Un caso doloroso y otro como ejemplo

Hace algunos días la sociedad pampeana se vio sacudida por un hecho singular y doloroso: una persona autorizada para llevar y portar armas, militar de profesión, mató de varios disparos de su pistola reglamentaria a un perro que había entrado en el gallinero de su casa. La noticia no informaba si hubo un ataque del animal a la persona que justificara ese proceder o si el can estaba depredando el nidal pero dio cuenta, indudablemente, de un exceso y una falta de equilibrio ante una situación que podría haberse manejado de otra manera. El caso se ve potenciado especialmente porque su protagonista proviene de una institución de muy triste memoria en el uso de las armas que les entrega el Estado.
Al margen de la penalización que la institución deberá ejercer sobre ese exceso, tan atípica y violenta muerte en un perro es francamente de lamentar, especialmente cuando se la compara con el respeto y el reconocimiento que la sociedad en general tiene para con esos animales, actitud que se ve potenciada en otras latitudes.
Es que por los mismos días en que el irascible vecino toayense ejercía a tiros su defensa de la propiedad privada contra un perro, el pueblo griego rendía homenaje -literalmente- en su capital, Atenas, a uno de esos animales. Se llamaba Lukánicos -“salchicha”, en griego- y fue uno de los protagonistas de las protestas que el férreo ajuste neoliberal provocó en aquel país entre 2010 y 2012.
Su singular protagonismo, se vio en multitud de fotografías que recorrieron el mundo, en el que iba acompañando a los manifestantes, manteniendo a raya a la policía e incluso alejando las bombas de gas lacrimógeno que aquella les arrojaba. En una actitud cuanto menos curiosa, cuando comenzaron las movilizaciones contra el programa económico , Lukánicos se puso de lado de los ciudadanos. Desde 2008 el perro, un mestizo de color canela, vivía en la plaza Syntagma de Atenas, donde se encuentra el Parlamento griego. En su actitud manifestaba que no le gustaban esos hombres uniformados.
El perro se convirtió en un símbolo de las revueltas. Su actuación fue tan insólita y trascendente que hasta la revista norteamericana Time, al considerar los sucesos y personajes correspondientes a aquellos años, incluyó un apartado especial dedicado a este perro, bajo el nombre “The Riot Dog”, algo así como “el perro manifestante”.
La singular conducta del animal le dio rápida fama, al punto de que, al margen de algún poema en su homenaje, hay en Internet una canción con su nombre, además de un video. En Madrid, un bar del populoso barrio de Lavapiés, hay un bar que lleva su nombre.En 2012, Lukánicos tuvo que retirarse de las manifestaciones aquejado por diferentes problemas. Desde entonces habitaba la casa de una familia ateniense. Aunque la fecha exacta de la muerte se desconoce, hace algunos días el periodismo griego dio a conocer el final del famoso perro, a los diez años de edad y por causa de un fallo cardíaco. El animal sufría problemas respiratorios por la inhalación de los gases lacrimógenos arrojados durante las protestas, además de otras dolencias resultado de los golpes que había recibido de los uniformados.