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¿Y si vamos al default?

LA NEGOCIACION POR LA DEUDA EXTERNA

La figura del default se recorta cada vez más nítidamente en el horizonte, el tema es si lo imponen los mercados y entonces la salida será caótica y muy gravosa para la sociedad o bien es producto de una decisión política.
EDUARDO LUCITA*
La centralidad de la deuda en la coyuntura actual es de tal magnitud que cualquier decisión del gobierno queda relegada a un segundo plano y condicionada por esa centralidad, que es económica y política a la vez. El ministro Martín Guzmán expuso con claridad en la Cámara de Diputados la suerte de círculo vicioso en que está la cuestión de la deuda pública nacional: «Hay voluntad firme de pagar la deuda. El problema es que no hay capacidad para hacerlo. Para poder pagar Argentina tiene que crecer y para poder crecer se tiene que sacar de encima el peso de una deuda que asfixia».
Este círculo, en el que intervienen jugadores con peso e intereses propios, es el centro del debate. El gobierno caracteriza a la deuda como impagable, pero al mismo tiempo la reconoce y legitima, por lo tanto necesita de una «reestructuración profunda»: estiramiento de plazos, quita de capital y reducción de intereses. El FMI estaría dispuesto a posponer los vencimientos a cambio de garantías de la sustentabilidad de los mismos, léase superávit fiscal primario suficiente para hacer frente a los vencimientos, al mismo tiempo que presiona para que los privados acepten quitas de capital, que no está dispuesto a hacer con sus propias acreencias. Los bonistas exigen más pagos ahora, un plan económico y el aval del Fondo de que la deuda total es sustentable para luego acordar. El ministro agregó que en su esquema el equilibrio fiscal recién se obtendría para el 2023 -lo que significa que pedirá como mínimo 4 años de gracia- la economía entonces podría crecer al 2% a partir del año próximo. Los analistas consideran que ese crecimiento es bajo para generar los excedentes necesarios para afrontar los vencimientos.

Amistades jamás.
Tal la consigna de las barras futboleras que podría aplicarse a la actitud de los fondos de inversión. Lo que se suponía una negociación amistosa ha ido mutando a una negociación más dura. Esto se puso de manifiesto con los últimos vencimientos que los bonistas impidieron renovar. Fue el caso de la provincia de Buenos Aires. El gobernador anunció que no podría pagar el bono BP21 por 250 millones de dólares que vencía el 27 de enero y pedía correr el pago hasta el 1 de mayo. La negativa del fondo Fidelity, que tiene el 25% de esos bonos, no permitió que se cumpliera la «clausula de acción colectiva» -exige el 75% de aprobación- y obligó a la provincia a pagar la totalidad de ese bono para no caer en default.
Algo similar sucedió con el bono AF20 del Estado nacional, llamado dual (se ajusta en dólares y en pesos, pero se paga en moneda nacional) mayoritariamente en manos de los fondos Templeton y Black Rock. Solo se logró renovar el 10% del capital y se declaró desierta la licitación de bonos del Tesoro pensada para hacer frente al vencimiento de los 96.000 millones de pesos restante. El gobierno se vio obligado a reperfilar ese vencimiento para el próximo 30 de septiembre. Una posterior licitación de Letras del Tesoro (Lebad) tuvo una aceptación apenas superior al 60%, en su mayoría adjudicada a la Anses y bancos públicos, los privados brillaron por su ausencia.

La misma piedra.
El ministro Guzmán ha respondido a este comportamiento de los bonistas que «el gobierno no va a permitir que fondos de inversión extranjera marquen la pauta de la política macroeconómica». La realidad es que las reservas no alcanzan para afrontar las deudas en dólares mientras que para los vencimientos en pesos -suman hasta junio la friolera de 850.000 millones- no es aconsejable emitir, a riesgo de que la inflación se desmadre del todo, por algo se suspenden la indexación jubilatoria y salarial. Así el margen de maniobras es reducidísimo, sino nulo.
Pero ¿qué garantiza que haciendo lo de siempre tengamos resultados diferentes? ¿Dónde está la virtud de seguir honrando una deuda que amenaza con continuar por varios años más el estancamiento de la economía? ¿Dónde está escrito que si hay una reestructuración «exitosa» se abrirán los mercados y habrá nuevo financiamiento? ¿Por qué vendrían inversiones productivas que hace tiempo no vienen? ¿Qué garantiza que dentro de 4 ó 5 años no tengamos una nueva crisis de deuda?
El gobierno no puede aceptar las presiones de los fondos -los cinco principales ya anunciaron en Nueva York que la negociación no será fácil y que las opciones son mínimas- sería una claudicación en toda la línea, que golpearía muy fuerte en la base social que lo sostiene. ¿Quién ve los beneficios de pagar una deuda que no se corresponde con mejoras en la infraestructura o en los servicios básicos, ni en ampliación de la capacidad productiva? Por el contrario hay demasiadas evidencias de que solo sirvieron para fugar recursos escasos, para pagar intereses sobre intereses y deudas sobre deudas, sin beneficio alguno para el pueblo. Deuda que entra sin mucho esfuerzo en la categoría de deuda odiosa, y por lo tanto es repudiable. Si se la investigara no soportaría el menor análisis ¿Qué explica un bono a 100 años a una tasa usuraria? ¿Por qué se vulneraron los estatutos del Fondo? ¿Por qué se otorgó el préstamo más grande de la historia sabiendo que no había capacidad de repago?

¿Hacia el default?
La figura del default se recorta cada vez más nítidamente en el horizonte, el tema es si lo imponen los mercados y entonces la salida será caótica y muy gravosa para los sectores populares, o bien es producto de una decisión política. Entonces la salida no será un campo de rosas, pero será ordenada -deberá ir acompañada de medidas complementarias, como mayor intervención estatal en la banca y el comercio exterior entre otras- y abrirá un futuro diferente a la mediocridad actual.
No hay que dejarse amedrentar por el terrorismo mediático de los medios al servicio de los fondos de inversión, hay que confiar en las fuerzas y en el apoyo de la clase trabajadora y el pueblo en general, capaz de aceptar sacrificios si ve que se avanza en una salida definitiva que nos saque de las crisis recurrentes que nos jaquean desde hace ya mucho tiempo. Puede ser la última oportunidad.

*Integrante del colectivo EDI (Economistas de Izquierda).