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¿Yo, señor?

El expresidente Mauricio Macri sorprendió a todos con sus recientes declaraciones sobre la agobiante deuda externa que contrajo el país bajo su gestión. En una reunión de acólitos y muy suelto de cuerpo le echó la culpa del problema a sus subordinados en lo que vendría a ser una insólita inversión del principio de obediencia debida. En términos generales esta figura jurídica exime de responsabilidad a quien actúa en cumplimiento de una orden impartida por un superior jerárquico. En los juicios contra los represores de la última dictadura la mayoría de los acusados pretendió eludir la responsabilidad penal por los crímenes cometidos alegando que actuaron en cumplimiento de órdenes emanadas de superiores. En el caso que comentamos resulta asombroso observar que Macri, quien ocupara la máxima jerarquía política del país, pretende endilgarle la responsabilidad por el agobiante endeudamiento a quienes estaban bajo sus órdenes.
La distancia entre los hechos y las palabras nunca había sido tan grande hasta la llegada del macrismo. Basta con cotejar sus promesas y sus resultados. El gobierno que llegó con anuncios rimbombantes de «pobreza cero» y «bajar la inflación» se fue con récords de pobres y de alza de precios, por no hablar de tantos otros ejemplos similares.
Solo quien se sabe protegido por los medios de comunicación más grandes del país puede permitirse semejante agravio a la inteligencia de los argentinos. Cuando Macri afirma que advertía el peligro por el desmesurado crecimiento de la deuda pero que sus funcionarios le decían que se quedara «tranquilo», es evidente que está tratando de esquivar su responsabilidad primordial en la materia y descargarla en sus subordinados.
Esta reacción no es muy diferente a aquel enojo que mostró Macri cuando perdió las PASO del 11 de agosto y salió a repartir culpas a diestra y siniestra: los mercados, los votantes, etc. Asumir las responsabilidades de los actos propios no es el fuerte del expresidente. Hoy, otra vez, volvió a mostrar que es de los que tiran la piedra y esconden la mano.

Discriminados
La distribución federal de los fondos nacionales tuvo durante el macrismo elevados niveles de discrecionalidad. La famosa consigna «látigo y billetera», que enarboló la prensa porteña para atacar con furia al gobierno de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, tuvo sin embargo mucha mayor entidad bajo el cuatrienio de Mauricio Macri pese al silencio protector de aquellos mismos medios.
Por estas horas se conocieron dos informes que hablan con claridad de esta situación. Uno de ellos elaborado por el Ministerio del Interior reveló que la distribución de aportes del tesoro nacional (ATN) durante los últimos cuatro años tuvo hijos y entenados. Lo mismo dejó al descubierto un relevamiento del Ministerio de Economía con respecto a la distribución de la obra pública en todo el país.
Los dos trabajos, cada uno en su rubro, revela que las provincias y comunas gobernadas por Cambiemos concentraron el grueso de las inversiones de Nación, en tanto fueron absolutamente relegadas aquellas que tuvieron gobiernos opositores al macrismo. La Pampa, desde luego, estuvo entre estas últimas integrando el lote ubicado a la cola del ránking.
Nada nuevo bajo el sol. Toda persona medianamente informada del acontecer político sabe que la sequía de recursos económicos provenientes de Nación duró los cuatro años de gestión macrista. (Quizás la máxima expresión estuvo en el drástico recorte que sufrieron las partidas del Fonavi destinadas a viviendas sociales que significó para nuestra provincia caer de más de mil unidades construidas por año a unas pocas decenas). Aún así, estos datos estadísticos conocidos ahora tienen la contundencia de los números y contribuyen a poner las cosas en su lugar en los debates políticos en donde no todos suelen discutir desde la buena fe.