Ver toda la realidad con dos ojos, para transformarla

LA SEMANA POLÍTICA

El escándalo de los cuadernos debe ser analizado y no minimizado. También debe ocurrir lo mismo con la dura realidad del ajuste que padece el pueblo. Que una cosa no tape la otra: lo mejor es una mirada abarcativa.
Sergio Ortíz
El sentido político de la ola de presunta corrupción que se destapó con los escritos de Oscar Centeno no es neutro. Hablando en criollo, pegó duro sobre todo en el mentón kirchnerista. Debe ser por eso que los aludidos minimizan la causa llamándola “de las fotocopias”, basándose en el hecho cierto que los originales no fueron aportados ni lo serán porque aparentemente fueron quemados por su autor.
También los kirchneristas quieren echar dudas sobre el tema argumentando que el exchofer era un militar retirado de baja graduación y su amigo, quien dio los papeles a Diego Cabot, de “Gaceta Ganadera”, era un policía también retirado y simpatizante de la dictadura militar-cívica. Ambos señalamientos son válidos, pero no quitan la posible veracidad al relato.
Más desafortunados fueron los comentarios de que Centeno hablaba como Minguito y escribía como Borges. Estela de Carlotto, en la misma dirección, dijo que el chofer escribía con una letra hermosa, deslizando la hipótesis de que los escritos no eran suyos sino impostados.
El problema que tienen todos quienes niegan en forma absoluta la posible veracidad de lo consignado en esos Cuadernos Gloria o Fotocopias, como se quiera llamarlas, es que a partir de allí hubo decenas de empresarios y exfuncionarios que declararon en Comodoro Py. Ellos confirmaron los pagos y coimas, y en varios casos autoincriminándose. Algunos pocos quedaron detenidos y otros, los más, ganaron provisoriamente la libertad delatando a otras personas y firmando acuerdos como “arrepentidos”.
Quiere decir que ya no están sólo las graves situaciones registradas por Centeno; en las últimas dos semanas se fue acumulando una información que en principio corrobora el tipo de delitos cometidos. Por supuesto hay que separar la paja del trigo, o los bolsos y valijas reales de las inventadas, y discernir bien quién pagó a quién y adónde fue el dinero.
Este cronista, cuyo corazón late a la izquierda y ha acompañado críticamente al kirchnerismo, cree que el grueso de la historia de coimas tiene verosimilitud. Aclara, no sólo en cuanto al kirchnerismo porque los negociados con la obra pública han caracterizado a prácticamente todos los gobiernos, pero también al kirchnerismo. José López, con bolsos con 9 millones de dólares ante el convento de General Rodríguez, donde fue detenido en 2016, es una pequeña muestra de esa costumbre de robar con los presupuestos del Estado.

Violaciones al debido proceso.
La detención de López estuvo bien realizada porque el exsecretario de Obras Públicas fue encontrado cometiendo un delito “in fraganti”, con las manos en la masa. O en los bolsos.
En cambio los numerosos detenidos por orden del juez Claudio Bonadío y el fiscal Carlos Stornelli, están todos mal aprehendidos, porque no había -al momento de esas órdenes “judiciales”- pruebas concretas en su contra.
No estaban los cuadernos originales. No estaba el dinero que supuestamente habían recibido o entregado. No había números de cuentas bancarias del país o el exterior al que esos recursos hubieran sido girados, ni bienes adquiridos con esa plata sucia. Nada. Nadita. Sólo palabras o líneas de casi perfecta escritura. Y con eso Bonadío y Stornelli lanzaron decenas de allanamientos y detuvieron a numerosas personas. Incluso el primero volvió a pedir el desafuero de Cristina Fernández de Kirchner y el allanamiento de sus domicilios, por ahora negado en la fallida sesión del Senado (Miguel Pichetto y otros siete del PJ, firmes en sus bancas junto al oficialismo).
Esas arbitrariedades del juez Glock y el fiscal Boquita, ambos del Macri team, trasuntan un interés no jurídico sino político partidario y gubernamental. Quieren decidir en las elecciones de 2019 golpeando a la oposición kirchnerista y favoreciendo la reelección de MM. No persiguen el interés de la justicia y mucho menos eliminar la corrupción, abundante maquillaje de la opereta, sino un objetivo preciso: si Lula da Silva está preso en Curitiba, que Cristina esté en un calabozo de Ezeiza o Marcos Paz.
¿Todos los jueces y fiscales son de esa calaña? No. Por suerte quedan unos cuantos funcionarios judiciales que cumplen con su función, aunque van quedando menos. Hace unos días fue destituido en la provincia de Buenos Aires el muy buen juez Luis Arias, quien había paralizado los tarifazos energéticos y dado la razón a peticiones de gremios docentes avasallados por la gobernadora María E. Vidal. También había cuestionado los decretos del PEN descuartizando la ley de servicios de comunicación audiovisuales y defendido los derechos humanos.
Aquella corporación judicial actúa en banda o asociación ilícita con el gobierno de los CEOs y el poder mediático de Clarín. Y en esta causa ha dado un pésimo uso de la flamante herramienta jurídica del arrepentido. Provoca asco verlos a Bonadío-Stornelli deteniendo personas, torturándolos con la perspectiva de quedar presos largo tiempo y perder familia y bienes sino delatan, para finalmente decidir “per se” si ellos vuelven al penal, a su casa o a un domicilio ignoto protegidos por escuadrones de los ministros Garavano o Bullrich.
Salvando las distancias, los torturadores de la ESMA y La Perla actuaban con parecidos criterios: “si lo sabe, cante”, “hablá o te doy Pentonaval”. La diferencia es que en Comodoro Py no usan picanas 220, pero igual sus víctimas sienten corrientes de intenso dolor.

