Vuelta del teatro y una probable interpretación

Señor Director:
Días atrás, al comentar en esta columna la novedad representada por la creación del ministerio de Cultura (nacional), separándolo de Educación, dije que se advierte una multiplicidad de formas de acción cultural que avanzan o que reocupan territorios que estuvieron largamente acaparados por otras expresiones. Y citaba al teatro entre las que retornan y crecen llamativamente.
Leí después una nota periodística sobre Jorge Dubatti, historiador, crítico teatral y docente de la UBA. Esta autoridad subraya que Buenos Aires está ahora considerada una de las cinco grandes capitales del teatro en el mundo, con Berlín, Londres, París y Nueva York. Y se apresura a añadir que “el crecimiento del teatro excede largamente a Buenos Aires”.
Cree que en este hecho ha tenido papel la creación del Instituto Nacional del Teatro, nacido de una ley nacional de 1997. Este instituto acuerda aportes de dinero para hacer teatro, construir salas, estudiar y publicar libros, con lo cual ha podido ganar presencia e influencia en todo el territorio nacional. También propicia festivales y promueve giras de conjuntos y de personas que pueden informar, orientar y estimular la actividad que existe en la vastedad del interior argentino. Menciona que en 2012 se estrenaron alrededor de ocho mil espectáculos en todo el país, funcionaron cerca de dos mil salas (entre las convencionales y los espacios alternativos). Y en todos los casos fue significativa la presencia de un público numeroso.
Luego de estas referencias Dubatti se pregunta por qué se da el suceso que narra. Se contesta diciendo que cree que es por la tradición argentina (siempre hemos tenido teatro, desde la colonia) y “porque el teatro conserva una estructura esencial: el convivio, la reunión de gente”. El convivio permite a la persona salir de la actividad solitaria o de la prisión de una pantallita (tevé, web, medios digitales). Además, el teatro es algo que se puede hacer en cualquier parte: en las salas, pero también donde quiera se encuentren dos o más personas, en la propia casa o en todo otro lugar de reunión.
La voz convivio, latina, tiene una tradición clásica. La usó Dante Alighieri luego de su Divina Comedia. Responde a la tradición de reunirse por cualquier motivo o cualquier intención, para que algunos digan lo que saben y lo intercambien con muchos, generando una relación no de actor (activo) y espectador (pasivo), sino de participación real. Como se advierte, lo que ha tratado de decir Dubatti es que el teatro es, al mismo tiempo, una expresión tradicional, que ha tenido momentos de auge y momentos de ocultamiento, pero ha existido siempre y es una de las formas que se usan para expresarse y para compartir experiencias y perplejidades. Sucede que en nuestros días las personas, al tiempo que creemos estar súper comunicadas, vamos quedando cada vez más aisladas, confinándonos en soledad creciente. Se cree estar comunicándose ya no con un grupo de personas sino con todo el mundo, pero el individuo se halla realmente cada vez más solo; se confina en una isla, cuando lo propio del ser histórico, el hombre humanizado, es estar con el otro, a quien necesita para su propia realización personal. Y por eso son cada vez más los que tienden a buscar un lugar donde se pueda volver a tener una relación de igual a igual con sus semejantes.
En lo que hace al cine argentino, halla dificultad para avanzar en los circuitos comerciales y, no obstante, viene produciendo muchas películas de reconocida valía. Tales producciones son disfrutadas por grupos de personas que acuden a salas especialmente destinadas a esta finalidad y que suelen abrirse al debate. Nuestro cine busca recuperar público y le cuesta porque ahora ensaya propuestas que no repiten la modalidad ni los temas del cine comercial dominado desde pocos centros que tienen el sello cultural del mercado.
Atentamente:
JOTAVE