Zircaos Vuelta al Mundo. Capítulo 37: Comimos hormigas culonas!

Si! Al fin comimos estos “bichitos” que los buscábamos desde hacía rato. Hemos probado varios ya, pero queríamos saber que gusto tienen las hormigas culonas. Y van para el vermut!

La llegada a Barichara fue perfecta! La primera persona que nos cruzamos a la hora de la siesta nos esperaba con una sonrisa, mientras nos decía: “Paren por acá nomas!” Que si es tranquilo? “Acá nadie se lleva nada, todavía este es un pueblo de gente buena”.

Y ahí nomás clavamos los frenos y estacionamos bajo un eucaliptus, frente a la iglesia más antigua de color naranja viejo. En una de las entradas un árbol en el medio del jardín de cientos de años clavado con ganas de no poder vivir más.

Ciro se llama este hombre, el de la bienvenida, de camiseta blanca y una sonrisa linda. El vende las famosas “hormigas culonas”, ahí, frente a la iglesia. Vive haciendo eso desde hace mucho tiempo. Los colombianos las consumen mucho, saladas o bañadas en chocolate. Dice que pican fuerte y por eso él no las caza, prefiere comprarlas. Cada día su mesita llena de insectos se presenta frente a la iglesia vieja, una de las más antiguas, donde es una visita obligada de cada visitante a Barichara. Cada vez que llegan turistas que bajan de un taxi Ciro, simple, les ofrece estas hormigas de la zona, muchos se dan vuelta con intriga a la propuesta y quedan mirando hasta que se acercan. 3, 5 y 10 pesos colombianos salen las bolsitas entre 20 y 70 pesos argentinos. Un aperitivo que está buenísimo, con un sabor que no se parece a nada, rico, crocante y lleno de proteína . Nos compramos una bolsa y Ciro nos regaló unas cuantas hormigas más. Nos contó de su trabajo y ahí estuvimos de vecinos como tres días.

El pueblo es uno de los mejores conservados de la época de la colonia. Tiene calles empedradas, se conservan la mayoría de las fachadas. Una plaza principal, enfrente la biblioteca, rodean la plaza algunos restaurantes, comercios donde van los locales y en la esquina una panadería donde se consigue pan calentito. Las calles del pueblo tienen subidas y bajadas, es un lugar muy tranquilo y visitado por muchos turistas del mundo entero.
También hicimos una caminata al pueblo de al lado, caminamos entre los cerros unos 7 kilómetros y llegamos a Guane, una comunidad chiquita, a la hora de la siesta. Todo quieto, como congelado pero en una día de sol de 36 grados.

Colombia tiene estos encantos, de encontrar gente linda, amable. Poder pasearse entre sus caminitos y llegar a lugares que nos muestran todo con solo sentarnos en una plaza por un rato, su cultura, la vestimenta, la música, todo se percibe cuando se anda con ganas de no perderse nada.

Gracias por acompañarnos!
Dándole la vuelta al mundo siempre!
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