la vacuna Sinopharm, una pretensión inviable, dado que Paraguay es uno de los pocos países del mundo, y el único de Sudamérica, que reconoce a Taiwan, algo que Beijing sanciona.
Abrir la frontera y reconectar a Clorinda con Asunción (apenas 39 kilómetros de distancia por la ruta Transchaco) es la manera más segura de echar abajo todos los cuidados sanitarios que hasta ahora han preservado a Formosa como un caso único en el país. Esta semana Formosa tenía 3 muertos por cada 100.000 habitantes, Corrientes 27, Chaco 73, Salta 80, Misiones 160, Paraguay 4.870 y Brasil 12.930. Son datos tan o más duros que la policía provincial.
No sólo organismos defensores de los derechos humanos, el secretario nacional de derechos humanos Horacio Pietragalla y el Presidente Alberto Fernández repudiaron la represión.
Incluso dentro del gabinete de Insfrán hubo malestar por lo desproporcionado del gaseo y el tiroteo sobre los manifestantes. La oposición se aferró al episodio y uno de sus jefes, Horacio Rodríguez Larreta, faltó a la firma de un Acuerdo Federal para una Argentina Unida contra la Violencia de Género para no cruzarse con Insfrán, como si el formoseño fuera contagioso y la policía porteña respetuosa de los manifestantes, cosa desmentida cada vez que le toca actuar ante movilizaciones.
Como era de prever, los medios comerciales que impulsan la desestabilización del gobierno nacional le dieron a los hechos de Formosa y de Clorinda un destaque jubiloso. No hicieron lo mismo con la represión también severa de la policía de Jujuy contra residentes de Campo Verde, que objetan que se cubra de cemento el campo de deportes que permite la recreación de los habitantes de cinco barrios aledaños, y señalaron otros lugares más apropiados para levantar una escuela secundaria, a la que no se oponen. En un discurso rabioso, Morales los tildó de negros ignorantes.
Tampoco investigaron los detalles del accidente del ministro de salud del gobierno cambiemita de Corrientes, que llevaba 900 vacunas como si fueran de su propiedad. Lo que no pudieron ocultar fue el maltrato a los mayores de 80 años, expuestos a la lluvia o al rayo del sol en tres grandes centros de vacunación porteños, no aptos para ese fin.
Insfrán tiene un intenso trabajo político sobre el territorio, que avala sus números electorales, pero es nulo en el espacio virtual de las redes, y deficiente en la comunicación oficial. Por eso es difícil encontrar imágenes que avalen el intento de llevar a la práctica la amenaza de Tymczyszyn. A lo sumo puede verse a pocos manifestantes lanzando huevos o pateando el escudo de uno de los policías formados en cordón. Nada que no haya ocurrido y en mayor escala en Córdoba, Tucumán o la Ciudad Autónoma.

Discurso del método.

La referencia a métodos de otros países, tanto en la descripción de Lenscak como cuando EfTivi se refiere a Formosa como «la Bielorrusia del Norte», es inequívoca, aunque también hay antecedentes locales, como el derrumbe del imperio Saadi en Catamarca en 1991, el santiagazo de 1993, o las movilizaciones que entre 1990 y 1998 motivaron la renuncia de cuatro gobernadores en Jujuy. Comenzaba recién entonces la televisión por cable y las señales de noticias, que nacionalizaron los conflictos locales. Pero esos acontecimientos también tenían resonancias de las grandes movilizaciones de las décadas de 1960 y 1970, como el Cordobazo, el Tucumanazo y el Mendozazo, que fueron parte de una lucha política general, que concluyó con el regreso a la Argentina de Juan D. Perón.
Recién en la segunda década de este siglo, con los teléfonos inteligentes, la Internet móvil y las redes sociales, las revueltas se generalizan y alcanzan una dimensión planetaria. La denominada «Primavera árabe» comenzó en diciembre de 2010 en Túnez, se profundizó en 2011 en Egipto y se propagó hacia Bahrein, Libia, Siria y Yemen, con ramalazos en Argelia, Omán y Líbano. El caso más conocido es el de Khaled Said, un muchacho secuestrado en un cibercafé de El Cairo y muerto a golpes por la policía del general Hosni Mubarak, que estaba por cumplir 30 años como presidente absoluto.
Un ejecutivo egipcio de Google creó la página de Facebook Todos Somos Khaled Said, con una foto del cadáver, deformado a golpes por sus captores. En los primeros dos minutos la página obtuvo 300 amigos, que pronto llegaron a centenares de miles. Los tuits reclamando cambios fueron millones, pronto desbordaron de las pantallas a las calles y forzaron la renuncia de Mubarak.
En 2016, Amnistía Internacional trazó un balance de la Primavera Árabe, país por país. Su sombría conclusión fue que vetustas dictaduras fueron desplazadas no en beneficio de la democracia y la libertad, como anhelaban los manifestantes en las calles, sino por renovadas estructuras totalitarias, con un altísimo costo en vidas humanas y violación de derechos.
Luego de un interregno de un año, en el que fue electo Presidente de Egipto el ingeniero Mohamed Morsi, el jefe del Ejército, general Abdelfatah El Sisi, lo derrocó y reprimió a los manifestantes causando centenares de muertes. Allí como aquí, la contradicción se agudiza cuando los democráticos pierden en las urnas. Morsi contaba con el apoyo de la Hermandad Musulmana, un grupo islamita de casi un siglo de antigüedad, inadmisible para las pautas occidentales. Formado en academias militares de Gran Bretaña y Estados Unidos, El Sisi, quien es 26 años más joven que Mubarak, gobierna desde 2014 y su credo no es el Corán sino las políticas de austeridad prescriptas por el FMI. En los últimos meses de su presidencia, Donald Trump patrocinó el establecimiento de relaciones diplomáticas de Bahréin y los Emiratos Árabes con Israel, completando una parábola, que no habla de democracia sino de geopolítica.
Lo que no hay en el documento de Amnistía Internacional es una sola referencia a la política de cambio de régimen en el mundo árabe lanzada por George W.Bush como parte de su denominada «guerra al terrorismo» ni a sus antecedentes con las denominadas intervenciones humanitarias que el Presidente de Estados Unidos Bill Clinton y el Primer Ministro Británico Tony Blair desataron sobre el cambio de siglo en diversos países europeos que habían formado parte del disuelto bloque soviético. Esto incluyó bombardeos sobre Serbia que acabaron con el gobierno criminal de Slobodan Milo_eviæ, quien murió en cautiverio en 2006, mientras era juzgado en la Haya por el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoeslavia. La primera justificación para la invasión a Irak en 2003 fue que poseía «armas de destrucción masiva». Cuando se demostró que no era cierto, el discurso viró hacia llevar la democracia a la región. El Presidente Saddam Hussein fue detenido por las tropas de ocupación y, luego de una condena por Crímenes de Lesa Humanidad, ahorcado ante las cámaras.

