Un mundo que tiende a modificar su estructura

Señor Director:
Quienes pueden seguir atentamente nuestro conflicto con los fondos buitre, sin dejarse cegar por preconceptos ni banderías, tienen oportunidad de visualizar la realidad de nuestra pertenencia a un mundo cada vez más integrado y menos aldeano.
No digo aldeano como menosprecio sino como una referencia a la situación que dejamos atrás: la de una ecúmene que desde la diáspora inicial desde el sur de África fue generando sitios de permanencia que no tenían posibilidad de relacionarse porque las distancias eran una valla muy fuerte. Las grandes culturas de China, India, Egipto y Grecia (y las americanas, azteca, maya, inca) se desarrollaron dentro de un ámbito limitado, aunque los contactos iban aumentando. Roma, desde una base inicial agrícola, desarrolló su cultura favorecida por su relación real con los grandes centros culturales del Mediterráneo y sus proximidades. Y los helenos, con Alejandro, ya habían dado comienzo a la interpenetración cultural en mayor escala.
Si bien la historia no puede agotarse con el estudio de los sucesivos centros imperiales, ahora asistimos al fenómeno nuevo, en cuanto a su densidad, el de la simultaneidad de centros de predominio. El poder del imperio norteamericano, favorecido por las dos guerras que agotaron a Europa en el siglo XX, es el que tiene mayor poderío en nuestros días pero ya no es posible dejar de tener en cuenta que se desarrollan otros núcleos poderosos, principalmente China, India y Rusia, con la diferencia sobre el siglo pasado de que ninguno de ellos es políticamente una dictadura formal. Todos realizan elecciones periódicas y renuevan a sus líderes regularmente, por lo menos en el gran telón de lo político, porque por detrás de esa fachada hay un poder económico coherente que acrecienta su poder y mantiene los procedimientos de expansión y dominio de todos los imperios. Por eso hoy los analistas dicen que ya no existe un mundo unipolar, con un único centro imperial y que esto es lo que genera nuevas alternativas para las naciones que están en condiciones de revisar sus relaciones de dependencia para crecer de manera sustentable.
Nuestra colisión con los fondos buitre ha mostrado que detrás de la apariencia de tales grupos se halla el poder económico permanente de los grandes centros, al tiempo que la multipolaridad revela que este poder oculto, pero determinante, no se ha integrado o no se ha integrado por completo en el planeta. La Argentina ha podido responder a los buitres como lo está haciendo porque cuenta con una dirigencia que tiene un proyecto, pero también porque dicha dirigencia sabe que no hay opción única con la cual no quede otra que transar. Este factor se hizo visible en el reciente caso de Siria, pues la potencia occidental y sus aliados del occidente europeo no pudieron abatir a un régimen que como es habitual definían como absolutista porque ahora existen otros polos con los que cuales no se quiere colisionar. Siria, aunque económicamente destruida, mantiene un gobierno y un liderazgo que incluso puede haberse fortalecido con la severa experiencia a que fue sometido. Irak y Libia no tuvieron igual suerte.
Los gobiernos de países como el nuestro con capacidad para emerger del subdesarrollo, disponen ahora de opciones. Ha sido posible en nuestro caso decir no a los buitres (y al poder real en que éstos de apoyan). Lo ha sido por convicción y lucidez de quienes conducen, pero también porque el financiamiento y las inversiones externas necesarias ahora están disponibles en los otros centros de poder del mundo, incluso en una Europa que no se siente cómoda con sus alianzas.
No está despejado el camino para las naciones en desarrollo como la nuestra. El juego ahora es posible, pero requiere habilidad y fortaleza para no terminar enredado en la maraña del poder real (financiero) que existe y crece en cada una de las metrópolis.
Atentamente:
JOTAVE