Inicio Opinion Ver al dólar quieto es la única obsesión de Mauricio Macri

Ver al dólar quieto es la única obsesión de Mauricio Macri

EL ALEPH PRESIDENCIAL

Después de haber dicho que la inflación mide la incapacidad de un gobernante y prometido la pobreza cero, lo más sensato que podría hacer Macri es imitar a Federico Luppi en la escena cumbre de «Tiempo de revancha».
POR HORACIO VERBITSKY
Autoritario pero ineficaz, Carlos Argentino Macrì, cree posible ver el orbe en un punto, que es el dólar quieto.
Borges presiente a Macrì, de «actividad mental apasionada, versátil y del todo insignificante», rodeado «de teléfonos, de telégrafos, de fonógrafos, de aparatos de radiotelefonía, de cinematógrafos, de linternas mágicas, de glosarios, de horarios, de prontuarios, de boletines…»
En la casa de la calle Garay donde murió Beatriz Viterbo, su primo Carlos Argentino Daneri le revela al desconsolado Borges que en un ángulo del sótano hay un Aleph. Le explica que el Aleph es el lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos. Borges colige que además de un mediocre pomposo Daneri es loco. Pero cuando según sus instrucciones se tiende de cúbito dorsal en el sótano oscuro, también él ve la esfera tornasolada del Aleph, de fulgor casi intolerable, e intenta la vana «enumeración, siquiera parcial, de un conjunto infinito».
En no más de tres centímetros, descubre el espacio cósmico, sin disminución de tamaño. La enumeración es previsiblemente extensa.
Borges lo ayudó con una botella de coñac y Daneri emprendió, «al cabo de unas copas, una vindicación del hombre moderno.
-Lo evoco – dijo con una admiración algo inexplicable – provisto de teléfonos, de telégrafos, de fonógrafos, de aparatos de radiotelefonía, de cinematógrafos, de linternas mágicas, de glosarios, de horarios, de prontuarios, de boletines…».
Acicateado por la sorna de Borges, Carlos Argentino le lee una estrofa de su poema La Tierra, que es «una descripción del planeta». Borges comprendió «que el trabajo del poeta no estaba en la poesía; estaba en la invención de razones para que la poesía fuera admirable». La «dicción oral de Daneri era extravagante; su torpeza métrica le vedó, salvo contadas veces, transmitir esa extravagancia al poema».
El cuento se publicó en 1945, trece años antes del nacimiento de Maurizio Macrì y cuando aún faltaban dos para que Ecuador diera al mundo a Jaime Durán Barba.
Nosotros dejamos aquí a Beatriz Viterbo y a Carlos Argentino Daneri y seguimos la deriva del ingeniero Maurizio Macrì. «Es autoritario, pero también es ineficaz», describe Borges a su personaje. «A dos generaciones de distancia, la ese italiana y la copiosa gesticulación italiana sobreviven en él. Su actividad mental es continua, apasionada, versátil y del todo insignificante. Abunda en inservibles analogías y en ociosos escrúpulos». Como Daneri, Macrì también atesora un Aleph en el sótano.

La versificación de todo el planeta.
Ese punto único que obsesiona a Macrì es el control de la cotización del dólar dentro de una banda prefijada por el Fondo Monetario Internacional y sus operadores en el Ministerio de Hacienda y el Banco Central. Esa reducción del vasto mundo a un punto, se demuestra una y otra vez tan ilusoria como «la versificación de todo el planeta» de Carlos Argentino Daneri.
En ese lugar que Macrì eligió como reparo, se refleja todo el universo que el presidente preferiría ignorar. El coma es profundo, rama por rama de la economía, con parámetros que sólo se comparan, y no todos a favor, con los de 2001/2002. Se sabía que ese sería el resultado desde que el moderno Procusto que es el FMI dictó su plan Doble Cero, para cortar de un sólo tajo el déficit fiscal, la emisión monetaria y la actividad económica.
