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Un recuerdo para el doctor Sigalevich

TRIBUNA DEL LECTOR

SEÑOR DIRECTOR:
El sábado 17 de agosto abrí el diario y leí una participación que me hizo llorar. Había fallecido el doctor Oscar Sigalevich. Qué inmensa tristeza.
Un médico que enalteció la medicina por su sapiencia, su dedicación, su forma didáctica de explicar las dolencias. Tomaba las radiografías y las ponía sobre la pared y te iba explicando todo lo que te estaba pasando. Una persona amable, dispuesta siempre a ayudar, a decirte las dolencias de la manera menos chocante.
Un médico de pueblo, oriundo de Victorica, que tenía que conocer todas las enfermedades que se le presentaban a diario. Una persona que madrugaba todos los días para seguir estudiando y actualizarse en su profesión.
Un médico como pocos, sólo recuerdo uno o dos que hayan sido como él. Humilde, de buenos modales, culto y con un trato amable.
Cuando vivíamos en Victorica, un día, estando yo embarazada y como no sentía que el bebé se moviera fuimos con mi marido al consultorio. Ni bien le explico me pone el estetoscopio sobre mi panza y comienzo a escuchar los latidos del corazón de mi hijo mayor. Fue en el año 1977.
Se me caían las lágrimas de alegría y a la vez pensaba que eso lo iba a recordar toda mi vida.
En otra oportunidad, mi salud estaba en riesgo de muerte y yo no lo sabía. Era el año 2007, ese día de intenso dolor me tiré en la cama y no podía levantarme, no sabía qué me pasaba. En ese momento le dije a mi marido que me lleve a lo de Sigalevich, que él me iba a decir lo que yo tenía. Ni bien vio mi estado y los síntomas que tenía, nos dice que podría ser una pancreatitis, y nos envía de forma urgente a un reconocido centro de diagnóstico de imágenes. En ese estudio se revela que una piedrita había entrado en el colédoco y que eso habría provocado la pancreatitis. Estaba muy grave, pero hasta ese momento yo aún no había tomado conciencia. Ni bien regresamos con los resultados al consultorio, nos dice que nos dirijamos de forma urgente al sanatorio, que él iba detrás nuestro; él mismo se tomo el trabajo de buscar a los profesionales. Al verme, el cirujano me pregunta: «¿sabías que corrés riesgo de muerte?». En ese momento comprendí que gracias a la celeridad y urgencia con la que el doctor Sigalevich procedió salvó mi vida. No todos actúan de esa manera tan solidaria, cumpliendo con el juramento hipocrático y que lo hacía porque él era un médico dedicado a salvar vidas.
Por todo lo expuesto, vaya para él una despedida con mucha tristeza, nuestro querido doctor Oscar Sigalevich.
Un párrafo aparte para «Chela», su esposa y secretaria, su mano derecha, quien siempre le solucionaba todo el papelerío. Ella, al igual que el doctor, siempre fue más que amable y atenta, solucionando cualquier problema de sus pacientes, tuviera que ver con el consultorio o no. Una secretaria eficiente, que lo apoyó siempre en todo para que las cosas se solucionaran lo más rápido posible.
Para finalizar, ruego una oración para este grandísimo doctor, un médico de la «hostia» que con su ejemplo demostró realmente lo que es ser médico por vocación.
Sugiero, como una humilde opinión, que una calle de Santa Rosa debería llevar su nombre en reconocimiento a su labor y dedicación como médico destacado de nuestra ciudad.

Martha A. Rodríguez Ibarguren
DNI: 6.353.092