Una ruptura cultural es necesidad de la época

Señor Director:
Me proponga glosar hoy el pensamiento de Boaventura de Sousa Santos, doctor en sociología del derecho. Nacido en Coimbra, Portugal, en l940, ha profesado en esa universidad, en Brasil y otros países. Ha publicado libros de su especialidad y gusta seguir el desarrollo del acontecer social desde el periodismo. Hay mucha información en Internet.
En una nota que acaba de publicar en Página/12, Sousa analiza el momento actual de la humanidad toda. Comienza por recordar que las ocho personas más ricas del mundo poseen tanta riqueza como la mitad de la población mundial (3,5 mil millones de personas) al tiempo que se destruyen países en nombre de valores tales como los derechos humanos, la democracia y el primado del derecho internacional. Y que nunca se habló tanto de la posibilidad de una guerra nuclear.
Así las cosas, concluye recordando que el optimismo racionalista y dogmatista consiste en pensar que las luchas del pasado lograron vencer de manera irreversible los excesos y perversidades del extremismo. Y quiere recordar “que somos hoy demasiado humanos para admitir la existencia de subhumanos”. En tanto el pensamiento reaccionario pretende que el presente regrese al pasado, el pensamiento anacrónico inverso opera como si el pasado no fuese todavía presente.
Sentada esta opinión Sousa dice que vivimos un tiempo colonial con imaginarios poscoloniales; un tiempo de dictadura informal con imaginarios de democracia formal; un tiempo de muros y fronteras como trincheras, exilios, desplazamientos internos forzados con imaginarios de orgía comunicacional digital; un tiempo de grandes mayorías que con solo libertad para ser miserables imaginan autonomías y emprendimientos; un tiempo de víctimas que se vuelven contra víctimas y de oprimidos que eligen sus opresores imaginando liberación y justicia social.
Luego de esta presentación del hoy día internacional Sousa quiere advertir que el totalitarismo de nuestro tiempo se presenta como el fin del totalitarismo y, por eso, es más insidioso que los totalitarismos anteriores. Y hace presente que somos demasiados (en habitantes del mundo) y demasiado humanos para caber en un solo camino‚ pero que si los humanos fuesen de a muchos en todas las direcciones, tendríamos un laberinto, en un enorme campo dinámico de parálisis. “Esta es la condición de nuestro tiempo”. Para salir se debe combinar la pluralidad de los caminos con la coherencia de un horizonte que ordene las circunstancias y les otorgue sentido, para lo cual se hace necesario desarrollar otras maneras de pensar, sentir y conocer.
Antes de exponer esta conclusión Sousa analiza aspectos del presente mundial, para decir que se oponen versiones optimista y pesimista, que las perversidades del extremismo racionalista y dogmatista están siendo combatidas por lo que es presentado como alternativas, pero que, en el fondo, es callejón sin salida porque los caminos señalados son ilusorios por exceso de pesimismo o de optimismo. El proyecto reaccionario, explica, nunca cuestiona quién tiene el privilegio y el deber de decidir quién es inferior y quién es superior. Y también distingue entre hombres superiores y hombres inferiores como si se tratase de un hecho sin alternativa posible.
Supongo que existe en el mundo una mayoría de personas que adhieren más o menos a conciencia a una u otra forma de estos extremismos, sean de derecha o de izquierda, ambos excluyentes. Y también supongo que Sousa no milita en el pesimismo ni en el optimismo sin matices y quiere provocar, como siempre ha querido, que quien lo esté leyendo se sienta interpelado y se obligue a elegir un camino por las suyas, porque es ahora o quizás nunca más. Mi lector recordará que he hecho esta exhortación a retomar la actitud de pensar, que es nuestra principal libertad (junto con el derecho a exponer la opinión propia).
Atentamente:
Jotavé