El color de la desestabilización.

El capítulo siguiente fueron las denominadas Revoluciones de Colores: Rosa en Georgia en 2003, Naranja en Ucrania en 2004, de los Tulipanes en Kirgistán en 2005, Blanca en Bielorrusia en 2006, de los paraguas en Hong Kong en 2014 y de las guarimbas a partir del mismo año en Venezuela.
El sucesor de Bush, Barack Obama, continuó la política intervencionista, con apoyo político y militar a las guerras civiles en Libia y Siria, que incluyeron el asesinato y profanación del cadáver de Muhammar Khadafy, al mismo tiempo del relevo de Mubarak en Egipto, todo lo cual provocó una crisis humanitaria que se reflejó en el flujo de millones de refugiados a Europa, que los rechaza en forma violenta.
El inspirador de buena parte de las revoluciones de colores fue el académico estadounidense Gene Sharp, quien a sus 25 años escribió el libro Gandhi empuña el arma del poder moral, que fue prologado por Albert Einstein, con quien compartía el temor por el posible uso de las armas nucleares. Lo amplió en 1979, con el título Gandhi como estratega político, y esta vez lo prologó Coretta, la viuda de Martin Luther King. Durante la guerra de Corea, Sharp se negó al reclutamiento, por lo cual pasó casi un año en prisión. En 1973 publicó el libro La política de la acción no violenta, en el que enumera 198 posibles acciones para derribar al adversario sin violencia. Su argumento central es que cualquier poder se desvanece si los ciudadanos deciden desobedecerlo, y sugiere cómo lograrlo.

En el nombre de Einstein.

