Una gesta inconclusa de la que no es fácil hablar

A 49 AÑOS DEL CORDOBAZO

El 29 de mayo de 1969 se produjo una rebelión obrera y popular en Córdoba. La historia no es de repetirse igual, pero hay que seguir aprendiendo de aquella gesta.
EMILIO MARIN
En Córdoba a la pueblada combativa de 1969 se la sigue recordando. El martes 29 hubo una concentración de las dos CGT, las CTA y gremios en conflicto como Luz y Fuerza del legendario Agustín Tosco. Ahora no gobierna Carlos Caballero como en 1969, puesto por la dictadura de Juan C. Onganía, sino Juan Schiaretti, peronista y elegido democráticamente. Los lucifuercistas están resistiendo un plan de privatización de la EPEC y la eliminación del Fondo Compensador de la Caja de Jubilaciones. Es un intento provincial y de Mauricio Macri para una reforma laboral que ampute conquistas del convenio de la época de Tosco.
En la movilización del martes hubo miles de trabajadores, en su mayoría delegados; no hubo medida de fuerza y no podían abandonar su trabajo quienes podían tener interés en concurrir.
En Capital Federal hubo una concurrida charla pública de referentes políticos y sindicales en la Ex ESMA, organizada por la junta interna de ATE.
Con lo meritorio de estas actividades, es claro que la jornada histórica no tuvo mayor importancia; se ha desdibujado no ahora sino desde algunos años atrás. Alguien dirá que cuando se cumplan los 50 años, redondos, entonces sí habrá una conmemoración de mayor nivel. Ojalá. Sin embargo, el desdibujamiento del Cordobazo puede tener otras razones políticas y sindicales; por ejemplo, que las corrientes mayoritarias del sindicalismo y la política no tienen onda con ese pasado combativo.
Para decirlo en términos de personajes, si se trae a colación la polémica entre Tosco y José Rucci el 9 de marzo de 1973, en “Las dos campanas”, por Canal 11, la mayoría de los dirigentes de la actual CGT, salvo excepciones, estará más de acuerdo con el secretario general de la CGT procedente de la UOM. En las dos CTA, en cambio, se pueden sentir más cercanos a las posiciones defendidas por el lucifuercista. No todos ellos lo dirán públicamente, no sea cosa que los malinterpreten sus actuales aliados, por ejemplo el camionero Hugo Moyano. Para el Triunvirato de la CGT y muchos de los alineados con Azopardo 802, Tosco era “demasiado zurdo”.
Puede ser por eso que en este aniversario 49 no hubo grandes actos. El del medio siglo será más concurrido pero no pinta menos polémico.

La clase obrera.
Cordobazo es sinónimo de clase trabajadora como dirigente de un frente social y popular más amplio, los estudiantes como el aliado más activo. Al principio pesaron las causas reivindicativas del sábado inglés y las quitas zonales, pero luego se politizó frente a la dictadura de Onganía que no tenía plazos sino tiempos económicos, sociales y políticos. Las urnas vendrían después. “Las urnas están bien guardadas”, como diría un dictador posterior.
En ese momento la vanguardia fueron los 8.000 trabajadores de IKA-Renault, los 2.500 afiliados de Luz y Fuerza, los colectiveros de UTA y otros contingentes. Otras fábricas aportaron en menor medida, como Dinfia, luego IME, y Fiat, que en cambio tuvo con Sitrac-Sitram el papel fundamental en el segundo Cordobazo, o Viborazo, en marzo de 1971.
La columna obrera principal vino del sur, con los mecánicos de IKA-Renault, y quiso ser detenida con la represión policial a la altura del Instituto Pizzurno. No lo logró y los obreros, más enardecidos, bajaron al casco céntrico por varios barrios. Venían con sus mamelucos color verde y gritando la consigna de “luche, luche y no deje de luchar, por un gobierno obrero, obrero y popular”.
Todo habría quedado en un paro activo, nada más y nada menos que eso, y un acto frente a la CGT, con dirigentes de verba inflamada, tal lo previsto por las dos CGT convocantes (la legalista de Elpidio Torres y Atilio López, y la de los Argentinos, de Tosco y Miguel A. Correa). Ante la llegada de las columnas al centro la policía disparó y mató a Máximo Mena, obrero tapicero de Renault. Y al saberse la noticia, eso enfureció más a los manifestantes, que se trenzaron heroicamente con la policía. Esta atacaba desde sus patrulleros, con la Infantería y la Policía Montada dejando otros muertos y heridos.
Ahí empezó verdaderamente el Cordobazo, ocupando con barricadas unas 200 manzanas y derrotando a la policía, que se quedó sin gases ni parque, pero sobre todo sin ánimo: fue puesta en retirada en los manifestantes. Eso se ve en las imágenes del duelo sobre avenida Vélez Sársfield a la altura de Marimón.
En ese ínterin, entre el mediodía y las 17 horas, cuando intervino la IV Brigada de Infantería del general Jorge Raúl Carcagno, los luchadores contaron con amplio apoyo de los vecinos. Fueron atacados blancos bien elegidos, que hacen a los monopolios y blancos de la época: Xerox, Tecnicor, Banco del Interior, Casino de Suboficiales, Confitería La Oriental, etc. Nadie rompió un vidrio ni robó a un kiosco…
El Cordobazo no se limitó a derrotar a Caballero y Onganía, y quitar al Ejército su día 29/5. Eso fue importante, pero mucho fue abrir un nuevo ciclo histórico con un sindicalismo donde creció el clasismo, la nueva izquierda, las organizaciones armadas, el peronismo revolucionario, los curas del Tercer Mundo, la cultura popular, los nuevos planes de estudio en las universidades, las Ligas Agrarias, etc.
El Cordobazo inauguró un período revolucionario, que al cabo de siete años sufrió una derrota muy sangrienta con el terrorismo de Estado de 1976. Por todo lo avanzado que tuvo ese período y por todo lo desastroso de la derrota de la Generación del ’70, allí está parte de la explicación de por qué no es fácil conmemorar la fecha de ese boceto insurreccional.