Ante el reclamo atronador de todas las cámaras patronales, sin excluir a los amigos de la casa, el gobierno comenzó un gradual pero persistente descenso de las tasas de interés que les paga a los bancos por las Letras de Liquidez que sólo ellos pueden atesorar, a diferencia de las plebeyas Lecaps, que inflaron todas las carteras. Como describió aquí Sebastián Soler en noviembre ,»el dólar en coma inducido, las tasas en pesos por las nubes, los capitales especulativos de regreso, el riesgo país en niveles prohibitivos» conforman «un estado de cosas distinto al de los peores meses de la corrida pero demasiado parecido aún al de los meses previos que la gestaron. La teoría económica ofrece otra metáfora zoológica, menos divulgada que el cisne negro, para describir esa situación: el hipopótamo gris: Un fenómeno con la misma capacidad de daño del cisne negro, pero que, en lugar de ser inesperado y súbito, puede advertirse a simple vista y avanza lenta pero inexorablemente hasta aplastar a los incautos que eligen ignorarlo». Que nadie diga que no le avisaron.
El FMI y sus operadores Nicolás Dujovne y Guido Sandleris se animaron a bajar en forma gradual la tasa de interés, con el propósito de resucitar algunas ramas de la industria, aprovechando que el dólar cotizaba por debajo de la banda y eso les permitía recomponer reservas a razón de 75 millones diarios. Arrancaron por encima del 70% y bajaron hasta el 40%. En ese momento el yacaré se desperezó y una parte de los pesos colocados en plazo fijo inició el regreso hacia la cueva verde. El dólar rozó los 42 pesos y, mientras Macrì emulaba a Carlos Argentino Daneri con frases célebres en Dheli, los nerviosos guardianes del sillón volvieron a empujar la bicicleta financiera del carry trade, en un arbitraje entre la tasa y el dólar que es tan vieja como la restricción externa y el avance del stop & go, que se repite como una cíclica pesadilla borgiana al menos desde 1952. Plan picapiedra lo llamó el amigo presidencial Carlos Melconián, a quien no se le puede negar vitriólico ingenio. La tasa volvió al 50% y seguirá subiendo todo lo que sea preciso para maniatar de nuevo al dólar, el mirador único de Macrì/Daneri. Este es la clase de animal que tropieza con la misma piedra.

Bajar para arriba.
Dijo que no haría más pronósticos, que sólo perseveraría en el único rumbo posible, pero un mes después estaba anunciando que la inflación comenzaba a bajar y que se avecinaba el crecimiento. No pasaron 24 horas para que el Indec anunciara que tal como en el primer año de Cambiemos, la inflación volvía a bajar hacia arriba. El 3% de enero parece deseable en comparación con el 3,3% que ya se vaticina para febrero y hasta sus mejores amigos le advierten que no habrá crecimiento perceptible en los meses preelectorales.
No fue el único ángulo del universo que mostró el Aleph presidencial.
Las distintas tendencias peronistas se unieron en la comisión bicameral del Congreso para rechazar los tres DNU de Macrì: uno sobre extinción de dominio, otro de creación de una agencia nacional del deporte y el tercero de cesión del espectro radioeléctrico del satélite Arsat.
Igual que con las causas contra Cristina, al gobierno le interesa poco el resultado. Se trata de menoscabar a la oposición y presentar al macrismo como improbable adalid de la transparencia y la honestidad. Si ambas cámaras confirman el rechazo, la propaganda oficial dirá que el peronismo se une en defensa de la corrupción y que el único antídoto es darle al presidente un segundo mandato y mejorar la relación de fuerza en el Congreso. Las megacausas que instruyen Stornelli y el doctor Glock desembocarán en sendas nulidades y hasta es posible que los instructores terminen instruidos. Pero esto ocurrirá dentro de un par de años y entretanto las redes oficiales machacarán con el tema para fidelizar el núcleo propio y cazar algún incauto al paso. No obstante, el rechazo legislativo debilita a Macrì porque pone en duda la gobernabilidad, cosa que los observadores internacionales, tanto económicos como políticos, toman muy en cuenta.
