Ya hay movilizaciones populares en contra de Donald Trump

PRIMERAS DESIGNACIONES RATIFICAN RUMBO MUY REACCIONARIO

La elección del magnate xenófobo fue un hecho novedoso de la política estadounidense. Pero también lo es que al día siguiente de confirmarse su ajustado triunfo, comenzaron las manifestaciones de protesta en muchas ciudades y universidades.
EMILIO MARIN
La victoria de Donald Trump fue reconocida por su adversaria Hillary Clinton y el presidente Barack Obama, pese a lo reñido del comicio del martes 8. Esto marcó una diferencia con la conducta que el republicano había manifestado en la previa, cuando dijo que no sabía si él iba a reconocer una derrota suya, por posibles fraudes. Iba a ser un pésimo perdedor. ¿Será un buen ganador?
En el primer discurso como electo moderó su lenguaje provocador, simulando que el suyo será un gobierno para todos los americanos. Para hacer grande otra vez a Norteamérica, como decía su eslogan.
Mucha gente desconfía, con toda razón, de ese presunto pragmatismo que llevaría al extremista de derecha hacia posiciones de centro una vez que gobierne. Ratificó que piensa deportar a los inmigrantes con antecedentes criminales, que estimó entre 2 y 3 millones de personas. Quienes tienen esos prontuarios son muchos menos, por lo que la cifra adelantada por el magnate sugiere que va a meter en esa bolsa a muchos más latinos, incluso con infracciones de tránsito.
No son palabras. Entre los designados para asumir el 20 de enero estuvo el senador republicano por Alabama, Jeff Sessions, como fiscal general. Tiene frondosos antecedentes racistas, al punto que en su tiempo el Senado de ese estado había vetado su candidatura a juez por sus comentarios racistas hacia la población afroamericana y sus bromas sobre el siniestro Ku Klux Klan. Desde 1996 es senador y fue el primero en adherir a la candidatura de Trump, apoyar la propuesta de levantar un muro en la frontera con México y expulsar a once millones de inmigrantes.
El miércoles 9 el mundo supo que el republicano había llegado a los 279 electores, superando los 270 necesarios para ser designado el presidente 45°. En votos populares había quedado atrás de Clinton en 200.000, pero ese era un detalle de esta forma indirecta de elección. Esa misma noche hubo una manifestación en Nueva York hacia la Torre Trump, sobre la Quinta Avenida en Manhattan, donde reside el empresario y tiene sus oficinas. La encabezaba la consigna “Este no es mi presidente”, que amaga con convertirse en un movimiento político de protesta más o menos permanente, como el “Occupy Wall Street” de cinco años atrás, que cuestionaba los valores de la Bolsa, la democracia por ella acuñada y las desigualdades capitalistas potenciadas por la crisis de 2008.

Nombramientos
En rigor el primer nombramiento fue el de su consejero Steve Bannon, un joven de extrema derecha y operador del sitio Breitbart, que será el principal asesor presidencial. Fue una clara señal de que las barbaridades expresadas durante la campaña tendrán continuidad en la Casa Blanca.
Luego se conocieron las designaciones de Sessions en Justicia, de Mike Pompeo como nuevo director de la CIA y del general retirado Michael Flynn como asesor de seguridad nacional. Es muy sugerente que la CIA y la Seguridad Nacional hayan estado en el primer plano de las designaciones. Por oposición, Trump no se preocupó por la cartera de Trabajo ni por la Salud, si es que existe esta última en el gabinete. El imperio sigue siendo tal, aún después de dos mandatos de un afroamericano, y ahora empieza a mostrar una cara más brutal.
Pompeo fue un acérrimo enemigo de la negociación que Obama-Hillary llevaron con Irán, junto al “G5+Alemania” y que culminó favorablemente. El país islámico permitía mayores verificaciones a su programa nuclear, para mostrar que era pacífico, y EE UU y sus aliados levantaban las sanciones económicas y financieras, en el fondo también políticas, que habían instaurado con la falsa leyenda de un Irán atómico.
La designación de Pompeo abre un mar de dudas sobre si Washington cumplirá la parte de los tratados negociados con Teherán hasta su feliz conclusión en 2015.
Se dice que el nuevo secretario de Estado saldría de la puja de Rudy Giuliani y John Bolton. El primero fue alcalde de Nueva York e instaló el sistema policíaco y penal conocido como el de “tolerancia cero”, con el Manhattan Institute. El segundo fue embajador de George W. Bush en la ONU y partidario de que el poder militar y económico de la superpotencia no haga concesiones en un Consejo de Seguridad junto a pares de Rusia, Francia, Inglaterra y, sobre todo, Rusia y China.
Otro político que camina por el andarivel derecho extremo y tiene posibilidades de un alto cargo es Newt Gingrich, antiguo líder republicano en la Cámara de Representantes y miembro del derechoso Tea Party.
Ese segmento republicano tiene entre sus banderas bajar los impuestos a los empresarios, con el argumento “menemo-cavallista” de que el gran capital derramaría riquezas sobre los sectores menos favorecidos. Trump lo prometió en su proselitismo, que a diferencia de otras veleidades populistas de ese tiempo, puede ser realidad. Como magnate inmobiliario, sería favorecido con sus rascacielos más elevados y cerca del paraíso.

