Una denuncia que salpica a diputado

La denuncia por violación contra un diputado provincial del radicalismo provocó conmoción en Eduardo Castex y en el mundo de la política pampeana. No es para menos, la mujer que dio a conocer los hechos sucedidos hace 35 años sacó a la luz con toda crudeza no solo su drama personal sino la ceguera patriarcal que dominaba entonces en el Poder Judicial.
El relato es estremecedor porque expuso el calvario que debió atravesar cuando apenas contaba con 15 años y debió abandonar su localidad ante la condena social que se alzó contra ella y, como contracara, la protección judicial que benefició a los victimarios.
Los avances en materia de políticas de género hacen que hoy se observe con horror aquel procedimiento. Y se pueda decir, con total convicción, que en nuestros días una actuación judicial como aquélla hubiera dejado sin trabajo al juez, al fiscal y a los policías intervinientes. La violación fue comprobada por un médico del hospital castense, pero su testimonio no fue requerido por el juez. El fallo se basó únicamente en las declaraciones -que la víctima no pudo conocer- de los policías. El sobreseimiento fue la coronación de un proceso que mostró cómo actuaba la Justicia en aquellos años, en especial cuando entre los agresores había varones que pertenecían a los sectores altos o “respetables” de la sociedad.
La profunda marca que dejó este traumático episodio en la vida de la denunciante se puso de manifiesto cuando reconoció que recién pudo hacer pública la acusación a partir de la experiencia similar que atravesó la actriz Thelma Fardín y la masiva reacción de solidaridad que despertó entre las múltiples agrupaciones de mujeres. Resultaron conmovedoras sus declaraciones cuando manifestó un profundo agradecimiento a las “nuevas generaciones de mujeres empoderadas” a quienes dijo admirar.
En cuanto a la reacción de la estructura partidaria del radicalismo debe decirse que estuvo lejos de ser la mejor. El flamante presidente de la UCR, reconociendo que se trata de una cuestión muy difícil y delicada, en lugar de pedir un tiempo para el análisis en profundidad en el seno del partido, avanzó rápidamente en una defensa cerrada del acusado. Se limitó en forma excluyente al campo procesal para basar su defensa a pesar de que tuvo que reconocer que hoy en la Justicia existe “una mirada distinta” y que una violación “era entonces y ahora algo aberrante”.
Peor estuvo cuando procuró igualar la situación de la mujer y la del hoy diputado mencionándolos como “dos víctimas” y descendió todavía más cuando puso en duda la oportunidad de la denuncia en tiempos preelectorales. Otro dirigente radical, en cambio, salió a despegarse y calificó de “lamentables” aquellas declaraciones, mientras que al momento de escribirse estas líneas no se conocía ningún pronunciamiento de las agrupaciones de mujeres ucerreístas.
Este desconcierto no deja de ser comprensible ya que hace pocos meses el senador nacional por el radicalismo recibió una denuncia de abuso de parte de una colaboradora que tuvo gran trascendencia mediática. Aunque en ese caso el legislador se puso a disposición de la Justicia y renunció a su candidatura a gobernador.