Vaticinio certero

Las fuertes lluvias que azotaron el territorio pampeano obligaron a mirar otra vez la inconclusa “Obra de los daneses” con renovada esperanza. Luego del abandono en que estuvo sumida durante largos años, y con su segunda etapa todavía en deuda, vuelve a aparecer como un instrumento válido para mitigar los daños provocados por las inundaciones. En la plana superficie de nuestro este provincial, las muy bajas pendientes impiden la formación de un sistema eficiente de drenaje natural que evacue los excesos de agua que caen con tanta intensidad en tan corto tiempo, de ahí la necesidad de obras hidráulicas que contribuyan a atemperar los perjuicios.
En este escenario complicado, resulta positiva la coincidencia del gobierno provincial y de diputados nacionales del radicalismo a fin de incorporar la ampliación de esta obra en el presupuesto nacional 2017. Se descuenta que también contará con el apoyo del macrismo lo cual seguramente simplificará las tramitaciones en la siempre difícil Buenos Aires. El ciclo húmedo que afecta a todo el país, y que ha provocado severos problemas, puede obrar como un factor que termine de convencer sobre la necesidad de no demorar más el financiamiento de las etapas que todavía restan concluir.
Pero lo que también cabe esperar es que se haya aprendido la lección y que no haga falta volver a sufrir las duras consecuencias de una inundación para tomar nota sobre la necesidad de mantener en buen estado las obras hidráulicas realizadas y, además, apurar su finalización. A principios de año este diario había advertido sobre la situación de abandono en que se encontraba la “Obra de los daneses”, y un conocido especialista en hidrología, quien llamó la atención porque el sistema nunca fue objeto de tareas de mantenimiento, lanzó una advertencia que resultó certera: “cuando venga una inundación grande vamos a tener un problema”. Lamentablemente, tuvo razón.

Pymes en picada
Los números siguen siendo catastróficos para las pequeñas y medianas empresas según se puede ver en el informe de la CAME correspondiente a septiembre. Casi la mitad de ellas trabajó a pérdida con respecto a agosto y solo el 15 por ciento pudo mostrar ganancias. Pero lo más demoledor para el sector es que durante todos los meses del año ha venido sufriendo caídas en la producción y nadie vislumbra que este panorama pueda cambiar en el corto plazo.
Las Pymes pueden muy bien considerarse un termómetro de las políticas económicas de un gobierno. Básicamente dependen del mercado interno y por lo tanto son muy sensibles a la situación económica general de la población. Este oscuro presente que están viviendo no es otra cosa que la consecuencia directa de las medidas adoptadas por el gobierno de Cambiemos desde su asunción.
Hasta el año pasado el sector venía mostrando, en términos generales, un vigoroso crecimiento en virtud de políticas que privilegiaban el consumo popular. Las estadísticas de los últimos años reflejaron una evolución positiva de la salud de las Pymes a partir de políticas activas del Estado con respecto a protección de la industria nacional, del empleo y del consumo interno. Eso cambió radicalmente con la llegada del macrismo que comenzó a privilegiar a otros sectores económicos mucho más poderosos en desmedro de los pequeños empresarios. El drástico desequilibrio que hoy se observa es producto de ese cambio de paradigma. Hoy los que festejan son los grandes productores agropecuarios, los exportadores de cereales, los bancos, las mineras o las compañías gasíferas, es decir, la elite económica del país. Hacia ellos se ha transferido una enorme masa de recursos a expensas de las Pymes, los asalariados y los jubilados, que son los que están pagando el costo de la fiesta de los poderosos.

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