En noviembre de 2019, El Cohete publicó un artículo del académico calabrés Rocco Carbone sobre la teoría política de los colores, que podés leer aquí, en el que se refiere al «militar y politólogo estadounidense Gene Sharp», cuyo último libro, De la dictadura a la democracia, «ha sido el material más difundido por quienes asimilan democracia (únicamente) con neoliberalismo, y asocian toda forma de promoción de Estado de Bienestar con dictadura». Esto dio lugar a algunas polémicas, a partir del error de asignar a Sharp un grado castrense que nunca tuvo. También Thierry Meyssan, de la red Voltaire, vinculó en 2005 a Sharp y a la Institución Albert Einstein, que presidía, con la OTAN y la CIA. En la respuesta en la que negó esos cargos, Sharp dijo que la acción no violenta que propicia es una técnica que usa métodos psicológicos, sociales, económicos y políticos. «Ha sido utilizada para una variedad de objetivos, buenos y malos, tanto para cambiar gobiernos como para sostenerlos contra ciertos ataques». Si te interesa profundizar el tema, aquí podés leer la obra de Sharp, que apenas pasa de las 100 páginas.
Las intenciones del académico, que murió a sus 90 años en 2018, son lo menos importante y es cierto que además del cuchillo hay que ver para qué se lo emplea. Es indiscutible que sus estudios fueron utilizados por los organismos de inteligencia de Estados Unidos en los procesos de cambio de regimen impulsados en Europa, África, Asia y América. El comunista italiano Gillo Pontecorvo filmó en 1966 La batalla de Argelia, en apoyo de los movimientos de liberación nacional que padecían la brutal represión colonial. Pero su película fue utilizada por los militares y los marinos argentinos para entrenar a sus tropas en las técnicas de la tortura y la desaparición forzada de personas, y de nuevo por los estadounidenses para sus invasiones de Irak y Afganistán.
Los banderazos que desde el año pasado intentaron jaquear al gobierno nacional de Alberto y Cristina en fechas patrias (25 de mayo, 20 de junio, 9 de julio), la algarada policial frente a las residencias del gobernador de Buenos Aires y del Presidente Fernández en septiembre, se inscriben en esa lógica, lo mismo que las causas por corrupción contra CFK, y la ley del arrepentido, que los programas de capacitación judicial de Estados Unidos lograron injertar en el sistema argentino, y que acaba de tener un revés demoledor en Brasil, con la anulación de todos los procesos a Lula.
Uno de los participantes en los últimos acontecimientos de Formosa es Yamil Santoro. En 2013 organizó los primeros caceroleos contra Cristina, y junto con Luciano Bugallo viajó a Brasil con todos los gastos pagos por la Task Force Argentina financiada por los fondos buitre, que habían amenazado al gobierno de entonces con una ofensiva de enmerdamiento si no pagaba las sumas disparatadas que le exigían por papeles comprados por monedas después del default de 2002. Financista de esa TFA era Sheldon Adelson, el multimillonario magnate del juego en Las Vegas, que aportó a las campañas de Beniamin Netanyahu en Israel y Donald Trump en Estados Unidos, y que entre octubre de 2010 y agosto de 2014 le pagó 282.000 dólares al entonces fiscal general argentino Natalio A. Nisman, el acusador de Cristina.
Santoro era parte entonces del partido de Patricia Bullrich, Unión por Todos, luego fundido en el PRO, y Bugallo de la Coalición Cívica Libertadora de Elisa Carrió.
Cuando Perfil reveló el contacto en San Pablo, Bullrich puso «el grito en el cielo. De ninguna manera avalamos ningún tipo de financiamiento que no sea transparente», dijo. Bugallo es diputado bonaerense y en enero del año pasado organizó los primeros tractorazos contra las retenciones. En el informe preparado en 2018 para Sergio Massa por la diputada barrionuevera Graciela Camaño, Bugallo figura como uno de los organizadores del sistema de trolls de Marcos Peña Braun.

La camiseta de Boca.

En las elecciones de 2019 Alberto Fernández se impuso en el Gran Norte y en el Sur, mientras Maurizio Macrì obtuvo ventaja en la Ciudad Autónoma, Entre Ríos, Santa Fe, Córdoba, San Luis y Mendoza. El mapa electoral resultante se representa con la camiseta de Boca Juniors.
Expandir la franja amarilla hacia arriba y hacia abajo es el objetivo estratégico del bando neoliberal. Luego de Formosa podrá ser el turno de Santiago del Estero, la otra provincia donde las diferencias porcentuales entre gobierno y oposición son abrumadoras. Gerardo Zamora o su esposa Claudia Ledesma Abdala fueron electos para la gobernación a partir de 2005 con porcentajes que van del 46,5% al 85% de los votos. Hacia el sur, la meta es Santa Cruz. Ya en 2017 hubo un intento de tomar la Casa de Gobierno, donde sólo estaban la gobernadora Alicia Kirchner, la ex Presidenta CFK y su nieta Helenita. Los movileros de TN (entre ellos un contratado por la SIDE) indicaban a los manifestantes cuándo gritar. La cobertura mediática se centró en la represión policial. El Presidente Fernández fue agredido ayer en Chubut, un eslabón débil en la cadena azul, por la desastrosa gestión del gobernador Arcioni. Fue la primera provincia que entró en default, mantuvo un interminable conflicto con los docentes y se negó a escuchar el veto social a sus proyectos de megaminería a cielo abierto.
Luego de la provocación en Clorinda, Patricia Bullrich enfiló hacia Calafate. Como si sus 16.000 habitantes fueran un gran mercado consumidor de libros, la pistolera preferida de Clarín y La Nación, que olvidaron su pasado, viajó 2.700 kilómetros para presentar allí su libro reivindicatorio de la violencia institucional, Guerra sin cuartel, y naturalmente no se privó de filmar un video trepada a la tapia de entrada del hotel Alto Calafate, que declaró «emblema de la corrupción», aunque ningún fallo judicial ha probado esa hipótesis.
Entre una excursión y otra a los extremos del país, pasó por la franja amarilla para contar que el mejor programa de vacunación que concibe es que «cada uno la compre», sin intervención estatal, lo cual contradice la ley promulgada durante su gobierno. Hasta el complaciente interrogador atinó a oponer:-El que puede.