Una democracia enferma de recolonización

LA SEMANA POLITICA

¡Cuántas expectativas generó la vuelta a la democracia hace casi 36 años! La democracia actual, en versión Cambiemos, liquida aquellas esperanzas. Está enferma de recolonización.
SERGIO ORTIZ
“Con la democracia se come, se educa y se cura”, proclamó en esos años Raúl Alfonsín, lamentablemente el presidente que ingresó al cuartel de La Tablada tomado por el MTP hace treinta años, donde se habían cometido crímenes y desaparición de personas, extendiendo la mano a militares que lo dejaron con la diestra extendida.
Las críticas a los gobernantes en democracia, que nunca superó los límites del capitalismo dependiente, vale aclararlo, fueron en aumento, con presidentes de uno y otro signo político.
Recién a partir de 2003 se empezaron a satisfacer muchas necesidades, no todas, de compatriotas necesitados de trabajo y acceso a la cultura. Con Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner mejoraron la calidad de vida y los valores nacionales, como cuando George W. Bush se fue con las manos vacías de la Cumbre de Mar del Plata en 2005.
En esa etapa política había mejor ingreso de la población, más derechos humanos y más autonomía nacional, con el techo no perforado de la dependencia y el poder de los monopolios y bancos, que siguieron ganando fortunas a dos manos. Así lo recordó CFK en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, no arrepentida de haber favorecido esa concentración de la riqueza. Su idea era que derramara un poco hacia abajo, con un capitalismo fifty-fifty en modo desarrollista.
Con la victoria de Mauricio Macri y su grupo monopólico empresarial, munido de un programa neoliberal, hubo un ajuste sistemático a los sectores populares y ganancias para el sector financiero, empresario, agropecuario y exportador.
Lo sufrió en carne propia la población, incluyendo un sector que votó por Cambiemos. La encuesta de Poliarquía conocida esta semana plantea que el 69 por ciento de los encuestados reconoce que sus dramas son económicos: los problemas económicos (30%), la inflación (16%), el desempleo (15%), las tarifas (6%) y los bajos salarios (2%). No cayeron del cielo. Macri lo hizo.
Los afectados por los tarifazos protestaron el viernes en Mar del Plata. Es apenas la punta del iceberg porque la bronca es muy extendida y profunda.
En el otro extremo, de los favorecidos por el plan gubernamental, están los que practican la bicicleta financiera. Según el Banco Central, la fuga de capitales ascendió en 2018 a 27.320 millones de dólares. Dentro de esa manada en estampida, forrada en “verdes”, pese a la polvareda se pueden reconocer empresarios amigos, banqueros, exportadores y el resto de la parentela.

Maniobras distractivas.
El daño político y electoral para el macrismo es evidente. La referida encuesta de Poliarquía puede ser leída en clave moderadamente optimista para el gobierno en la parte que afirma que tres precandidatos de Cambiemos (Macri, Vidal y Carrió), sumados, tendrían el 35 por ciento de los votos; que tres precandidatos del kirchnerismo (Cristina, Rossi y Kicillof) sumarían 29 y que tres de Argentina Federal (Massa, Urtubey y Pichetto) obtendrían 19.
Las matemáticas son exactas pero discutibles. Esos números, mirados desde otra perspectiva, también predicen que si las dos corrientes opositoras (en rigor los de Alternativa Federal no lo son) se unieran, ganarían a Cambiemos por varios puntos, incluso en primera vuelta.
Como este es un país donde no todo está perdido, también se puede pensar que la opción opositora K puede crecer sola, sin necesidad de AF, hasta el 38 por ciento o más, forzar un balotaje y ganarlo, sobre todo si el contrincante es el desprestigiado que luego de tres semanas rascándose el higo en Cumelén se volvió a descansar el fin de semana en Chapadmalal.
Todo puede ser, cuando falta tanto tiempo para el crucial 27 de octubre de las elecciones.
Como la realidad económica lo deja tan mal parado frente a las mayorías, el oficialismo intenta jugar otras cartas, de cara al comicio. Eso explica que el dúo Patricia Bullrich-Germán Garavano saliera a explicar la iniciativa para la extinción de dominios.
Con el argumento válido de recuperar bienes mal habidos por la corrupción, narcotráfico y trata de personas, el presidente sacó un decreto de necesidad y urgencia. No puede argumentar imposibilidad de tratamiento en el Congreso, pues en Diputados existe un proyecto sobre ese tema, con media sanción del Senado. Y en todo caso, la bancada mayoritaria de Cambiemos en la cámara baja podría retomarlo a partir del 1 de marzo.
Los constitucionalistas cuestionan el sentido del DNU en materia penal, que no puede ser materia de esos decretos. También el privar de bienes a quienes aún no hayan recibido una condena firme. Es harto discutible, además, los dichos de Bullrich, de que esa extinción de dominio puede ser retroactiva, hasta 15 años atrás.
Otro ejemplo de cómo encara la campaña el oficialismo es el reflotamiento de la causa de los Cuadernos de la corrupción, aguardando explosivas declaraciones en Comodoro Py de Carolina Pochetti, viuda de Daniel Muñoz, el fallecido secretario de Néstor Kirchner. A falta de pan, bueno es el circo.
La semana pasada habían agitado el proyecto de bajar la edad de imputabilidad de menores a 15 años y la expulsión de extranjeros que cometan delitos, aún sin condena. Ahora fue la extinción de dominios y nuevos arrepentidos-delatores en la causa de las fotocopias.
¿Y si prueban con aumentar el salario de los docentes universitarios el 17 por ciento que les falta, en vez de un 5 como dispusieron unilateralmente? ¿Y si desisten de cerrar 14 escuelas en la Ciudad de Buenos Aires, algo que le hizo pasar tan mal trago a Rodríguez Larreta? ¿Y si frenan un poco los tarifazos? ¿Y si atienden los reclamos de las Pymes que volvió a formular la UIA? ¿Y si escuchan los pedidos de los científicos que reclamaron más presupuesto, concursos y aumento salarial del 25 por ciento?

