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Una semana que dejará su marca

LA OPOSICION DE DERECHA BUSCA DESGASTAR AL GOBIERNO

La segunda semana de este mes no pasará al olvido fácilmente. La toma de tierras, los desalojos y la sublevación policial se superpusieron a un ciclo de ofensiva derechista sobre el gobierno nacional.
EDUARDO LUCITA*
En un escenario político en el que aparecen entrelazadas la pandemia, la economía y la seguridad en sentido amplio se desarrollaron en forma vertiginosa acontecimientos que relegaron a un segundo plano a la pandemia -en momentos que los datos de contagiados y fallecidos están en una escalada- también a la situación económica en el momento que dieron inicio formalmente las decisivas negociaciones con el FMI y que comenzará a tratarse el impuesto a las grandes fortunas.

Ofensiva de la oposición.
Toda la estrategia que desenvuelve la oposición tiene un tono destituyente, como no puede golpear busca desgastar al gobierno pensando en las elecciones del 2021, mientras que este solo atina a administrar la crisis y da muestras de debilidad, improvisación y carencia de reflejos.
El abanico de esta ofensiva es muy amplio pero puede sintetizarse así: definir a la extensa cuarentena como un dictadura de científicos que coarta las libertades individuales, a lo que el presidente oscila entre mantenerla y negarla al mismo tiempo; rechazo a la expropiación primero y a la intervención del Estado después en la crisis/estafa de la cerealera Vicentín, el gobierno terminó declinando ambas iniciativas; denuncia de la reforma judicial como un mecanismo que busca impunidad, supervisada por el propio presidente fue «retocada» y aprobada en el Senado y luego descalificada por CFK porque no sería la reforma que se necesita. Finalmente luego del culebrón en Diputados, que pudo leerse como un intento de vaciamiento de la Cámara por parte de Juntos por el Cambio, el Frente de Todos cedió y terminó convalidando un nuevo protocolo de funcionamiento que satisface a la oposición y lentificará el tratamiento de los proyectos del Ejecutivo.
En esta disputa la oposición fue ganando las calles frente a un gobierno que no puede disputarlas porque rompería la cuarentena pero también porque desalienta las movilizaciones y mantiene un férreo control sobre las organizaciones sociales que ha cooptado con cargos gubernamentales

Limitaciones de la derecha.
Sin embargo la oposición, sustentada en un fuerte antiperonismo de sectores medios, tiene sus límites. Salvo los medios de comunicación hegemónicos no tiene mayores apoyos. Al establihsment no le interesa volver por el momento a un modelo mercadocéntrico, sabe que en la coyuntura necesita de la intervención del Estado, se contenta con aprovechar a la derecha para trabar todo intento progresista en la economía. El Poder Judicial esta cuestionado y resquebrajado, mientras que los banderazos no tienen la magnitud que se comunica. Al no tener propuestas para salir de la crisis su estrategia busca provocar una ruptura entre AF y CFK.
En el plano de la seguridad, el gobierno ha hecho propia la estrategia de la derecha, incluida la que convive dentro del FdT (más patrulleros, más cámaras, mas presencia de fuerzas de seguridad, más policías bonaerenses); ha asumido la defensa de la propiedad privada frente a las tomas (incluídos desalojos violentos como en Ciudad Evita); también en economía donde hay indicadores que muestran que el ajuste ya está en marcha (paso previo a la negociación con el Fondo). Esto se acompaña con medidas progresistas como el DNU que declara servicios públicos a la telefonía, internet y la TV paga, el impuesto a la riqueza, incluso la creación de un ente estatal que administre la hidrovía del Paraná

Sublevación.
En este contexto la sublevación policial fue un punto de máxima tensión que puso en juego la gobernabilidad. No otra cosa estuvo presente cuando a partir de un reclamo salarial y por mejoras de aprovisionamiento y de acceso a sistemas de salud, también búsqueda de impunidad (casos Chocobar y Astudillo Castro), efectivos policiales armados rodearon y aislaron la residencia del gobernador de la provincia de Buenos Aires primero y luego cercaron la residencia presidencial de Olivos. Ni el gobernador ni su ministro de Seguridad vieron venir la protesta y no supieron que hacer para contenerla. El gobernador porque está superado por la situación general y ve cuestionada su gestión, su ministro de Seguridad porque se borró y reapareció cuando ya el presidente había controlado la situación.

Juegos de guerra.
Desde las elecciones del 2019 dos amplias coaliciones hegemonizan el cuadro político del país. Por un lado la oficialista del FdT. Una coalición conservadora de centro muy heterogénea -combina rasgos progresistas con salidas más a derecha- compuesta por distintos espacios que no conjugan ideológicamente que impiden una identidad definida, salvo el acuerdo por mayor intervención regulacionista y un Estado que arbitre entre las clases. Por el otro la coalición opositora de derecha, mucho más homogénea ideológicamente que se asienta en las ideas del libre mercado, en el individualismo y en un republicanismo vacío, que desde la derrota electoral tiene una crisis de dirección y una disputa por el liderazgo.
La resolución del conflicto policial reasignando recursos de la Ciudad a la Provincia, más allá del debate retórico acerca de si es una quita de recursos coparticipables o un ajuste de fondos asignados en exceso, impacta sobre este cuadro de situación. Lo que algún periodista calificara como la polarización de los moderados.
El desbordamiento de la cadena de mandos, la insubordinación frente a las jerarquías políticas, el amotinamiento a las puertas de la residencia presidencial, desplantes públicos a la figura del presidente, son todas muestras, no las únicas, de que una crisis de autoridad se está gestando. Sobre esto hay que colocar la carta que Mauricio Macri publicara el domingo. Sintetiza allí una serie de acusaciones al gobierno actual, pero está dirigida también al interior de JxC. Su objetivo principal es deslegitimador ¿al gobierno actual?, ¿a las próximas elecciones?…
Por ahora el resultado es una derechización del conjunto sin que aparezca una tercera voz, la de los que no disputan en las alturas sino en la intemperie del llano, donde la pandemia, la crisis y la falta de alternativas se hacen sentir.

*Integrante del colectivo EDI (Economistas de Izquierda).