Macri también.
El cronista lo reitera para que no haya equívocos: no pone las manos al fuego por ninguno de los salpicados en esta causa de corrupción, ni siquiera por CFK. Que ella y todos los acusados traten de demostrar su inocencia, lo que será imposible ante el juzgado y fiscalía que tienen la causa. Por eso fue muy correcto el pedido de la expresidenta para que el expediente pase a los magistrados Julián Ercolini o Sebastián Casanello que tienen otras causas en su contra. Lamentablemente el pedido de Oscar Parrilli de recusación a Bonadío ya fue desestimado por la Cámara Federal.
Todo eso agudiza el peligro concreto de que las detenciones ilegales que afectan el debido proceso se conviertan directamente en una cacería, con el Poder Ejecutivo diciendo a quién hay que detener y cuándo hacerlo. En ese caso varias de las denuncias posiblemente ciertas de los Cuadernos quedarán definitivamente atrás, usadas como mera excusa para perseguir y proscribir a una parcialidad política opositora. Y eso agrega una mancha más al discutible Estado de Derecho inaugurado el 10 de diciembre de 2015.
El otro costado de la realidad que hay que visualizar muy bien detrás de las operetas mediáticas y judiciales, es la responsabilidad de Mauricio Macri en la corrupción. Él se presentó ante los popes monopolistas de la Asociación Empresaria Argentina como un árbitro que podría dirimir sin el VAR las posibles maniobras ilícitas.
Falso. Él es parte de la corrupción como conspicuo integrante del staff de la “Patria Contratista” no sólo con Iecsa sino desde décadas antes, con Socma, Autopistas del Sol, Itron, Manliba, Correo Argentino y muchas otras firmas de su familia involucradas en negocios poco transparentes con el Estado.
Si las reglas de juego en esas contrataciones eran las descriptas por Carlos Wagner y Juan Chediak, de la Cámara Argentina de la Construcción, entonces está claro que Mauricio y Franco Macri son parte del núcleo del problema y no de la solución. Tanto o más que Paolo Rocca, Aldo Roggio, Luis Betnaza, Angelo Calcaterra, Gabriel Romero, Enrique Pescarmona, Gerardo Ferreyra y otros empresarios que habrían ganado contratos ofreciendo y pagando coimas.
Está muy bien que la población se indigne con los bolsos de López y los Cuadernos de Centeno, pero esa indignación no la debe llevar al error de centrar su bronca en personajes secundarios y salvar a los principales. Que la tierra que levanta este escándalo no entre en los ojos e impida ver que los empresarios monopolistas, y el gobierno nacional que los expresa como nadie, son el cáncer de la mega corrupción.
Para dimensionar los delitos, ambos graves: si fuera cierta toda la historia narrada, aquí se investiga una coima de 200 millones de dólares. Compárese eso con Macri, quien obló a los delincuenciales “fondos buitres” 10.000 millones de dólares. Y además pagará este año 14.000 millones de dólares de intereses de la deuda externa, incrementados tras el acuerdo con el FMI firmado el 20 de junio.
Que el árbol de las coimas no tape el tupido bosque donde reinan la pobreza, la inflación, la corrupción y la dependencia. En ese bosque de billetes verdes de 30 pesos hoy lloran centenares de despedidos de Fabricaciones Militares de Córdoba y Santa Fe. Esas lágrimas son ríos porque las víctimas son 154 por día en lo que va del año. Esa grandísima pena no la causaron Cristina ni los bolsos de Gloria Cuadernos sino “el mejor equipo de los últimos 50 años”.