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Vecinos rehenes

Los usuarios del sistema de transporte público de pasajeros de Santa Rosa se encuentran rehenes de una situación que los desborda y, a la vez, les genera serios trastornos en su vida diaria. Todos los meses, indefectiblemente, la empresa que presta el servicio demora el pago a sus trabajadores y estos afrontan el reclamo con medidas de fuerza que resienten, o paralizan, el servicio.
La dirigencia del sindicato acusa a la empresa por el injustificable atraso en abonar los salarios y a la municipalidad por no aplicar sanciones ante esas faltas. El intendente asegura que paga en término y se labran actas de incumplimiento. Y la empresa, lisa y llanamente, no da explicaciones; ni siquiera contesta los llamados del periodismo.
Así, en ese fuego cruzado de un diálogo de sordos, los que más sufren son los miles de vecinos que deben soportar un calvario para concurrir a sus trabajos y sus hijos que deben acudir a la la escuela o el colegio.
El intendente salió públicamente a refutar al gremio y señaló que sanciona a la empresa. No deben ser demasiado costosos tales apercibimientos porque todos los meses, con puntualidad inglesa, el problema se repite sin solución de continuidad, al igual que los intercambios de acusaciones.
Como si Santa Rosa no tuviera ya suficientes problemas -con sus redes cloacales, pluviales y de agua potable colapsadas- este otro viene a añadir más sufrimiento a la población capitalina. Como una bola de nieve que se agiganta a medida que desciende por una ladera, así está hoy la capital pampeana, cruzada por infinidad de problemas que se van agravando con el paso del tiempo sin que sus autoridades acierten a aplicar los correctivos necesarios. Hasta una obra sin demasiadas dificultades como el trasvase de la Laguna Don Tomás al Bajo Giuliani se embrolló innecesariamente porque al Ejecutivo municipal se empecinó en una traza más compleja que la alternativa planteada por una calle de tierra con mucho menos infraestructura subterránea.
Es evidente que la gestión comunal que se está despidiendo no quedará en el recuerdo de los vecinos por sus aciertos.

Problemas barriales
Una de las más notables expansiones del tejido urbano de Santa Rosa es la que se proyecta hacia el este, a partir de la avenida que circunvala la ciudad. Los barrios surgidos con esas urbanizaciones son de una magnitud notable y añaden dificultades en lo que concierne a la extensión de los servicios municipales.
Sin embargo una de esas responsabilidades -acaso de las más sencillas- aparece con poca o escasa resolución: se trata de la presencia de árboles en las veredas y también en los lugares de uso público como los denominados -no sin exageración- espacios verdes. Con un clima como el nuestro, con veranos tórridos y frecuentes sequías, tal como se insinúa el actual, el árbol urbano aparece como una necesidad ambiental, además de constituirse en un elemento estético y funcional.
Sorprenden en esos barrios la presencia de tantas cuadras con muy pocas o ninguna planta y conviene recordar que la ciudad cuenta con una dependencia y profesionales quienes, con muy poco esfuerzo, podrían asesorar en el uso de las especies vegetales más convenientes. Por otra parte, en forma comparativa, difícilmente las variedades más adecuadas sean de costo muy superior a las discutibles palmeras que se han plantado en el acceso a la ciudad.
Otro aspecto a tener en cuenta, tanto en materia estética como de cuidado ambiental en esos barrios santarroseños, es la proliferación de desechos de plástico que suelen desparramarse a merced de los vientos y cuya presencia obedece a un evidente descuido de los vecinos y a la ausencia de controles municipales. Queda claro que un seguimiento más esmerado de estos y otros problemas menores que se advierten mejoraría el paisaje urbano y la calidad de vida de ese vecindario.