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Educación en tiempos de pandemia: consejos de especialistas para enriquecer las aulas virtuales

Tres investigadores trazan un panorama de los desafíos y las posibilidades de la educación a distancia.

¿Qué cuestiones deberían tenerse en cuenta, entonces, para que en medio de la pandemia la educación a distancia sea efectiva y potenciadora? En primer lugar, no dejar de considerar que el estudiante está en un contexto emocional endeble, es decir, que esto no es solo educación virtual sino que atravesamos una situación que a veces complica los procesos de enseñanza y aprendizaje. “Reducir los niveles de incertidumbre, ansiedad y expectativas desmedidas resulta fundamental en las actuales condiciones de emergencia”, indicó Benítez Larghi.

Otro asunto para atender en el ámbito superior, según Morán, es tener presente que la educación es un hecho vincular y que al ser virtual, los educadores deberían chequear y verificar de manera casi constante que el estudiante esté siguiendo la clase. “Todos los medios y caminos que podamos fortalecer con los estudiantes para la comunicación es una buena decisión: más allá del campus, tener un foro, redes sociales o grupos de WhatsApp, contribuye para ver cómo se desarrolla el proceso de comprensión de los alumnos con el contenido”, sugirió. En esa misma línea, Welschinger, dijo que en las escuelas primarias y secundarias “ya se empiezan a ver experiencias en donde se abren espacios de interacción entre docentes, directivos, familias y estudiantes en grupos de redes sociales y mensajería instantánea, gestionados o promovidos por las asociaciones cooperadoras escolares”.

Los investigadores también remarcan la necesidad de que los docentes revisen continuamente sus metodologías. “Si algo pone de manifiesto la tecnología –indicó Morán– es que para aprender en línea hay que apostar por la innovación metodológica. Una clase magistral de un docente universitario que expone ya no se sostiene. Los tiempos deben ser más breves, con videos de todo tipo: teóricos, de demostraciones, de prácticas; lecturas orientadas, ejemplos ilustrativos, consignas claras y donde los estudiantes tengan una participación activa”. Benitez Larghi, en el ámbito del primario y secundario, completó el panorama: “Aunque resulte imposible suplantar las dinámicas y aprendizajes que se dan en las clases presenciales, es necesario que la gestión del tiempo al interior de las familias se redistribuya, para dejar bien definido quién, cuánto y cómo dedicarse a orientar a chicos y chicas de primario y secundario en el estudio hogareño sin reproducir estereotipos y desigualdades de género existentes”.

Según Morán, no solo los docentes, sino también los estudiantes, deberían estar dispuestos a cambiar los modelos tradicionales y encontrar roles más participativos, para que esta situación que se dio en la emergencia se traduzca en un cambio a nivel educativo que perdure. “Cuando todos los ojos se posaron en la educación virtual, a raíz de la pandemia, los pedagogos estamos replanteándonos qué nos faltó resolver de la educación puramente virtual que ahora nos impacta tan fuertemente para poder llevar a cabo nuestra tarea”, reflexionó. “Aunque si logramos hacer un cambio entre las instituciones, el equipo docente y los estudiantes en su rol, creo que vamos a tener un camino muy interesante para la educación del futuro”, avisoró. Welschinger coincidió: “La situación desatada a raíz de la crisis del coronavirus está interpelando a la escuela de modo urgente sobre su capacidad de responder a un desafío con el que desde hace años la educación viene lidiando: qué hacer con ese huracán llamado digitalización”.

¿Será posible que aquel “tercer espacio” que debería crearse en un entorno virtual, a medio camino entre la escuela y las redes, haya surgido en este contexto para ya quedarse? “Lo que se está produciendo en la escuela primaria y secundaria con la pandemia es la formalización de estrategias informales que los docentes ya tenían, como grupos de Whatsapp para dar clases, grupos de Facebook, y tutoriales de Youtube para conectarse con los estudiantes”, dijo Welschinger. “Me parece que es algo que puede llegar a perdurar luego de la pandemia y sería bueno, porque el objetivo debería ser el de extender la jornada educativa ya que sería muy beneficioso para combatir esa desigualdad del sistema educativo. Pero hay que generar conciencia de que para eso se necesitan recursos. Es un desafío sobre el que hay que trabajar porque la crisis desatada también podría llegar a agravar la desigualdad si no se continúan los esfuerzos realizados hasta ahora”, agregó. Como conclusión, para Benítez Larghi, “los aciertos y errores de hoy servirán de aprendizaje para seguir repensando los sentidos de la educación y de la escuela en las sociedades contemporáneas por venir”. El futuro tendrá, como siempre, la última palabra.

Fuente: Conicet