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Vicentin: un debate crucial

El debate por el caso Vicentin llegó a la Legislatura pampeana y generó encontronazos entre el oficialismo y la oposición. En el transcurso de las deliberaciones de los diputados pertenecientes a dos comisiones: Asuntos Agrarios y Legislación General se suscitó la discusión y en ambos casos los enfrentamientos tuvieron como eje el apoyo, por parte de la bancada justicialista, y el rechazo, por parte de los bloques opositores, a las medidas adoptadas por el Poder Ejecutivo Nacional ante el quiebre del grupo empresario.
Los diputados del Frejupa reivindicaron la decisión del presidente de la Nación de promover la intervención del Estado con el propósito de asegurar la continuidad de la empresa, evitar su extranjerización y proteger los puestos de trabajo. En tanto, desde los espacios opositores se rechazó la intervención de la compañía por parte del Ejecutivo nacional bajo el argumento de que un poder estaba interfiriendo en el ámbito de otro y se afectaba la «propiedad privada».
Como se puede ver, los fundamentos de ambas posturas no difieren de los que se expresaron en la escena política nacional. Apenas el gobierno anunció su intención de evitar la caída de la empresa y mencionó como una de las alternativas una expropiación a tratar en el Congreso, la derecha mediática, empresarial y política le mostró los colmillos. Explotando al máximo su poder de fuego mediático apeló a las argumentaciones más inverosímiles para rechazar la injerencia del Estado. Y tanto que hasta un alto dirigente de la Sociedad Rural de Córdoba llegó a calificarlas de «alucinadas».
Sin embargo resulta muy positivo que este debate se profundice y llegue, incluso, a recintos legislativos provinciales que no tienen competencia directa en la tramitación del caso. Aun así, se justifica ampliamente la discusión porque lo que está en juego hoy es mucho más que el procedimiento concursal de una empresa.
Si los sectores más conservadores de la sociedad, con sus grandes medios y dirigentes políticos que los representan, lanzaron una cruzada con tanto despliegue de poderío y furia es porque lo que está en discusión es mucho más que la quiebra de una firma comercial. Es el rol del Estado, es la confrontación del poder político y el poder económico, es incluso la redistribución de la riqueza que se genera en el país.
Si no fuera así, no hubieran disparado con munición tan gruesa; no hubieran convocado a una movilización con reminiscencias de la «la 125»; no hubieran apelado a acusaciones tan violentas, gastadas y a la vez grotescas como la de «comunismo».
Ese gran ruido fue también una forma de esconder los trapos sucios: los generosos créditos del Banco Nación a una Vicentin en cesación de pagos; los millonarios aportes de campaña al macrismo; las operaciones ilegales de vaciamiento, lavado y fuga de dinero del directorio, etcétera.
La elite económica le quiere marcar la cancha al presidente, le está diciendo que hay límites que ningún gobierno puede franquear, que hay privilegios que no quiere ceder. Por eso esta pulseada no es una más. De su resultado dependerá si es el Estado o el mercado el que tendrá la última palabra. De ahí la enorme trascendencia de este debate.