Una obra y un reclamo de acción firme y clara

La última conferencia de prensa convocada por la Fundación Chadileuvú y lo dicho en ella no dejan de ser, cuanto menos, inquietantes, especialmente si se considera que la entidad siempre ha sido coherente y previsora en sus críticas y llamados de atención, a menudo ignorados por el gobierno. En esta oportunidad, ha sido clara al dar un toque de alarma sobre las intenciones mendocinas en cuanto a la distribución del agua y la construcción y manejo de obras en la cuenca del río Colorado. La reciente adjudicación de fondos nacionales a través del Presupuesto para el próximo año para la iniciación del proyecto ejecutivo de una obra todavía no aprobada por el comité de cuenca respectivo, el Coirco, acentúa la desconfianza para con los manejos cuyanos.
El tema, que puede parecer repetitivo, se justifica ante la inflexible política mendocina, coherente con su tradicional postura de apropiación y manejo de los recursos hídricos, basada en la irracional idea de que los cursos de agua nacen en su territorio. En las últimas manifestaciones al respecto de sus dirigentes, dan por tierra con el concepto básico de la autoridad de cuenca al pretender el manejo efectivo de la futura obra de Portezuelo del Viento , en lugar de dejarlo -como corresponde-, en manos del Coirco. También han insistido en la increíble propuesta de entregar el agua del Atuel que corresponde a nuestra provincia a través del trasvase desde el río Grande, pero restándola del cupo asignado a La Pampa por el tratado del Colorado.
Se debe reconocer, sin embargo, que las chicanas y propuestas mendocinas se corresponden en parte con la zigzagueante política pampeana en la materia, que avalara las negociaciones con los “hermanos mendocinos” y que nunca condujeron a nada concreto. El gobierno provincial necesitó años de desaires para comprobar que las conversaciones con los cuyanos eran simples dilaciones. Además, no es aventurado considerar que las actitudes individuales de las provincias han ido desvirtuando en los hechos el Tratado del Río Colorado. Al respecto basta señalar la posición mendocina relativa a la ampliación progresiva del trasvase en la alta cuenca, la negativa de Río Negro a dar servidumbre de paso al trasvase de la cuenca inferior, compensatorio del otro, y la ficción de funcionamiento del Consejo de Gobierno del Coirco, que ha pasado más de una década sin reuniones efectivas de los gobernadores de las provincias integrantes de la cuenca, tal como indica la ley. Por cierto que resulta preocupante esta endeblez del tratado, poco efectivo después de casi cuarenta años de su firma y ratificación. A ello se suma la falta de coherencia del gobierno nacional, que en sus distintas manifestaciones parece más influido por el peso político de los actores que por el proceder equitativo que corresponde a una administración federal.
Ante una situación como la expuesta, a La Pampa no le queda otro camino ante los avances por Portezuelo del Viento que una acción firme y clara, tanto en el orden nacional como en lo que respecta a los estados condóminos del río, que han permanecido un tanto indiferentes a su funcionamiento al no haber experimentado perjuicios directos. Lamentablemente, nuestra provincia sí los ha tenido y ha sufrido dos tremendos golpes sucesivos en los casos del Atuel y el Salado-Chadileuvú, que aparecen como epítomes de la falta de políticas integrales en el país, pero también de mezquindad e indiferencia de las provincias arribeñas para con las de aguas abajo. Esas actitudes le costaron a La Pampa y a la Argentina decenas de miles de kilómetros cuadrados de miseria y desertificación. Un mínimo sentido común gubernamental debe obrar de inmediato para que estos amagues sobre el Colorado no den pie a futuras acciones que conduzcan a similares consecuencias.