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Una Corte deslegitimada

ROSATTI Y ROSENKRANTZ SE VOTARON A SI MISMOS

¿Se excusarán el nuevo presidente y el vicepresidente cuando tengan que intervenir en el caso del Correo, que toca a la familia de quien los nombró por decreto?

Ari Lijalad y Franco Mizrahi

Horacio Rosatti y Carlos Rosenkrantz se votaron a sí mismos para ser presidente y vicepresidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Para peor la Corte, el máximo tribunal del país, eligió sus autoridades con dos de sus cinco miembros fuera de la votación. Uno de los que no participó, Ricardo Lorenzetti, alegó que estaba en otro zoom en una actividad privada pero lo cierto es que quiso posponer la definición y al no lograrlo optó por vaciar el cónclave. Lo siguió la quinta cortesana, Elena Highton de Nolasco, ya pasada de la edad que marca la Constitución para integrar el tribunal. Si la legitimidad y la idoneidad de la Corte estaban por el piso ahora bajó varios subsuelos.
Rosatti presidirá el máximo tribunal del país desde el próximo 1° de octubre hasta el 30 de septiembre de 2024 tal como había anticipado Clarín, uno de sus sponsors principales. Su vice será el actual presidente, Rosenkrantz, también ligado al holding que comanda Héctor Magnetto y que es el gran ganador en toda esta jugada: logró colocar a su segundo titular de la Corte consecutivo. El binomio Rosatti-Rosenkrantz aceptó en su momento incorporarse a la Corte por decreto, violando la Constitución. Fue una idea que Mauricio Macri tomó de Fabián «Pepín» Rodríguez Simón, hoy prófugo y con alerta roja de Interpol. Ambos supremos tienen un buen número de llamadas con el fugado durante el reinado del lawfare macrista. Ni disimulan.

Solo tres votaron.
La votación fue todo menos prolija. El cordobés Juan Carlos Maqueda, a quien los poroteos previos indicaban como el que podía inclinar la balanza, fue más que eso: fue quien propuso la fórmula Rosatti-Rosenkrantz a la que ambos adhirieron. O sea, se votaron a sí mismos. Y Maqueda, nombrado en la Corte en 2002 por el senador en ejercicio de la presidencia Eduardo Duhalde y que hoy mantiene un vínculo estrecho con Juan Schiaretti, fue clave para la operación. Llegaron así a los tres votos sobre cinco que necesitaban. La elección, sin embargo, se dio sin la participación de Lorenzetti y de Highton de Nolasco, lo que la vació de legitimidad.
Lorenzetti, ex presidente de la Corte, difundió un comunicado donde apuntó contra Rosenkrantz. Según Lorenzetti, el actual presidente del tribunal convocó el miércoles a la tarde a un acuerdo extraordinario para el jueves a las 12 para definir las autoridades del cuerpo. En el acta de la votación de este jueves quedó constancia que una hora y media antes de la reunión, a las 10.34, Lorenzetti comunicó que estaba «imposibilitado» de asistir al zoom de la Corte porque estaba participando de las reuniones de Unidroit (Instituto Internacional para la Unificación del Derecho Privado), del cual forma parte del Consejo de Gobierno.
Con este panorama, y de nuevo según el acta de votación, a las 11.15 la jueza Highton de Nolasco pidió que se postergara el acuerdo extraordinario hasta que pudiera participar Lorenzetti. A las 11.49 Rosenkrantz dijo que no hacía falta que participaran todos los miembros de la Corte y que la reunión se hacía igual. Ante esto Highton decidió no participar.
Cuesta creer que Rosenkrantz no supiera del compromiso de Lorenzetti y que Lorenzetti no pudiera silenciar un rato su participación en ese instituto y participar del acuerdo del tribunal que le paga el sueldo. Tampoco es irregular que la Corte convoque a acuerdos extraordinarios más allá de su habitual reunión de los martes. Lo evidente es que Rosenkrantz convocó a la reunión a siete días de que le venciera el mandato, cuando supo que tenían conformada la mayoría de tres junto a Rosatti y Maqueda, y que Lorenzetti hizo un último intento para aplazar la definición, no lo logró y jugó a deslegitimar la elección y la nueva presidencia de la Corte.

Juego de tronos.
La gran incógnita es si Rosatti logrará reconstruir el poder de la presidencia cortesana. Lorenzetti supo concentrar tanto la agenda como la caja pero a Rosenkrantz sus pares le recortaron prácticamente todo el margen de acción a finales de 2018. Tuvo un efecto positivo: la propia inexperiencia de Rosenkrantz, un abogado del establishment poco habituado a las internas de tribunales, hizo que no pudiera construir una línea de mando con los jueces federales, en especial con Comodoro Py. Es previsible que Rosatti, que sí tuvo roce en la rosca política, busque recuperar ese poder de fuego y que Lorenzetti, con quien mantiene una disputa de años, maniobre para mantener ese vacío de poder en la presidencia de la Corte. Lo curioso es que la acordada que recortó las funciones de Rosenkrantz la digitaron entre Rosatti, Maqueda y Lorenzetti, que en su momento fue bautizada mediáticamente como la «pata peronista» de la Corte.
El otro interrogante gira en torno a las mayorías de la Corte para los casos de alto impacto político y económico, desde cuestiones vinculadas a tarifas hasta el caso Correo. ¿Se excusarán el nuevo presidente y vicepresidente cuando tengan que intervenir en el caso que toca a la familia de quien los nombró por decreto?
Un tercer punto será la relación con el Gobierno. El ministro de Justicia, Martín Soria, se abstuvo hasta ahora de opinar sobre la interna cortesana, un gesto que buscó disipar cualquier intervención del Gobierno en la elección del nuevo presidente de la Corte. Es claro que Rosenkrantz no era del agrado del Gobierno tanto como que Rosatti no figura entre las preferencias de Alberto Fernández, que lo conoce de su paso como ministro de Justicia durante el gobierno de Néstor Kirchner.

Nueva mayoría
En tribunales hubo diversas lecturas sobre lo sucedido. Por un lado, están quienes consideran que la forma en que se resolvió la votación deslegitima a todos los supremos. Pero también están quienes ven que asoma una «nueva mayoría» para timonear «el gobierno del Poder Judicial».
La Corte tiene dos roles. Por un lado, es la última instancia judicial, que revisa lo que realizan las instancias inferiores. Allí, difícilmente Maqueda, Rosatti y Rosenkrantz coincidan con asiduidad, ya que entre los dos primeros y el actual presidente supremo hay diferencias jurídicas de peso. Pero la otra faceta de la Corte es el gobierno de Poder Judicial, el que comparte con el Consejo de la Magistratura. Y ahí sí se observa que emerge una nueva mayoría que permitirá a Rosatti administrar la presidencia del cuerpo.
«Ahí está el poder. Es la construcción de poder político dentro del Poder Judicial», indican desde tribunales. Si repiten el consenso que lograron este jueves, la nueva mayoría podrá gestionar el perfil del Poder Judicial que desee, administrará los contratos del sistema, los convenios con otras instituciones y las acordadas de superintendencia, por citar algunos ejemplos nada desdeñables. (El Destape).