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¿Y la plata?

Como en el juego del Bran Bonete, en la alianza Juntos por el Cambio lo que hoy más se escucha es la conocida frase: «¿Yo señor?, no señor». Los socios macristas, radicales y el resto de las agrupaciones políticas se miran entre ellos y tratan como pueden de sacarse el lazo que les colocó encima una exfuncionaria de la administración municipal anterior. La joven militante radical metió el dedo en la llaga al preguntarse «¿quién se quedó?» con el dinero que «bajaron desde el PRO de Nación para la campaña de Juntos para el Cambio». Y fue más allá al cuestionar también la permanencia de la UCR en «la alianza conservadora Cambiemos que representa los antivalores del radicalismo»
Las respuestas no se hicieron esperar. Lógico, cuando se habla de dineros de campaña que no aparecen nadie quiere quedar pegado. Todavía está fresco el recuerdo del escándalo de los «aportantes truchos» cuando se descubrió una maniobra por la cual se fraguaron donaciones al macrismo por parte de miles de personas indigentes y un periodista de La Nación habló de «bolsos con dinero» recorriendo todo el país y citó aquel pedido de aportes «en efectivo» formulado por Mauricio Macri a los empresarios con el argumento de que bajo su gobierno sus compañías iban a «valer más».
Aquí y ahora, en esta modesta provincia, de la forma menos esperada se ha puesto la lupa en los fondos de campaña de la coalición política que siempre presumió de practicar la «transparencia institucional» y de combatir la «corrupción», pero hoy sus dirigentes se miran unos a otros y no pueden decir a ciencia cierta qué sucedió o adónde fueron a parar esos dineros.
¿Sabía la exfuncionaria municipal que estaba metiéndose con un tema delicado o solo lanzó una chicana enojada con la dirigencia de su partido por haberlo embarcado en una «alianza conservadora»? También mencionó expresamente el apellido Mac Allister, expresando que a él deberían ser dirigidas las preguntas sobre tan espinoso tema. Así las cosas, todo indica que la rendición de cuentas de los gastos de campaña de Juntos por el Cambio va a dar que hablar.

Cementerio de autos
Uno de los rasgos distintivos de la sociedad humana contemporánea es la enorme capacidad de generar desperdicios. Los altos niveles de consumo que poseen no pocos individuos -no todos, desde luego- están generando un severo problema ambiental con la acumulación de todo tipo de desechos, especialmente en la periferia de las grandes ciudades. Un somero recorrido por los alrededores de nuestro relleno sanitario, en esta modesta capital de provincia, permite apreciar esta preocupante realidad.
Pero ahora los santarroseños acabamos de enterarnos a través de un informe publicado por este diario que estamos acumulando grandes volúmenes de otro tipo de residuos, que ya no puede contenerse en el espacio disponible para alojarla: automóviles. Aunque cueste creerlo, a esos extremos estamos llegando.
El predio municipal destinado a albergar vehículos retenidos o secuestrados en el Parque Industrial está desbordado como con elocuencia lo muestran las fotografías publicadas en estas páginas, y genera lógica inquietud en quienes desarrollan sus actividades en el lugar. Muchos de esos vehículos llevan largos años en ese estado de abandono y existe un fundado temor por el combustible que aún guardan en sus depósitos. Ya hubo incendios y nadie quiere repetir la experiencia.
El hecho justifica con creces la aplicación inmediata de la normativa, que otorga plazos -según las diversas causantes y jurisdicciones- para llevar a cabo el proceso de descontaminación y compactación. De continuar esta burocrática inacción, el cementerio de automóviles va a terminar por desbordar toda la superficie de lo que todavía es un espacio para albergar la actividad industrial modificando sustancialmente su finalidad.