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Vuelve el FMI y llegan los fondos privados a Buenos Aires

LA SEMANA POLÍTICA

Hoy al inaugurar las sesiones del Congreso, el presidente se referirá a la negociación de la deuda externa. Por ahora no hay propuestas concretas. El FMI vuelve a Buenos Aires y también llegan los fondos privados.
Sergio Ortiz.
El mensaje de Alberto Fernández en el Congreso será escuchado y visto con mucha atención por el mundo político. El mundo real de muchos argentinos no estará tan atento a esos detalles porque tiene preocupaciones más acuciantes, como llegar a fin de mes.
La expectativa es grande, aunque de antemano se sabe que el presidente no hará ningún anuncio importante en la materia clave, de la deuda externa. Podrá sí ratificar que esa deuda, en los términos que está planteada, no es sostenible, para decirlo en palabras fondomonetaristas, o es impagable, para decirlo en lenguaje más llano.
Y sobre la base de esa caracterización, AF insistirá en que el ministro Martín Guzmán está haciendo todo lo posible para llegar a una solución amistosa -otra vez parafraseando al comunicado del Fondo -, o a un arreglo que no sea «tan malo» como una quiebra o el temido default.
Esas informaciones son bastante aburridas, porque en los últimos meses se ha publicado hasta el cansancio sobre las tratativas con el FMI. Esas conversaciones fueron en Buenos Aires y Washington en forma oficial, y en forma no tan protocolar en El Vaticano y la reunión del G-20 en Arabia Saudita. Guzmán fue el interlocutor de Kristalina Georgieva o funcionarios por ella comisionados.
Esta semana vuelven a Buenos Aires quienes ya estuvieron entre el 12 y el 19 de febrero, la subdirectora del Departamento Hemisferio Occidental y el encargado del caso argentino. Julie Kozack y Luis Cubeddu ya empiezan a ser «figuritas repetidas» de la política local.
Ambos tratarán de avanzar con Guzmán y algún otro miembro del equipo económico en los números finos de una propuesta para renegociar la deuda con el Fondo, de 45.000 millones de dólares (pedidos por Mauricio Macri en 2018) más los intereses que devengan. Si se añade lo adeudado al Banco Mundial, el BID, etc. esa parte de la deuda alcanza 60.000 millones de dólares.
Sobre ese segmento reposa la mayor parte del optimismo de Fernández y Guzmán. Entienden que el Fondo va a ser condescendiente y admitirá patear para más adelante los vencimientos del capital y los intereses. Habrá que ver porque tratándose del Fondo convendría tener siempre la guardia alta. En especial hay que analizar si a cambio de eventuales postergaciones, pide o impone determinadas reformas y ajustes que históricamente tuvieron resultados adversos para los argentinos.
Kozack y Cubeddu vienen también a tomar examen a la economía local, en virtud del Artículo IV de la Carta de la entidad, que obliga a las naciones miembros a entregar toda la data requerida.
Aún suponiendo que el FMI y Georgieva quieran lavarse la cara ante el mundo, sería pecar de un optimismo «a lo Pangloss» (el tutor de Cándido en la novela de Voltaire) creer que toda esa deuda e intereses se van a postergar sin un mínimo pago este año.

