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Utiles en cuotas

Si hubo un rasgo que destacó al país desde sus mismos inicios como Nación ese fue la enseñanza pública. Ese logro que nos destacaba en América Latina y aún en Europa, fue respetado prácticamente por todos los gobiernos. La excepción fue el macrismo neoliberal que desde su misma asunción demostró indiferencia y hasta desprecio por la educación pública. No hay más que recodar aquella despectiva expresión presidencial: «caer en la escuela pública» o la incumplida promesa de construir nuevos establecimientos educacionales y jardines de infantes o el lamentable estado en que se encuentran centenares de escuelas, abiertas a la posibilidad de una tragedia como la que ocurrió en Moreno el año pasado.
Pero hoy el gobierno se vuelve a superar. La brutal inflación -esa que tan fácil sería solucionar- ha llevado al pueblo argentino al vergonzoso extremo de no poder adquirir los útiles elementales para que los chicos y chicas concurran al colegio. Para peor, al hacer de necesidad virtud, el gobierno y la prensa oficialista destacan como un logro la compra en cuotas de esos elementos didácticos, algo nunca visto hasta el momento. Se trata de lo esencial para el proceso de aprendizaje, sin considerar libros y manuales o el clásico e igualitario guardapolvo, sutilmente ignorado en favor de los uniformes propios de la educación privada.
Por más que los medios adictos al gobierno lo disfracen con su retórica mentirosa, en los hechos el macrismo ha pasado a relativizar el derecho a la escuela pública; con un añadido: muchos niños y niñas acudirán este año a la escuela bajo el signo de la pobreza y la desnutrición, gracias también a las políticas de exclusión del macrismo.

Como en la colonia
La reciente gira presidencial por el Lejano Oriente, en procura de inversiones e intercambio comercial, desnudó el atraso argentino en cuanto a la tan promocionada «inserción en el mundo». Por más que los titulares de los medios oficialistas destaquen la concreción de logros, lo cierto es que nuestro país colocará frutas y huevos y comprará en cambio manufacturas industriales. Ese tipo de intercambio nos retrotrae a los tiempos de la colonia -200 años atrás- y ratifica el pobre lugar que ocupa Argentina, relegada a proveedora de materias primas sin valor agregado.
Uno de los socios en este intercambio -Vietnam- ofrece equipos electrónicos y envasados marinos a cambio de aquellos toscos productos agrícolas. Semejante perspectiva pone de relieve una indiferencia absoluta hacia la producción industrial nacional, la cual ha sido castigada como nunca antes por las políticas de apertura indiscriminada de la economía impulsada por el macrismo.
De tal modo, la Argentina que había comenzado a competir en el mundo en materia de tecnología satelital, construcción naval y reactores nucleares, entre otros rubros, vuelve a retroceder bajo este neoliberalismo semicolonial ofreciéndose ahora como proveedora de naranjas, pomelos, mandarinas y huevos. No podía ser otro el resultado luego de la apuesta a la reprimarización de nuestra economía bajo la alianza Cambiemos.