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Una advertencia temprana de la ONU

Bien puede decirse que abundan los anuncios con carácter de profecías cuya misma endeblez argumental hace que se los ignore al poco tiempo. Algo parecido ocurre con las predicciones que, a pesar de tener la condición de estar apoyadas «en conocimiento fundado» -según indica el diccionario- muy a menudo son ignoradas o desoídas.
Un ejemplo de lo expresado -doloroso y actual- lo tenemos en un informe (acaso fuera más pertinente calificarlo como advertencia) dado a conocer hace un año por la Organización de las Naciones Unidas. En su documento «Perspectivas del Medio Ambiente Mundial» expresa en un alerta claro y contundente que «el planeta se dirige hacia el colapso climático, sanitario y social». Como se puede observar, uno de esos determinativos del futuro que se recalcan es el aspecto sanitario, cuyo deterioro está la vista con la pandemia del Covid-19, en una advertencia efectuada hace ya más de un año.
No se trata, claro está, de una predicción precisa de esa enfermedad sino de las facilidades que otorga la sociedad humana a esa u otra irrupción semejante en el área de sanidad colectiva. Es más: ahora, con la pandemia en plena expansión, se advierte que, además de los factores antropógenos que ignoran el ambiente, las sociedades humanas en su mayoría ni siquiera estaban mínimamente preparadas para enfrentar una emergencia de estas características: Aparentemente los conceptos de progreso y prevención estaban fundado únicamente en el desarrollo de un juego de finanzas que, enfrentado a la terrible realidad sanitaria, ha demostrado ser ineficaz. La mejor prueba lo constituye el hecho que la primera potencia del mundo, Estados Unidos, muestra una ineficacia pasmosa frente al avance de la pandemia.
El informe de la ONU, en medio de un conjunto de datos alarmantes, reafirma la ausencia de un mañana para una gran porción de habitantes del planeta en unas décadas más. La propuesta definitiva del informe -«planeta sano personas sanas»- se derrumba ante los números de la realidad del cambio climático y la agresión al medio ambiente, causa de la muerte de alrededor de nueve millones de personas por año; de ellas más de un millón y medio por ineficiencia sanitaria en el tratamiento de enfermedades básica, especialmente las que se originan en el consumo de agua contaminada.
Nada, o muy poco, se sabe todavía de la aparición súbita del Covid-19, pero el análisis de la dolorosa realidad demuestra que no se trata de una materialización apocalíptica sino de un fenómeno hasta ahora indefinible en sus orígenes, que encontró campo propicio para derramarse por todo el mundo. El temprano informe de la ONU es una prueba de ello. «Los patrones actuales de consumo, producción y desigualdad -dice- no son sostenibles».
Naomi Klein, la periodista canadiense que acuñó la expresión «capitalismo del desastre», asegura que en verdad el propio virus es un shock para la sociedad occidental y ha sido manejado de una manera que maximiza la confusión y minimiza la protección. Hasta ahora no se lo ha tratado como una crisis de salud pública sino como una crisis de percepción. Y lo resume así: «El problema no es el cambio climático, sino el capitalismo».