Desde el Aleph, Carlos Argentino también ve la sala de acuerdos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Allí el bloque justicialista conformado por Juan Carlos Maqueda, Horacio Rosatti y Ricardo Lorenzetti prosigue la cocción a fuego lento del gobierno que creyó controlar el tribunal con la designación para presidirlo de Carlos Fernando Rosenkrantz. Por el contrario, se le ha escapado por completo de las manos y lo único que queda son las rencillas entre los operadores que se acusan por esta notable chapuza. Ese bloque mayoritario acaba de ordenar que el Estado Nacional le devuelva a la provincia de San Luis 1.500 millones de pesos que desde 2006 le fueron detraídos de la coparticipación federal.
Como un boxeador sentido, el gobierno sonríe y deja saber que esa suma no afecta el esfuerzo por alcanzar el déficit cero y que no la pagará de inmediato, sino que abrirá un proceso de negociación con la provincia cuyo gobierno ahora se disputan los hermanos Adolfo y Alberto Rodríguez Saa. Es posible, pero la señal de que el Poder Ejecutivo también tiene enfrente una Corte Suprema hostil también es anotada por el virrey italiano Roberto Cardarelli. Sobre todo porque en la cola después de San Luis está Santa Fe, que no reclama 1.500 sino 45.000 millones de pesos, o 18.000 millones de dólares. Esta vez, el Estado Nacional ni siquiera tendrá un representante en la discusión, ya que Rosenkrantz deberá excusarse, porque junto con Ricardo Gil Lavedra, fue uno de los abogados de Santa Fe en el juicio.
Además, desde el Aleph se observa con inquietud la agenda de temas a tratar por la Corte Suprema en lo que resta para las elecciones. Ni olvido ni perdón, se oye a lo lejos.

Primarias pampeanas.
Los resultados de las primarias pampeanas tomaron al gobierno nacional por sorpresa. Pensaban que el disciplinado macrista Carlos Mac Allister vencería con sus globos y su libreto pum para arriba al radical Daniel Kroneberger, y sólo les preocupaba la distancia. Perdieron 2 a 1 y el candidato triunfal atribuyó la caída de Mac Allister a su «relación directa con el Presidente», dada la «difícil situación nacional económica que atravesamos». Kroneberger rozó la herejía cuando agregó: «Hay que ver si Macrì va a ser el candidato y va por la reelección». Para peor, el candidato kirchnerista de Unidad Ciudadana prevaleció sobre el peronismo conversable para la intendencia de Santa Rosa.
Con una recobrada valentía, los aliados radicales aceleraron la toma de distancia del cuerpo político en descomposición del presidente, cuyas órdenes han dejado de ser deseos para quienes no lo abandonarán ni un minuto antes ni un minuto después. El Hada Buena no pudo resistir la presión del cajero central y desistió de desdoblar el calendario provincial de elecciones del nacional. Pero los radicales Alfredo Cornejo y Gerardo Morales adelantaron sus convocatorias provinciales. No están en condiciones de perder un solo voto por el lastre presidencial ni se preocupan por disimularlo.
Peor es lo que sucede en Córdoba, que fue clave en la victoria de noviembre de 2015 y amaga con serlo también en la derrota de 2019. Por lo pronto el Gringo Schiaretti ya no podrá engatusar a Carlos Zannini, haciéndole creer que en la elección provincial sus huestes votarían por el candidato del cordobesismo (del que habrá que ver que queda luego de la muerte de José De la Sota), pero que en la contienda presidencial volverá al redil kirchnerista. Y ni siquiera intentará convencer a nadie de que su esposa Alejandra Vigo garantiza la fiscalización para que (otros) no les roben los votos en el escrutinio. Así, el 70% de Macrì en Córdoba le dio la luz suficiente para devolver a Scioli a su rubio infierno doméstico. El viernes 22, cinco partidos que reconocen la conducción de CFK eligieron como candidato a gobernador al diputado y dirigente de la CTA, Pablo Carro. «Somos nosotros los que tenemos la llave para devolverle la felicidad al pueblo», alardearon.
