domingo, 22 septiembre 2019
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Una lección de economía

Un carnicero de la ciudad acaba de brindar una clase magistral de economía en uno de sus aspectos centrales: la inflación. Al relatar su hazaña de no aumentar el precio de la carne en estos tiempos, el comerciante, sin proponérselo, terminó ofreciendo una lección acerca de cómo funciona el alza desmesurada de los precios.
A buena parte de los economistas, por lo general los que cultivan la ortodoxia neoliberal, les encanta presumir de su saber. Desde sus altares televisivos suelen bajar sus discursos como aquellos dioses del Olimpo iluminados por el conocimiento divino. Además no ocultan su predilección por las explicaciones deliberadamente oscuras como una estrategia de apabullar a sus interlocutores.
Pero también existe otra clase de economistas, los llamados heterodoxos, que se encargan de aclarar algo muy importante: la economía es una ciencia social y como tal tiene sus principios y metodologías, por lo tanto si una persona no entiende a un economista cuando habla es muy probable que este lo quiera confundir o engañar. Cualquier concepto básico relacionado al funcionamiento de la economía de un país o una provincia puede muy bien ser explicado en términos comprensibles a un interlocutor que tenga un grado promedio de educación. Si ese objetivo no se logra es más por defecto del economista que por las entendederas del oyente.
Cuando el carnicero santarroseño relató ante el periodista de este diario que no aceptó que sus proveedores le bajen la mercadería remarcada con un aumento de precios descomunal y, a los pocos días, los proveedores volvieron y le dejaron la misma mercadería sin ningún aumento, no hizo más que dejar al descubierto cómo funciona un aspecto esencial de la inflación, el gran problema económico del país y, sobre todo, de este gobierno que llegó con la promesa de que iba a solucionarlo de inmediato. Hoy está a la vista que no pudo lidiar con este flagelo y que incluso lo agravó mucho más al elevar sus niveles a alturas que no registraba desde hace casi 30 años, superando incluso los valores que alcanzó durante la crisis de 2001-2002.
Para la ortodoxia la inflación es un fenómeno esencialmente monetario, para la heterodoxia en cambio es un problema multicausal, complejo. El ejemplo del comerciante de nuestra ciudad lo puso en blanco sobre negro. El componente especulativo es esencial en el incremento de los precios. La vieja costumbre de aumentar los precios «por si acaso», «para cubrirme» y en forma desmesurada está presente en todos los eslabones de la cadena de comercialización y en todos los rubros. A ello debemos agregar el grave problema de la concentración y la cartelización presente en la mayoría de las ramas de la actividad económica, lo cual significa que los formadores de precios, en una economía sin controles del Estado como la macrista, tienen rienda suelta para desbocar al potro inflacionario.
En Santa Rosa un modesto carnicero se plantó y rechazó este mecanismo perverso que termina siempre perjudicando al consumidor. Lo hizo a costa de su propio beneficio como comerciante, pero logró dejar al descubierto la raíz especulativa que soporta todo el andamiaje de la inflación. Una lección que todos deberíamos agradecerle.