Variante del final de un fiscal llamado Nisman

Señor Director:
Se ha conocido una nueva vuelta de tuerca al caso suscitado por la muerte del fiscal Nisman, considerado inicialmente suicidio y ahora como asesinato consumado por un comando homicida.
Para el columnista Raúl Kollmann estaríamos en la repetición de la situación imaginada en la comedia italiana denominada La Armada Brancaleone, que dio lugar a una película muy celebrada de 1966. Su escenario es la Edad Media en época de cruzadas, pero el héroe, que atrae a un grupo de bandoleros, es la contrafigura del mítico cruzado que buscaba rescatar el Santo Sepulcro, entonces en manos de mahometanos. Este personaje sin miedo y sin tacha, es reemplazado por alguien que se propone recuperar un feudo, que dice haberle sido arrebatado y que atrae a dichos bandoleros y se lanza a una aventura llena de situaciones cómicas, en la que el miedo de todos ellos, incluido el jefe, es de presencia constante, así como sus planes de acción son siempre disparatados.
Con esta referencia, Kollmann descalifica el reciente dictamen de Gendarmería Nacional sobre la causa de la muerte del fiscal. La ve inaceptable, en particular, según puntualiza, porque le resulta increíble que ese comando homicida tan experimentado haya podido admitir el uso de la pistola 22 (que Lagomarsino prestó a Nisman a pedido de éste) cuando no podía ignorar que ese arma frecuentemente no produce la muerte inmediata del suicida como le habría sucedido a Nisman, pues los anteriores expertos que intervinieron en el caso (incluso los de la Corte Suprema) dan cuenta de que el fiscal debió pasar un proceso de agonía. Dado que el informe de Gendarmería admite la intervención de Lagomarsino, se hace menos admisible que éste dejara en el lugar un arma registrada como propia. También señala que el informe de Gendarmería sostiene que el presunto comando asesino usó previamente, para reducir al fiscal, la droga ketamina, un anestésico que nadie usa hoy porque no duerme bien y produce alucinaciones. Infiere que éstas y otras acciones impropias de un comando experimentado solo cierran “con la farsa que le ordenaron montar a Gendarmería”.
La hipótesis del crimen en lugar del suicidio que los expertos que actuaron antes dictaminaron, trata de producir un giro en la orientación de las investigaciones, generando la posibilidad de que haya existido quien contratase al “comando sofisticado”. Dado que en la etapa inicial del caso hubo un intento responsabilizar por la muerte de Nisman a los sirios, los gobernantes del momento de la muerte de Nisman se inclinaron por negociar con Irán para poder indagar a los sospechados en términos acordados que finalmente Irán no cumplió. Esos gobernantes procuraron probar o abandonar la hipótesis de que el atentado fuese obra de un comando iraní y no de sirios, como había sido la orientación inicial de la pesquisa (gobierno de Menem, de origen sirio). Nisman tuvo a su cargo la pesquisa por largos años hasta que de pronto pareció aceptar la pista iraní y dedujo que el gobierno de entonces (el de los Kirchner) cometía traición al negociar con el gobierno de Teherán. Conviene recordar que lo que ese gobierno intentó fue abrir un camino para que los iraníes sospechados pudiesen declarar ante un juez argentino.
Si bien acepté y sigo aceptando como posible la muerte de Nisman por suicidio, he dicho que el caso salió del ámbito nacional y pasó a ser materia de operaciones de inteligencia, ya para inculpar ya para exculpar a Irán. Sabido es que Irán fue y sigue siendo ahora el enemigo de cuidado para la seguridad de Israel en Medio Oriente, tesis que comparte la inteligencia de Estados Unidos, siendo este país un aliado de hecho de Israel, al que ha suministrado un arsenal nuclear. Ahora repito que el atentado, al pasar a ser materia de la lucha de inteligencia, entró en un terreno que no permitirá su esclarecimiento. Es lo que sigo pensando.
Atentamente:
Jotavé