Una elección presidencial y un juego de la historia

Señor Director:
El pasado domingo 27 la elección presidencial de Chile tuvo el final más anunciado por las encuestas: ganó Michelle Bachelet con amplitud, pero habrá segunda vuelta.
En la nueva ocasión competirán Michelle y quien resultó segunda, Evelyn Matthei. Y se enfrentarán solas, porque los cuatro varones que compitieron en la primera, quedaron lejos. Michelle es la expresión progresista, Evelyn representa la línea conservadora, aunque ha querido diferenciarse del actual presidente, Piñera, en cuyo gabinete revista. Michelle va por su segundo mandato.
Ariel Dorfman, notable escritor chileno, escribió sobre esta competencia entre Bachelet y Matthei para destacar una situación singular. Ellas tienen relación desde la infancia. Sus familias eran vecinas y los padres tenían una relación frecuente y cordial. Ambos habían hecho carrera en las fuerzas armadas. Cuando el golpe de Pinochet, el marino Bachelet era ministro del presidente Allende y fue leal con quien le dispensó confianza. Trató de oponerse al golpe. Escribió Dorfman: el padre de Evelyn, Fernando Matthei, podrá votar por su hija (el pasado domingo 17), pero el padre de Michelle no podrá hacerlo porque murió torturado por la dictadura de Pinochet por haber sido fiel al poder constitucional. Bachelet, al ser detenido y quedar en la jurisdicción de su compañero de armas y amigo, pensó que tendría un juicio justo, pero Fernando omitió usar su poder o su influencia. El artículo de Dorfman concluía preguntando si Matthei buscaría reparar su omisión votando por Michelle y no por su hija.
Nunca se sabrá cómo votó Matthei. Es su secreto. Puede agregarse que, ahora, con la segunda vuelta, tendrá nueva oportunidad.
La historia suele hacer esas “jugadas”. Y un hombre de letras tiene todo el derecho de partir de datos de la realidad para conjeturar situaciones dramáticas, que pueden tener, luego, corroboración. O no. Se leyó, días atrás, que una dirigente política que estuvo en Santa Rosa dijo conocer la fecha de extinción del actual gobierno nacional y del proyecto que encarna. “El kirchnerismo tiene fecha de vencimiento”, fue su expresión.
Mi primer pensamiento fue decirme que todo lo que existe tiene fecha de vencimiento pero que cierta piedad final de la Vida consiste en no comunicarla. Si conociésemos la fecha fija de nuestro final, la existencia personal (y la sociedad toda) sería un infierno. Pero el político gusta de elaborar metáforas a través de las cuales expresa sin saberlo, el “tamaño de su esperanza”, para decirlo con frase conocida. Si bien la dirigente visitante mencionó luego la fecha 2015, evidentemente ella no se refería al proyecto K, sino a una fecha conocida por todos: que en ese año concluye el período constitucional del actual gobierno. Se sabe que los kirchneristas convencidos imaginan un final más distante para su proyecto. También hay quienes, desde hace años, vienen escribiendo “andate” o “morite Cristina”. La presidenta tiene fecha fija para el final de su mandato, pero es conjeturable que sus expectativas de vida van más lejos y hasta es posible que teja fantasías sobre un retorno personal a esas funciones. Sabemos que “contra el destino, nadie la talla”, pero personalmente tengo mis dudas respecto de la realidad del destino, ya que, aceptarlo llevaría a admitir que el futuro está configurado y es inmodificable. El destino, como toda creencia, toma entidad después del suceso.
Lo significativo en política es asimismo el suceso o acontecimiento, lo ya sucedido. En Chile el suceso verificable es que la Bachelet derrotó a la Matthei por más de 20 puntos en primera vuelta. Si bien el lapso para la segunda vuelta es muy breve, los factores que determinan un acontecimiento son siempre muchos y nunca conocemos todos ni podemos predecir como confluirán en un momento para producir el nuevo suceso. Así es la vida.
Atentamente:
JOTAVE