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Una poco conocida «guerra del vino»

Una noticia publicada recientemente por este diario con relación a la vitivinicultura patagónica y los vaivenes que ha sufrido, merece una lectura profunda y hecha con prevención. La información, originada en un medio de la provincia de Río Negro, evocaba y analizaba «el período glorioso» en que los vinos de Río Colorado y zonas aledañas a esa población ribereña habían ganado mercados en el país merced a su relación precio-calidad y su elaboración aparecía como una industria muy próspera de buenas posibilidades.
Como es de suponer esa circunstancia desagradaba a los grandes productores mendocinos quienes le «declararon la guerra» a las bodegas rionegrinas. Y aquí aparece un detalle por demás sugestivo: los vinos producidos en la Patagonia de repente comenzaron a tener controles «muy llamativos» del Instituto Nacional de Vitivinicultura (que tiene su sede en Mendoza). Según el testimonio de los productores «fajaban los toneles para impedir la salida de los vinos, los resultados de las muestras llegaban luego de varios meses y los vinos se echaban a perder y todos terminaban derramados en las acequias. También había partículas que solo ellos las encontraban y después de hacer perder el año de trabajo y de producción aplicaban onerosas multas. Todo eso hizo que las bodegas sucumbieran», recuerdan los productores. Con ese panorama la producción -y la competencia en el mercado- se volvieron imposibles de mantener; las muy considerables inversiones en tecnologías y adaptación a la demanda de nuevas variedades realizadas por los viticultores para mejorar y aumentar la producción se convirtieron en chatarra y así se las puede ver hasta hoy en las fincas que debieron abandonar la actividad y volcarse completamente a la fruticultura.
Aunque estos hechos, tan llamativos, sucedieron hace dos o tres décadas, bien analizados pueden aparecer como una clara advertencia para nuestra propia provincia. Si bien todavía en pequeña escala, La Pampa ha comenzado a producir vinos de calidad en la ribera del río Colorado, y tanto que algunos de esos productos han sido calificados como muy buenos por especialistas.
Las perspectivas aparecen como muy interesantes y más todavía con la considerable ampliación de tierras bajo riego anunciada recientemente por el gobierno pampeano. No es aventurado pensar que el incremento del número y producción de nuevas bodegas pequeñas y medianas puede significar una molestia considerable para quienes representan a los productores mendocinos que no se andan con rodeos cuando se trata de cuestiones de agua y economía. Los pampeanos llevamos un siglo de acumular malas experiencias al respecto.
Así como el fomento de la producción vitivinícola es seguido atentamente por el gobierno pampeano, lo mismo debería suceder con la prevención de toda maniobra de competencia desleal. El antecedente rionegrino está muy cerca en el tiempo y el espacio como para desatenderlo. La advertencia no es ociosa si se tiene en cuenta que nuestra provincia es abastecida por la producción de la provincia cuyana, la cual se vería afectada con el mayor desarrollo de la industria local.