viernes, 20 septiembre 2019
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Zircaos Vuelta al Mundo. Capítulo 83: El bosque de carteles, Watson Lake

Las rutas del norte tienen ese que se yo…! En nuestra vuelta tomamos la Alaska Highway, una carretera que se construyó en la época de la Segunda Guerra Mundial para conectar Alaska con el resto del territorio estadounidense.

La autopista atraviesa el estado de Yukón conectando Dawson Creek en la Columbia Británica en Canadá con Fairbanks en Alaska. En total cubre una distancia de 2451 km.

El paisaje que nos regala es hermoso, como siempre, con una paz que llena el alma. Animales salvajes, mares de pinos y cientos de ríos es parte de la naturaleza que nos rodea mientras avanzamos hacia el sur.

En el camino hay una parada obligatoria, un lugar por donde pasan todos los viajeros, el famoso “Sign Post Forest” (Bosque de Carteles) en Watson Lake, casi, casi en la frontera entre los dos estados de Canadá.

Llegamos de tardecita, quedaban un par de horas de sol. En el lugar una oficina de Información Turística y dos mujeres muy amables recibiendo a los visitantes. Folletería e información de todos los colores y tamaños, a los que ya estamos acostumbrados andando por la zona del norte.

En el extenso estacionamiento de tierra solo estábamos nosotros, la temporada de verano estaba en la recta final, quedábamos los rezagados de la época, pero se disfruta mucho de todas maneras.

En el lugar hay miles y miles de carteles. El primero lo coloco un soldado en 1942 y desde ahí empezaron a sumarse placas y objetos de todo tipo. Hoy en día hay más de 84000. Meterse en el bosque de carteles es un descubrir constante, encontrando placas de viajeros desconocidos y otros a los que conocimos en el camino.

Claro que no podía faltar nuestro recuerdo. Las dos mujeres, muy simpáticas como siempre, nos prestaron una caja llena de pinturas y pinceles y nos regalaron un trozo de madera, así que nos fuimos a una mesita del parque y empezamos a preparar nuestro cartel.

Después de un rato la pintura ya estaba seca así que taladro en mano elegimos un lugar (ya casi no quedan espacios libres) y ahí quedo, clavado, lindo, con tres tornillos el “Zircaos Vuelta al Mundo” para siempre, o por lo menos hasta que la madera resista al clima más extremo.

Una vez que terminamos el trabajo el sol estaba escondiéndose, las dos mujeres cerraban la oficina y una de ellas de acerca, con una sonrisa en medio de una cara llena de expresión y nos dice: “Esta noche tendrán aurora boreal! El cielo esta esplendido para que eso pase…”

Y así fue, como los pampeanos sabemos cómo estará el tiempo solo con mirar el cielo, ellos, allá arriba del continente saben cuándo la noche se llenara de colores verdes y naranjas. Y eso fue lo que sucedió, a eso de las 10 de la noche, con un frio increíble salimos al patio de casa (esta vez acampando a un costado de la ruta) y vimos como todo el cielo estaba pintado de verde. Emociono ver eso, era nuestra última chance de poder admirar una aurora boreal porque en cuanto seguíamos camino hacia el sur las probabilidades eran menores porque solo en los extremos del planeta sucede este fenómeno.

Que disfruten de este capítulo!!

Gracias por acompañarnos!!

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