Un viejo problema

El reciente ataque de un perro contra un niño de pocos años plantea un imperativo: ¿puede la sociedad tolerar la convivencia con animales de esta condición y sin mayores salvaguardas? La pregunta, que es válida para toda la provincia y aún para el país, se impone ante la repetición de casos, y desde hace varios años. No se trata de combatir a quien se tiene por “el mejor amigo del ser humano”, pero cuando en esas mascotas hay un peligro latente la perspectiva cambia.
El animal que en este caso atacó a un niño es un Pitbull, es decir, pertenece a una raza conocida por su fortaleza y agresividad y que ha protagonizado otros hechos similares. La misma prevención le cabe a otra variedad de perros como el Dogo Argentino animal que, como se sabe, es el producto de modificaciones genéticas específicamente buscadas para lograr individuos aptos para la caza. Se caracterizan por su mansedumbre con los humanos pero no son pocos los casos en que, inexplicablemente, han atacado a personas con ferocidad. Estas actitudes agresivas de ciertas variedades de perros han dado lugar también a enojosos episodios en la vía pública que en ocasiones han derivado en peleas entre vecinos.
El censo canino anunciado por la Municipalidad de Santa Rosa, próximo a iniciarse, parece un buen comienzo para abordar este problema y no estaría mal que se lo extienda a todo el territorio provincial. Saber cuántos animales potencialmente peligrosos hay, donde están y en qué estado se los mantiene aparece como una necesaria medida de prevención.