Si esa alternativa merma la suma de peronistas que el ex ministro de Justicia Luis Angulo juntó para Schiaretti, la rebelión de los radicales asusta a Macrì. El intento de Marcos Peña Braun de imponer por teléfono la candidatura de Mario Negri rebotó contra la decisión del alcalde local Ramón Mestre de aspirar a la gobernación. Lo peor es que hasta el desdibujado ex ministro de las retenciones, Martín Lousteau, desafió en público al presidente, que confiaba en un comportamiento discreto como invitado en el paseo asiático. El ex joven radical Federico Storani reclama una interna de Lousteau contra Macrì, con ácidos conceptos sobre el fracaso de todas las políticas de Cambiemos. Se adivina en su voz fatigada cierta envidia por su ex correligionario Leopoldo Moreau, que en vez de Macrì invirtió su caudal alfonsinista en Cristina. Al menos Polo no es sometido a las humillaciones que padece el vicegobernador storanista de Buenos Aires, cuya reelección es puesta en duda a viva voz por el Hada Buena.
«Ganamos elecciones pero perdemos puestos», rezongan los radicales de los ministerios de Defensa y de Relaciones Exteriores, donde el coordinador del gabinete para Seguridad, Defensa y Relaciones Exteriores, Fulvio Pompeo, removió al protegido de Adalberto Rodríguez Giavarini, Horacio Chighizola, y colocó en su lugar a su principal colaboradora, la Prominente Paola Di Chiaro. En la Cancillería, Daniel Raimondi fue substituido por Gustavo Zlauvinen en el segundo cargo por debajo de Jorge Faurie, allí donde brilló el radical Pedro Villagra. En ningún lugar la entropía es más ostensible.
Después de haber dicho que la inflación mide la incapacidad de un gobernante y prometido la pobreza cero, lo más sensato que podría hacer Macrì es imitar a Federico Luppi en la escena cumbre de Tiempo de revancha.
Sin embargo, al desear que más argentinos pudieran visitar la India, Macrì exhibe «su mente porosa para el olvido»; como dice Borges, «bajo la trágica erosión de los años», que no se miden solo en el calendario.
Desde su Aleph, Macrì también ve una formación policial desarmando a garrotazos los puestos montados por productores de verduras cuyos precios de venta son inferiores a los crecientes costos de producción. Le llama la atención una mujer, de cabello gris, vestida con corrección, que da la espalda a la refriega y se inclina para recoger una berenjena caída junto a la estación de transbordo de Constitución, orgullo del alcalde Rodríguez Larreta, un especialista en tirar mucha pinta con mínima inversión. No sólo capturó el ojo presidencial. También el del fotógrafo Bernardino Ávila, golpeado y detenido por ello pero que alcanzó a transmitir su toma, que ya ha recorrido el mundo. Sintetiza en el afán de una persona el drama de una sociedad. El riesgo país volvió a pasar de 700. El gobierno sabe bien que no habrá inversión productiva alguna hasta que la sucesión de sus fracasos sea un mal recuerdo y otra presidencia encienda alguna ilusión. El temor es que ni las golondrinas capitalistas se posen en la city, por temor a terminar asadas como un vulgar gato callejero, bajo el título «Imágenes sensibles» con que los editores excitan el morbo de su audiencia.

Por la espalda.
