Inicio Opinion Venezuela vivita y coleando, pese a Trump y el Cartel de Lima

Venezuela vivita y coleando, pese a Trump y el Cartel de Lima

ASUMIÓ LA NUEVA ASAMBLEA LEGISLATIVA NACIONAL

Asumieron los 277 integrantes de la Asamblea Legislativa, electos en los comicios del 6 de diciembre. Donald Trump tendrá que digerir este golpe final a su proyecto regional.
SERGIO ORTIZ
El 6 de diciembre pasado se eligieron democráticamente los 277 miembros de la Asamblea Legislativa de Venezuela, que duran 5 años en sus cargos.
El sector más proyanqui de la oposición, nucleado en torno al «presidente encargado» Juan Guaidó, llamó al boicot argumentando que el gobierno de Nicolás Maduro es una «dictadura» y habría «fraude». 107 listas del oficialismo y partidos opositores menores presentaron más de 14.000 candidatos, entendiendo que era una elección válida e institucional.
Además de numerosos observadores nacionales e internacionales, se sabe que el sistema electoral venezolano tiene una bien ganada fama de seguro y democrático. Observadores de la Fundación James Carter así lo elogiaron en comicios anteriores. Ya van 25 elecciones desde la primera que ganó el gran Hugo Chávez en diciembre de 1999 y la oposición nucleada en la Mesa de Unidad Democrática solamente triunfó dos.
Una de esas derrotas del chavismo ocurrió en las legislativas de diciembre de 2015 y los mandatos de esos legisladores vencían ahora: de allí la necesidad y legalidad del comicio del 6 de diciembre.
Ese boicot sin argumentos del «encargado» Guaidó fue parte de la campaña organizada por Mike Pompeo, secretario de Estado, y el núcleo duro del Cartel de Lima expresado en Colombia, Brasil y Chile. En medida algo menor, la Unión Europea y su representante de Exteriores, Josep Borrell, también secundaron al abstencionismo.
A pesar de tantas posiciones antidemocráticas, las elecciones se hicieron y fueron ganadas ampliamente por el Gran Polo Patriótico Simón Bolívar, cuyo núcleo es el Partido Socialista Unificado de Venezuela, PSUV, con 4.227.926 votos, 67,6 por ciento del total. La opositora Alianza Democrática tuvo el 17,9 por ciento y porcentajes menores otros concurrentes, entre ellos la APR del PC de Venezuela.
Fueron comicios ejemplares en un sentido y limitados en otro. Nadie pudo denunciar ni argumentar la comisión de una irregularidad o delito. Los resultados fueron rápidos: el 84 por ciento había sido escrutado en la noche del domingo por el Consejo Nacional Electoral de Indira Alfonzo. Eso contrasta, por ejemplo, con el mes que se pasaron los norteamericanos sin saber quién había ganado, si Trump o Joe Biden.
En otro sentido no fue ejemplar, porque la concurrencia fue modesta: 32 por ciento del padrón. Las ausencias no se debieron a un acatamiento popular al boicot proclamado por Guaidó sino a descontento de una parte de la población por las necesidades económicas irresueltas, los errores del gobierno, alta inflación, etc.
Como sea, en diciembre los venezolanos votaron y ganaron los candidatos chavistas. En ese sentido perdió Guaidó, y sobre todo su dueño político, la administración Trump, y la menguada OEA de Luis Almagro.

Nueva Asamblea.
La distribución de bancas de la nueva Asamblea fue según los votos recibidos: 256 para el chavismo y 21 para opositores. Todos asumieron el 5 de enero en una ceremonia donde Diosdado Cabello propuso una nueva mesa de ese Legislativo presidida por Jorge Rodríguez, exministro de Comunicación. El grueso de los legisladores votó por esas flamantes autoridades y Rodríguez dio su primer discurso, con una línea política que demuestra la buena intención gubernamental. Dijo: «debe haber reconciliación pero sin amnesia, perdón sin olvido y expresión democrática. Hay crímenes que deben ser pagados, crímenes contra los más humildes y contra el pueblo».
Según Rodríguez, pronto la Asamblea formará una comisión para fomentar el diálogo político en busca de esa reconciliación con la oposición.
Con una parte de aquélla podría ser que ese diálogo comience, porque no se plegó al boicot. En cambio, con el sector de Guaidó será imposible dialogar porque el 26 de diciembre resolvió prorrogar sus mandatos que vencían en pocos días, continuar con la figura del «presidente encargado» y formó nuevas comisiones para mantener la ficción de un gobierno paralelo.
Esa es una fuerza en retroceso. Nada que ver con la amplitud que tenía en 2016 y 2017, cuando era mayoría en la Asamblea Legislativa. Desde 2019, cuando fue puesto por Washington como «presidente» y prometió sacar del Palacio de Miraflores a Maduro, sin lograrlo, su poder se fue evaporando. Más aún cuando quedó muy evidente que era un títere del imperio y el bloqueo impiadoso contra Venezuela, que provoca grandes sufrimientos populares. Además, ese encargado era parte de planes de intervención militar elaborados en EEUU y la Colombia de Iván Duque, con mercenarios y empresas de seguridad yanquis como Silvercorp, que intentaron desembarcos golpistas en Venezuela. Un plus: muchas denuncias de corrupción salpicaron a Guaidó.
Por eso esas decisiones del títere de prorrogar mandatos fueron tomadas en reuniones de sólo 55 diputados que finalizaban su turno legal. El 5 de enero, mientras la Asamblea Legislativa real veía asumir a Rodríguez y demás legisladores, que reponían los cuadros de Simón Bolívar y Chávez (retirados por la MUD en 2016), Guaidó y pocos de los suyos hacían una reunión virtual para informar que seguían en sus cargos, ahora más ficticios que nunca, por al menos un año más.
Lo único que pudieron informar es que el Departamento de Estado, de míster Pompeo, les había extendido un certificado de validez. Canadá, Japón y el Cartel de Lima también mantuvieron su reconocimiento. Sin subestimarlos, ese coro parece una suma de estertores, comenzando por Trump, que está por las valijas de la Casa Blanca. Entre los patadones recibidos en los glúteos, aunque no lo admita, están los propinados desde Caracas. El neofascista, Jair Bolsonaro y Mauricio Macri apostaron todo contra Maduro y han fracasado, con estrépito, ridículos.
Ahora habrá que ver la política de Biden hacia el país sudamericano. Miraflores, la Asamblea Legislativa y la Fuerza Armada Nacional Bolivariana están con la guardia alta, por las dudas.
Claro que Maduro no la tendrá fácil en 2021. Además de aclarar por qué fue tan bajo el porcentaje de votantes deberá esclarecer y superar errores políticos y burocráticos de su gobierno. Lo más grave y complejo es la economía, de hecho semidolarizada y con una inflación anual del 3.045 por ciento y una baja de los ingresos petroleros (según el presidente, por el bloqueo, cayeron de 56.000 millones de dólares a 500 millones). Apuesta a una «ley anti bloqueo», a poner en marcha por la nueva Asamblea, para que inversores extranjeros puedan asociarse e invertir en empresas estatales, ayudando a la reactivación.
El socialismo del siglo XXI pregonado por Chávez ahora parece querer imitar ciertos aspectos privatistas del socialismo con peculiaridades chinas. A Beijing le fue bastante bien. A la émula caribeña está por verse.