País recolonizado.
Aquellas preguntas tienen como respuesta un No muy anunciado. Y allí se advierte el rostro horrible de la colonización. Es que ninguna de esas medidas de tímida recomposición salarial y presupuestaria puede ser siquiera considerada por el gobierno ante la negativa del FMI y la segura caída de los acuerdos en vigencia desde el año pasado. Se rompería el préstamo en cuotas por 57.000 millones de dólares y Mauricio terminaría como un tal Fernando, dieciocho años atrás.
Sobre asuntos económicos hablan más los directivos del Fondo que los devaluados ministros. El Panorama Económico Global presentado ante el Foro Mundial de Davos confirmó que 2019 Argentina verá caer por segundo año consecutivo su PBI, en 1,7 por ciento. Eso ubicó al país como el peor de toda la región, porque los demás han crecido, aunque sea en pequeña proporción, excepción de la buena experiencia de Bolivia.
Nicolás Dujovne y Guido Sandleris, presentes esa cita suiza, hicieron mutis por del Foro de Davos, apenas alentados por elogios de madame Lagarde, la directora gerente del Fondo.
Cuando los funcionarios macristas no quieren hablar de inflación, el Fondo lo hace por ellos. El director del Hemisferio Occidental, Alejandro Werner, dijo en Washington que su pronóstico de inflación será más elevado que el 20 por ciento estimado originalmente. Fue más concreto el banco BBVA en el país, que arriesgó el 30 por ciento de inflación para 2019.
Werner dio otras muestras bien concretas de cuánto avanzó la recolonización de la Argentina, al advertir que en 2019, según sea el color político del gobierno electo por los siguientes cuatro años, las dificultades económicas pueden ser “un riesgo enorme”. En otras palabras, si gana una oposición digna, el FMI querrá cobrar todo lo suyo, ejecutará al deudor y considerará a ese presidente como un transgresor tan peligroso como Nicolás Maduro.
Ese chantaje fondomonetarista confirma que no se trata de ganar a cualquier precio en 2019, sino de hacerlo con un frente patriótico capaz de enfrentar al FMI y una campaña internacional y regional muy adversa, organizada desde Washington.
El FMI quiere condicionar las elecciones de 2019 en Argentina, del mismo modo como la administración Trump agrede a la democracia en Venezuela. Como no es de su agrado el gobierno bolivariano, instó a la oposición de derecha venezolana a boicotear las elecciones de mayo de 2018. A pesar de eso hubo tres candidatos opositores que le disputaron a Maduro la mayoría en las urnas, pero fracasaron: el sucesor de Hugo Chávez ganó con el 67 por ciento de los votos.
Con ese título democrático, Maduro asumió el 10 de enero su segundo mandato. Era evidente que Estados Unidos no permitiría que la democracia venezolana, con sus inmensas riquezas y reservas petroleras, le fueran esquivas entre 2019-2025. Y allí lanzaron su campaña golpista, alentando y reconociendo como “presidente encargado” a un monigote inventado por el Departamento de Estado y el Cartel de Lima, el desconocido Juan Guaidó.
Que Trump se embarcara en ese plan golpista y sangriento era previsible. Está en su naturaleza imperial. Macri lo siguió como un robot, como corresponde a una democracia recolonizada.