Desde el Aleph, Macrì mira hacia el sur. Nunca entendió el interés de las Malvinas, sobre las que dijo algunas tonterías de niño bien. Por eso le sobresalta el ruido que hace el retirado coronel José Martiniano Duarte, a quien sus promotores presentan como héroe de las Malvinas, quien cree que «todo parece ser válido a la hora de humillar a las Fuerzas Armadas». Aludía así al presunto relevo de los militares de la administración de su obra social. No todo es lo que parece. En realidad, el ministro Oscar Aguad debió prescindir de su yerno, Rodrigo de Loredo, en represalia por presentar su candidatura a la intendencia de Córdoba en combinación con su actual titular, Ramón Mestre, cuando el PRO prefería al humorista Luis Juez, aún no repuesto de los duros combates perdidos contra la Mole Moli, que es tanto más gracioso. En la obra social no serán erradicados los militares, salvo algunos. Y Martiniano Duarte es, ante todo, uno de los capitanes carapintada que se alzaron en 1987 contra el orden constitucional, de acuerdo con el listado de la Corte Suprema de Justicia. Su condecoración «Al esfuerzo y la abnegación» le fue otorgada por el combate que lo enfrentó con el capitán inglés John Hamilton, quien recibió de su patria la «Gran Cruz de Victoria» post mortem. Es la más alta condecoración que discierne la pérfida Albion, y los documentos que guarda la familia de Hamilton dicen que cubrió a un camarada hasta que se quedó sin municiones, luego de lo cual fue muerto por la espalda.

Allí tampoco.
El secretario de derechos humanos y pluralismo cultural, Claudio Avruj, celebró que la Argentina haya sido designada vicepresidente del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. No dijo que cada región del mundo aporta una vicepresidencia, cuya titularidad es rotativa y no un reconocimiento a las políticas de cada Estado, porque de otro modo debería haber explicado qué hace allí Egipto.
En cambio la valoración política se aprecia en la elección de expertos independientes que cada Estado propone para cargos técnicos, en cuerpos como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. El año pasado, el candidato argentino Carlos Horacio de Casas perdió todas las votaciones: defensor de un represor de la dictadura en Mendoza y de banqueros del Opus Dei acusados de vaciamiento; doctrinario en contra de la derogación del desacato; partidario de restricciones a la libertad de expresión con base en argumentos religiosos y teológicos; opositor a la despenalización del aborto, claramente no daba el perfil requerido.
Este año, el propuesto fue el asesor de Avruj, Alfredo Mauricio Vítolo, otro experto en derecho corporativo y director él mismo de grandes empresas, propone desconocer las decisiones del sistema interamericano de derechos humanos y también se opone a la interrupción voluntaria del embarazo. Durante el debate del año pasado en el Congreso, fue uno de los expositores en defensa de lo que llaman las dos vidas. No obstante, acostumbra a dos de sus hijos menores a jugar con armas de fuego, o sus réplicas. La fotografía que él mismo publicó no permite discernirlo. Esta vez la candidatura ni siquiera llegó a tratarse, porque Avruj le indicó al ministro de Relaciones Exteriores Jorge Faurie que retirara esa candidatura que carecía de toda viabilidad.
«¿Eligió Carlos Argentino ese nombre, o lo leyó, aplicado a otro punto donde convergen todos los puntos, en alguno de los textos innumerables que el Aleph de su casa le reveló? Por increíble que parezca yo creo que hay (o que hubo) otro Aleph, yo creo que el Aleph de la calle Garay era un falso Aleph», escribe Borges sobre el final del texto. Entre otras cosas, explica, porque «como ha escrito Abenjaldún: En las repúblicas fundadas por nómadas, es indispensable el concurso de forasteros para todo lo que sea albañilería».
Carlos Argentino Daneri/Macrì quiere expulsar a buen número de esos forasteros. No le alcanzarán los nueve meses y doce días de mandato que le quedan para entender que también esa política expulsiva aproxima la corrida cambiaria que arrasará gobierno y Aleph de una sola vez.