Fondos con plumas de buitres.
Como ocurre en muchas comisarías, la institución puede tener varios policías duros y algunos un poco más buenos. De todas maneras los presos suelen pasarla muy mal.
La alusión viene al caso, porque mientras el Fondo finge o tiene realmente una mejor posición, eso lo dirá el tiempo, el rol de malo queda para los fondos de inversión. Éstos tienen en su poder bonos argentinos emitidos en moneda extranjera y que admiten la jurisdicción extranjera en caso de diferendo. Esta última condición negativa fue ratificada por la ley de renegociación de la deuda que votaron alegremente todas las bancadas menos el FIT el 29 de enero pasado.
Independientemente de que haya habido otras reuniones previas, formalmente Guzmán se reunió el 25 de febrero con los representantes de fondos y bonistas privados en Nueva York, de regreso de la cita del G-20.
Estos inversionistas poseen bonos por 100.000 millones de dólares o sea más del doble de lo que puede reclamar el FMI. O sea que arreglar con estos privados va a ser mucho más complicado que lograr un entendimiento político con Georgieva y los gobiernos que más pesan en el board del Fondo.
¿Quiénes son esos bonistas? Según lo que ellos le dijeron a la agencia Bloomberg, siete de ellos tienen más del 13,5 por ciento de la deuda bajo legislación extranjera. A la cabeza está Black Rock, con 1268,2 millones de dólares, y le siguen Fidelity (FMR LLC), con 1226,1 millones; Pimco, con 1040,1; Northern Trust, con 726,2 millones; Alliance Bernstein, con 677,5; Ashmore, con 374, y Prudential, con 309. En total tienen 5621,4 millones de dólares. Esos números pueden ser mucho mayores, pues son su declaración a Bloomberg. Otras fuentes periodísticas dicen que esos siete fondos acaparan hasta el 40 por ciento de los bonos argentinos.
Claudio Scaletta publicó una semblanza en Página/12 (23/2, «Mundo buitre»): «Black Rock, muy probablemente el principal tenedor de deuda local, es también el fondo de inversión más grande del mundo. Posee oficinas en 30 países y clientes en más de 100. A fines de 2019 administraba una impresionante cartera de 7,43 billones (millones de millones) de dólares, una cifra que supera la suma de las economías de Alemania y Francia y que multiplica por más de 14 el PIB local, como para aproximarse a las asimetrías. A su vez controla más de 2.700 fondos de inversión de distinto tipo, de los que el 65 por ciento son «inversores institucionales», como por ejemplo los fondos previsionales de empleados públicos y privados de varios países. También se cuenta entre los principales accionistas de todas las grandes petroleras, excluida Total, y en el top ten de los accionistas de siete de las diez productoras de carbón más grandes del mundo».
Como si ese poderío no alcanzara, Blackrock se asoció con Fidelity, el fondo que impidió a Axel Kicillof la renegociación de un bono y lo obligó a pagarlo so pena de incurrir en default. El gobernador pagó porque el bono en cuestión era de «sólo» 250 millones de dólares, pero a nivel nacional son números donde hay que agregarles un cero y algo más.

¿Y la auditoría de la deuda?
¿Acaso esos fondos de inversión van a recortar significativamente el capital e intereses de la deuda argentina, y postergar cuatro años los vencimientos, tal como sugiere el Fondo e implora el gobierno?
El martes Guzmán recibe a esos fondos. Es altamente improbable que haya una solución acordada y feliz. ¿Tiene Argentina 6.000 millones de dólares anuales para pagar y renegociar el resto? No los tiene.
Una de las demostraciones concretas de la falta de recursos, vaciada la caja por Macri, la dio la paritaria docente nacional. El salario inicial de un docente, de 20.250 pesos pasará a 23.000 en marzo y recién en junio llegará a 25.000. Como premio consuelo, que consuela a pocos, se dispuso un pago de cuatro cuotas mensuales no remunerativas de 1.210 pesos, o sea por 4.840 pesos.
Las sumas similares que ofertó Kicillof en Buenos Aires produjeron una ruptura entre los cinco gremios del Frente Docente Bonaerense. Es que la FEB de Mirta Petrocini y otro sindicato rechazaron esa oferta por harto insuficiente.
Por otro lado llegan los reclamos de varias provincias ante el parate de la obra pública, con toda la consecuencia social y laboral (y electoral, que les preocupa sobremanera a los mandatarios). Las quejas pegan en los ministerios de Obras Públicas (Katopodis) y Vivienda (Bielsa), quienes a su vez explican que el ministro Guzmán los tiene súper ajustados de presupuesto. Huelga decir que esos ajustes tienen que ver con la negociación de la deuda con el FMI y los bonistas, sobre todo con el primero, para ganar su colaboración y luego, en carambola a dos bandas, ver de arreglar con los segundos.
Las provincias están alarmadas por sus elevadas deudas. Este año tienen que pagar vencimientos por 2.257 millones de dólares.
El gobierno quiere aumentar un poco sus ingresos afectando a los sojeros, por ejemplo aplicándoles el aumento del 3 por ciento a las retenciones de la soja, aprobado en la ley de emergencia. Pero ya salieron los productores y especuladores agrupados en la Mesa de Enlace Rural a decir que en ese caso no se hacen responsables de la protesta de sus representados. Amenazan con repetir los cortes de ruta del año 2008.
Ese mensaje intimidatorio se lo dejaron bien clarito al ministro de Agricultura, Luis Basterra, y parece que surtió efecto. Los trascendidos es que hoy, 1 de marzo, el discurso de Fernández tendrá varios capítulos omitidos, uno de ellos el referido aumento del 3 por ciento a la retención sojera.
Otra omisión que limita el progresismo gubernamental es su negativa a crear una Auditoría Nacional e Internacional sobre la Deuda Externa, y suspender transitoriamente los pagos hasta que esa auditoría revele la parte ilegal o fraudulenta que seguramente tiene esa factura. ¿Al menos impulsará una Conadep de la deuda externa para investigar y sancionar a los que fugaron el 80 por ciento de los dólares ingresados? Esto último propuso Cristina desde Cuba, pero es difícil que aparezca en el libreto presidencial.
Afuera del Congreso habrá gente, pero no tanta ni muy entusiasta como en los mejores años.