Inicio Opinion Un río empobrecido que expulsa regantes

Un río empobrecido que expulsa regantes

La invocación a las potencias divinas por parte de uno de los regantes del valle inferior del río Colorado -«Ojalá el clima tenga un vuelco considerable, se corte la profunda sequía y el panorama cambie totalmente»- tiene un motivo claro: la escasez de agua para riego en la zona.
Reducida o directamente frustrada la producción agrícola de estos años los regantes bonaerenses se ven enfrentados a una situación inédita, con muy graves consecuencias más allá de la escasez hídrica. Mayores nevadas en la alta cuenca del Colorado podrían ser la solución de este serio problema o, al menos, atenuarlo pero los pronósticos climáticos no son alentadores; la reserva de agua del embalse Casa de Piedra -el reaseguro del riego en el valle inferior- está muy por debajo de los valores necesarios y la recuperación viene muy lenta.
Al indagar sobre las causas que llevaron a esta situación surge que la disminución de caudales del río es la más importante, pero con un detalle: la bajante se venía registrando desde hace una década, pero los usuarios en general y los dirigentes que deben considerar la cuenca como una unidad sistémica no parecieron reaccionar a tiempo en consonancia con la gravedad de la circunstancia. De hecho, las reiteradas advertencias formuladas por La Pampa ante la riesgosa concepción y administración del futuro embalse de Portezuelo del Viento por parte de Mendoza, fue minimizada por las otras provincias integrantes de la cuenca hasta fecha reciente, cuando las circunstancias tornaron insostenible la indiferencia. Además el planteo y desarrollo de los acontecimientos desde hace mucho tiempo insinúan que para los regantes del valle inferior (al menos para los dirigentes de las entidades corporativas) no importaba demasiado el concepto de unidad de cuenca.
En una reunión entre productores y técnicos pampeanos realizada en Pedro Luro se llegó a ignorar la integralidad de la cuenca Desaguadero-Salado-Chadileuvú-Curacó, con una excepción: cuando escurre el último de los ríos del sistema y, ciertamente, amenaza con salinizar el Colorado. Entre las consideraciones planteadas se llegó al absurdo de proponer una «invasión» a La Pampa para proceder al cierre manu militari del denominado Tapón de Alonso. Curiosamente, o no tanto, algunos productores reclamaron el trasvase del río Negro al Colorado, previsto en el tratado entre las cinco provincias y Nación, el cual hasta ahora sigue en una nebulosa.
Tantas indefiniciones eclosionaron ahora en un hecho muy negativo para la zona: comenzó a registrarse un gran éxodo de colonos hacia el valle del río Negro. Las motivaciones son obvias: posibilidad de acceso a la tierra y abastecimiento seguro de agua para riego. El despoblamiento del valle inferior es un hecho muy grave que debería merecer la inmediata atención del gobierno de la provincia de Buenos Aires.
Ahora más que nunca, y hasta que se supere la caída de los caudales del Colorado, tendría que primar el concepto de aprovechamiento armónico en toda la extensión del río, dejando para un futuro más promisorio las posibilidades de expansión en aras de los sistemas ya existente. El mantenimiento de la idea de unidad de cuenca es fundamental en este tiempo de estrecheces.