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Vuelve el río robado a su «patio trasero»

LA SEMANA PAMPEANA

I – Cuarenta años de tenaz apuesta a la judicialización del conflicto con Mendoza por el robo del río Atuel arrojaron en la semana una de las noticias más relevantes en el camino hacia la recuperación plena de ese recurso. La Corte Suprema de Justicia reiteró que, en el camino de gradualidad y progresividad en la resolución definitiva del conflicto, el Atuel debe entrar a La Pampa con un caudal mínimo de 3,2 metros cúbicos, apenas por debajo de lo que pidió La Pampa y casi tres veces más de lo que ofrecía Mendoza.

II – El impacto de la medida sobre el ruinoso estado de cosas que los cuyanos apostaron siempre a mantener, añade que el manejo del río debe dejar de estar en manos exclusivas de Mendoza y su odioso Departamento de Irrigación y pasar a ser incumbencia de un comité de cuenca que, a imitación del Coirco (Comité Interjurisdiccional del Río Colorado) que ambas provincias integran desde hace casi medio siglo para el manejo de toda la cuenca del Río Colorado y sus afluentes mendocinos y neuquinos, se llamará (no casualmente) CIRA (Comité Interjurisdiccional del Río Atuel). Es así, el fallo, un duro golpe a la posición de la vecina provincia que ha pretendido siempre, contra la historia, la geografía y la evidencia, que el Atuel es un «río mendocino». La Corte niega esta pertinaz posición tanto en la fijación del caudal como en reclamar que el manejo del recurso deje de ser de incumbencia de una provincia y pase a serlo de todas las que componen la cuenca.

III – Para La Pampa, el resultado provisorio y prometedor del fallo del máximo organismo judicial tiene además mucho de premio a una lucha que comenzó hace mucho pero que sólo comenzó a brindar sus frutos cuando la gestión de Carlos Verna torció la mirada mezquina que el peronismo en el gobierno tenía sobre la problemática hídrica y encolumnó a su partido y a la sociedad poniéndose a la cabeza del reclamo. Una década después del ruinoso canje de «un caño por un río» en los 90, donde La Pampa perdió la oportunidad de ver volver el río, Verna se propuso cambiar la historia y revertir aquélla terrible defección de nuestra clase política. El canje de «un río por un caño» fue un duro golpe a las fuerzas que pugnaban por recuperar el Atuel que tomaron como una traición la decisión política de entonces que no vio o no quiso ver que la imperiosa necesidad de Mendoza de contar con la aprobación pampeana al traspaso de los embalses y centrales del complejo Nihuiles de la Nación a la provincia cuyana era la llave para que volviera el agua a La Pampa.

IV – Verna no sólo superó el prejuicio que una buena parte de los funcionarios peronistas tenían hasta ese momento con el Atuel sino además superó la apatía con que la dirigencia norteña de la provincia miraba invariablemente, casi como espectadora, el conflicto por el río robado, casi como si fuera «una cosa de santarroseños», como alguna vez se escuchó decir. Fue a partir de su gestión iniciada en 2003 que le puso al conflicto del Atuel la calidad de cuestión de Estado, que la balanza comenzó a inclinarse lentamente hacia la posición pampeana. Su acción decidida y sin pelos en la lengua, que se refería al conflicto lisa y llanamente como «el río que nos robó Mendoza», logró en poco tiempo encolumnar tras de sí al resto de quienes, desde hacía décadas, luchaban por hacer oír el reclamo y sumó a miles que vieron en esa lucha un amanecer de una nueva perspectiva de provincia para La Pampa.

V – Esa «rebelión del patio trasero» del país, que hizo salir a La Pampa a jugar todas sus cartas y en todos los frentes contra una provincia poderosa que, lo pudo comprobar todo el país, no duda en amenazar con romper el pacto federal cuando sus privilegios se ven amenazados, alienta a pensar que nuevos tiempos están llegando en la Argentina. Nuevos tiempos donde las atrocidades ambientales del pasado como la de cortar un río provocando la desertificación y el éxodo de miles de argentinos que sufrió La Pampa, ya no quedan en la impunidad ni son posibles de repetir. Son muchos los que pusieron lo suyo para que fuera posible ganar esta batalla, pero nada hubiera sido posible sin un decidido liderazgo político, sin la firme decisión de no perder de vista el objetivo y sin la unidad del pueblo pampeano que, sin distinción de banderías, se encolumnó detrás de un sueño que hoy comienza a tomar forma real. (LVS)