Mundo en alerta
Las reacciones internacionales han sido adversas al electo, salvo el módico margen positivo que dejaron el ruso Vladimir Putin y el sirio Basher al Assad. El resto del planeta, comenzando por el sufrido México, tan cerca de EE UU, y siguiendo por China, sospechada por el magnate de ser la inspiradora del tratado sobre el Cambio Climático, está en alerta. Si bien lo tenía decidido siete meses antes, Cuba realizó su Ejercicio Estratégico de Defensa “Bastión 2016” entre el 16 y el 18 de noviembre. Y lo confirmó en la mañana del 9 de noviembre, con el resultado puesto de las elecciones norteamericanas.
La primera personalidad extranjera con que se entrevistó el ganador no fue el papa Francisco sino el premier japonés Shinzo Abe, quien salió contento de la reunión. Debe entenderse que el anfitrión no reiteró que gravará a las multinacionales radicadas en Japón para presionarlas a que vuelvan a abrir en Michigan y otros estados donde se ralentizó y perdió el empleo.
En cambio, fue muy pesado el saludo que recibió de Angela Merkel, porque lo instó a una “cooperación estrecha en base a los valores compartidos de democracia, libertad, respeto a la ley y la dignidad del ser humano independientemente de su origen, color de piel, religión, orientación sexual o convicciones políticas”. Pareció un desafío antes que una felicitación.

Alcaldes y universidades
El intelectual Noam Chomsky advirtió que con Trump el partido republicano se ha convertido en una organización muy peligrosa para el mundo y la vida misma. Aludía al ataque del magnate a los acuerdos de Cambio Climáticos firmados en París el año pasado y puestos en marcha en Marruecos en la reciente 22ª Conferencia conocida como COP 22.
Para el inescrupuloso empresario, esos límites a la contaminación y a emisión de gases de efecto invernadero son “una invención china” para frenar la economía norteamericana. Para 200 países son una necesidad para evitar el calentamiento global y la desastrosa consecuencia sobre la humanidad.
La prestigiosa voz de Chomsky no es una crítica aislada. Desde el 10 de noviembre hay muchos miles de estudiantes de colegidos secundarios y de universidades que están movilizados con la consigna de “Este no es mi presidente”. Los motiva ante todo la defensa de alumnos y familiares de origen latino, en riesgo de deportación. La antigua consigna de “No somos peligrosos, estamos en peligro”, de los inmigrantes en la Europa xenófoba, es muy actual en Norteamérica. Los de origen mexicano están en lo más alto del podio deportable.
El sitio Democracy Now! reportó movilizaciones desde el lunes 14 en los colegios de Seattle (Washington), Los Ángeles (California), Silver Spring (Maryland) y Portland (Oregon).
Miles de alumnos y profesores de un centenar de universidades, entre otras las de Nueva York, Stanford, Yale, Columbia, Brown, Indiana, Amherst, Swarthmore, Nashville, Michigan, Massachusetts, Rutgers (Nueva Jersey), Loyola, Florida y Portand, se manifestaron en contra de Trump. Los carteles universitarios, de costa a costa, según las agencias, rezaban “Al demonio con la supremacía blanca”, “No cedan ante el miedo racista, los inmigrantes son bienvenidos aquí” y “Si sos neutral en situaciones injustas, elegís el lado del opresor”.
Varios alcaldes de ciudades de peso, como Bill de Blasio (Nueva York), Muriel Bowser (Washington), Rahm Emanuel (Chicago), Ed Murray (Seattle) y Eric Garcetti (Los Ángeles), reiteraron que sus ciudades son “santuarios” y que allí los inmigrantes sin papeles no serán detenidos ni expulsados.
El xenófobo prometió acabar con esas “ciudades santuario” cortándoles los fondos federales si no cooperaban con el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, pero aquellos alcaldes han ratificado su postura de no deportación.
Se dirá que estas protestas están limitadas socialmente a sectores progresistas, universitarios y alcaldes demócratas. Es verdad. Pero es un inicio auspicioso para imaginar que un gobierno ultrarreaccionario como el que comenzará en enero tendrá desde el vamos un muro de resistencia que lo enfrentará en casa. El resto del mundo tendrá que poner los demás ladrillos.

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