domingo, 22 septiembre 2019
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Lo que no sabías de las app de citas

Las aplicaciones de citas se instalaron como una forma más de conocer personas y con ese fin algunas favorecen encuentros entre personas igualmente atractivas mientras otras generan «matches» a partir de intereses en común, incluso antes de mostrar la imagen del otro usuario, pero ambas reflejan situaciones de la «vida real», según sus creadores y consumidores.

Los algoritmos que están detrás de las distintas modalidades de apps de citas se nutren tanto de datos básicos que dan los usuarios -género, edad, ubicación geográfica- como de otros que surgen del uso, como la cantidad de «likes» y de rechazos que recibe cada persona.

«Si una persona es rechazada consecuentemente, queda marcada de una determinada manera y se trata de ‘matchearla’ con otras que tengan el mismo nivel de rechazo», dijo Guillermo Zajic, analista de sistemas graduado en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y CEO de la empresa Medullaris, dedicada a la tecnología de los negocios digitales.

Por otro lado, las aplicaciones detectan a aquellos que «rechazan a mucha gente y, a su vez, tienen buen levante» y los categoriza por encima de quienes «le dan ‘like’ a todo», explicó Zajic. De esta manera, las apps seleccionan un subconjunto del total de las personas registradas para mostrarle a cada usuario.

«Así en las apps como en la vida, los lindos salen beneficiados», dijo Noelia, quien tiene 36 años, vive en el barrio porteño de Villa Crespo y es usuaria de tres aplicaciones de citas. Pero agregó: «No creo que en el mundo de las apps los lindos se vean más favorecidos que en el mundo real o lo que sería el levante en un boliche. Hay un tema de apariencias que nos atraviesa».

Sin embargo, hay quienes proponen ir a contramano de la lógica de las apariencias, como Federico Volinsky, quien creó una aplicación de citas inspirado en su historia personal y la llamó «BlindLove». Federico es argentino, vive en Miami, Estados Unidos, hace 22 años y está casado hace tres con Eugenia, una modelo uruguaya a la que conoció en la fiesta de cumpleaños de un amigo en común en Buenos Aires.

«Yo no era el tipo de hombre con el que ella estaba acostumbrada a salir, por la diferencia de estatura, más de 10 centímetros», comentó Federico, y agregó que en aquella fiesta él se acercó a su actual esposa, pero sin obtener grandes resultados.

«Cuando volví a Miami la ‘stalkeé’ por Facebook e Instagram, a la semana le mandé un mensaje y ese día nos quedamos hablando siete horas y media. Era sábado a la tarde, todavía me acuerdo», contó. Tres semanas después, Federico y Eugenia se dieron cita en Montevideo, hoy están casados y tienen un hijo juntos.

En enero de este año Volinsky lanzó BlindLove, a la que definió como «la primera ‘love app’ no de citas», ya que propone una «conexión verdadera» que va más allá de la atracción física. Con ese objetivo, BlindLove pide a sus usuarios que completen su perfil con una serie de «hashtags» que reflejen sus gustos e intereses, además de brindar algunos datos básicos, como edad, sexo y ubicación geográfica.

Del resto se ocupan los algoritmos, que crean «matches» a partir de los datos básicos y los intereses en común. Cuando ocurre un «match», los dos usuarios en cuestión pueden intercambiar mensajes, pero al principio verán la foto del otro desenfocada y mientras la conversación continúe la imagen se revelará cada vez más. 

La charla puede ser por mensajes escritos y de voz, y hay también una función que se llama «ask on a date», que es un banco de ideas de citas pensado para quienes tienen vergüenza de dar el primer paso e invitar al otro a un encuentro. «Si alguien invita formalmente a otra persona a una cita, tiene más chances de que le digan que sí», aseguró Federico.

Así, BlindLove propone una manera diferente de comenzar y sus algoritmos funcionan de acuerdo a la historia de su creador, para quien «el amor es también tomarse el tiempo de conocer al otro». (Télam)