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Una mesa con tres patas

El representante de Campo Limpio fue muy parco a la hora de hablar de las responsabilidades propias pero no se privó de disparar munición gruesa contra los productores rurales. En su presentación ante el plenario de Diputados por el tratamiento de la Ley de Agroquímicos expresó que si no se implementa un sistema de control «el productor no va a devolver los bidones», que se debe «exigir al productor que haga el lavado» y remató: «no solo zanahoria sino un poco de garrote hay que darle».
En la misma jornada se habían manifestado las organizaciones ambientalistas y, entre ellas, una vecina de Realicó, quien dijo padecer una enfermedad oncológica producto de la contaminación con agrotóxicos. Sería el primer caso denunciado públicamente en territorio pampeano, pues es conocido -y avalado por autoridades científicas- que estas patologías abundan en los «pueblos fumigados» de varias provincias vecinas.
A medida que avanza el debate en la Legislatura y los diversos sectores involucrados exponen sus puntos de vista queda cada vez más claro que hay una fuerte puja de intereses y, a la vez, que estamos ante prácticas agrícolas que exhiben un escaso compromiso social por parte de los actores del agronegocio. El abandono de bidones sin lavar en la vía pública lo muestra en forma palmaria.
Cuando expusieron ante los diputados los representantes de los productores, primero, y de los comerciantes expendedores, después, formularon fuertes críticas al Estado por haber interrumpido la venta de agroquímicos aunque eso era lo que ordenaba la ley. Alegaron que esa medida había afectado a los cultivos -y por lo tanto a los productores- y a los comerciantes, es decir centraron sus exposiciones en los aspectos económicos sin considerar, con igual énfasis, los graves problemas ambientales y de salud pública que están involucrados en este debate.
A esta altura resulta incuestionable que hay una fuerte tensión entre un sistema de producción agrícola, por un lado, y la necesidad de preservar el ambiente y la salud pública por el otro. Los rastros de contaminación de los productos que se utilizan en los cultivos están presentes en las aguas subterráneas pampeanas; todavía no en concentraciones tan altas como en otras provincias -el caso de Pergamino es revelador- pero es un indicio claro de su capacidad de propagación. Por no hablar de los problemas de salud que este debate comienza a mostrar.
Salud pública, producción agrícola y medio ambiente son las tres patas de una mesa que hoy está muy desequilibrada. Al cuestionar las zonas de exclusión de las fumigaciones, las entidades rurales hablan de tierras «perdidas» o «desaprovechadas» para la producción. Sin embargo es bien sabido que hay muchas formas de realizar labores agrícolas sin estos insumos tan onerosos -tanto desde lo económico como lo sanitario-ambiental-. Hay muchas experiencias en el país que demuestran que las áreas periurbanas pueden producir forrajes, cerdos, ovinos, frutales, forestación, aves, tambos, etc. con buenos rendimientos económicos.
Los modelos productivos basados en la ganancia inmediata a expensas de la salud ambiental y humana son incompatibles con el desarrollo integral de la sociedad.