Inicio Opinion Una explosión de hartazgo social

Una explosión de hartazgo social

Casi el 80 por ciento de los votantes chilenos se manifestó a favor de la reforma constitucional. Es muy difícil encontrar un resultado electoral que muestre números de esta contundencia, lo que revela en forma irrefutable el altísimo nivel de hartazgo que explotó en las mayorías populares contra un sistema político y económico que hizo de Chile uno de los países más desiguales del planeta.
El modelo neoliberal made in USA impuesto a sangre y fuego hace agua por los cuatro costados. Con un cinismo que espanta varios de los ideólogos pinochetistas habían admitido que sin el uso de la brutalidad represiva hubiera sido imposible implantarlo. Recordemos que fue el primer ensayo de la Escuela de Chicago en América Latina que luego se irradió por todo el continente en la década de las dictaduras más sangrientas.
El terrorismo de Estado operó como disciplinador social, los grandes medios de comunicación aportaron la bajada de línea ideológica y los partidos políticos tradicionales, del centro a la derecha, fueron los que convalidaron y blanquearon el nuevo modelo estampado en la Constitución de 1980 que dejó como herencia Pinochet. Después de las elecciones de 1989, algunos retoques al texto constitucional solo sirvieron para lavarle la cara, no para introducir cambios de fondo.
Tuvo que llegar la gigantesca rebelión social del año pasado para que el derechista Sebastián Piñera aceptara, a regañadientes, convocar el referéndum. El presidente y los partidos políticos mayoritarios tuvieron que ceder y aprobar en el Parlamente la convocatoria, una iniciativa que nunca hubiera nacido de su propia voluntad. De ahí que sus expresiones elogiosas sobre «la participación ciudadana» que escuchamos por estos días tengan un claro sabor a hipocresía.
Chile es un país capturado por su elite económica; en lugar de funcionar como un Estado funciona como una empresa. Por eso hay un desbalance tan pronunciado entre obligaciones y derechos. El acceso a la salud, la educación, la jubilación o la vivienda están sometidos a la «mano invisible» del mercado en lugar de ser derechos garantizados por el Estado. Los sindicatos son poco menos que clubes de amigos desamparados por la legislación. El Parlamento sanciona las leyes con mayorías especiales de dos tercios, con lo cual la derecha tiene garantizado el rol de árbitro y se asegura que ninguna mayoría popular «circunstancial» ponga en riesgo sus privilegios. Chile es el único país del mundo que mantiene el agua como propiedad privada, otra herencia ominosa de la Constitución pinochetista que la clase política no tocó.
Pero no solo para los chilenos es muy importante esta elección. Una semana después de los comicios que le dieron el triunfo arrasador al MAS en Bolivia por una diferencia de casi 30 puntos sobre la derecha, este plebiscito en el país trasandino ratifica una tendencia clara en el continente: la recuperación de los espacios políticos populares luego del avance neoliberal de los últimos años. No les duró mucho la alegría a los defensores latinoamericanos del neoliberalismo. En poco tiempo las elecciones en México, Argentina, Bolivia y ahora Chile comenzaron a pintar el mapa de otro color.