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"Voy sacrificando lo que más me da"

Redacción 19/10/2014 - 03.57.hs
En entrevista con LA ARENA, el escultor santarroseño compartió su espacio de trabajo, su historia y sus ideologías más profundas. Entre obras de arte, herramientas y mate amargo, "el Chapito" contó su elección de vida y sus búsquedas plasmadas en el hierro.

Rubén "Chapito" Schaap nació en Santa Rosa en 1973 y desde chico se vio atraído por el arte; sobre todo por el dibujo y las ilustraciones que encontraba en los libros de María Elena Walsh y los Hermanos Grimm. "De chico me di cuenta rápidamente que tenía una fascinación por lo que tenía dibujo...ilustraciones. Siempre me sentía a pleno haciendo mis garabatos". Así comenzó la entrevista con "el Chapito". El lugar de encuentro fue su taller, un galpón detrás de una casa. Un lugar mágico y acogedor, casi un museo, donde el artista elabora sus obras y tiene todas las comodidades de un hogar; pero donde también conviven muchos de sus trabajos en hierro. Seres místicos, ángeles, demonios, lámparas, formas, un ajedrez, y hasta él mismo hecho escultura: "maniatado" (foto).

Rubén comenzó a indagar en el arte desde pequeño; todo lo que lo rodeaba lo llevaba a eso. Su madre trabajaba en una famosa librería de la ciudad y él, que cursaba sus estudios en el colegio de curas "Domingo Savio", estaba lejos de interesarse en los contenidos que allí le enseñaban (salvo en las materias artísticas en las que tenía las mejores notas).

- ¿De chico ya tenías un estilo?

- Sí, todo el mundo tiene un estilo. Mamarrachos, garabatos, el arte es un poco eso: la belleza de la fealdad, o la inocencia rabiosa. Básicamente es un lenguaje, entonces todo a su edad tiene su graduación artística. Pero me daba cuenta que vibraba mucho con los grafitos, con los colores. No me importaban otras cosas. No me importaba la administración rural, no me importaba la contabilidad, estaba ligado mucho a lo que después fue el cine, que básicamente fue todo. Eso con el tiempo se fue marcando hasta que con amigos, convocatorias, juegos de reciclaje, de trabajar con el arte de la chatarra, vinieron los primeros premios y ahí se inicio mi carrera, hace 20 años.

La formación.

En algún momento de los estudios en el "Domingo Savio", Rubén tuvo que irse de ese establecimiento porque "se escapaba mucho". "No me interesaba la verdad... primero quería ser sacerdote, era monaguillo, estaba obsesionado; pero estar cerca de ciertos lugares te hace ver historias que vas preguntándote, analizándolas", recordó. Más adelante llegaron a su vida temas como la calle, el arte, la poesía, el anarquismo, el guevarismo, la cuestión humana, filantrópica, el socialismo y la política. "Todo se fue incorporando, todo tuvo que ver con el discurso; y con el medio que tenía empecé a enunciar mi rollo existencial, a sacar desde la bronca hasta las preguntas internas, expulsarlas con el medio que sea....y el medio al que yo podía recurrir y me resultaba intenso tenía que ver con el dibujo, con la pintura, con la escultura".

"Chapito" trabaja sobre todo en esculturas de hierro. Estudió Bellas Artes, se recibió de profesor, pero jamás ejerció la docencia. "Mi obra siempre es muy discursiva, yo tengo temas fuertes, osados, provocadores, casi todas las obras tienen historias, preguntas, un cuento...tiene que ver con eso de la literatura también, no tengo una escultura que es una forma simple, directa y minimal. Lo mío es bastante barroco en algún punto", explicó.

- ¿Por qué el metal?

- Porque se puede hacer de todo, porque es noble, porque es económico, porque dentro de todo es liviano, porque es conector de electricidad, porque es conector de energía y porque persevera en el tiempo. A parte es irrompible. Yo con otros materiales, si bien me gustaba la cerámica, era bastante accidentado. Al metal podés aplicarle un golpe con caricia, y eso me encanta. Yo trabajo con un martillo de goma y golpeas, pero al mismo tiempo estás siendo tierno. Y por el fuego también, hay mucho de pasión.

- ¿Los conceptos que trabajás son los mismos o van variando?

- Van variando como la vida, constantemente con cosas nuevas, con formas que se avecinan, el trabajo de encontrar un lenguaje en el arte es abrirte mucho y esperar que las cosas pasen, no lo controla nada. Si bien no perdés el control, no lo controla nada, entonces es tirar una primera línea y después ver para dónde vas. Un poco la idea es eso, de a poquito todos los días ir haciendo algo, por ahí se generan ideas nuevas y yo soy muy inconstante, siempre tengo cosas nuevas. No me quedo con una imagen seriada que me asegure premios ni nada de eso. Siempre estoy sacrificando lo que más me da, no quiero nunca llegar a ningún lado. Disfruto mucho de esto de estar embarcado sin tener costa ni destino, es un poco la cuestión poética que yo le doy al arte, y por esa libertad es que lo disfruto tanto, por esa libertad es que no me resulta ni mucho trabajo ni sacrificio, lo amo como amo la comunicación entre los seres humanos.

- ¿Influye tu estado de ánimo en las obras?

- Sí, claro. No se pueden hacer cosas si estás angustiado, si estás mal. Tenés que estar muy para arriba, el tema que elijas no importa, pero sí tenés que estar con una energía muy especial, física y mental. No se puede salir a escena enfermo. Es un estado de mucha paciencia. Yo era ansioso, y eso se notaba en la obra, era ansioso por verla, por terminarla, y no estaba bien, pero eso lo vas aprendiendo con el tiempo. Adquirir la paciencia era primordial, como "El Arte de Amar" de Fromm, que habla de paciencia, concentración y disciplina.

 

El cierre de un ciclo.

Una de las esculturas más significativas que se encuentran en la ciudad, fue creada por Rubén Schaap y es la figura del Cacique Pincén, enclavada en el acceso sur de Santa Rosa. Este fue el resultado que cerró una etapa de búsqueda de este artista, en la que se conectó en profundidad con los pueblos originarios. "Yo había empezado a aprender la lengua ranquel y había tenido conexión hace años con 'Los lanceros de Pincén", una banda de rock de acá, y siempre estaba esta historia de amar las culturas étnicas y aborígenes en general y me pasó en México también", contó "Chapito". "Hay mucha sabiduría, una cuestión muy chamánica, muy ritual, mística y muy espiritual, y todo eso estaba ligado después a mi acercamiento y estudio que termina con la obra de Pincén, que cuando hice la maqueta para mí después me la encargaron en grande".

Schaap trabajó mucho tiempo con las mitologías aborígenes y realizó una muestra de seres mitológicos de diferentes comunidades como los guaraníes, los tobas, los araucanos y los tehuelches. "Las etnias para mí son fundamentales, de cualquier país, de cualquier lugar, son los pioneros, los sabios, los ancestros, los que han tenido conexión con los astros casi; y toda esa lectura en México está ligada a la escultura y a la arquitectura, entonces es importantísimo para mí el acto escultórico del norte", explicó el artista, que el año próximo posiblemente realice su quinto viaje a ese país en busca de nuevos conocimientos e intercambios.

 

Fernández Olivi.

El próximo mes, escultores pampeanos colocarán sus obras en inmediaciones a la rotonda de la calle Chile y la Avenida Luro. "Voy a hacer una obra con células, que tiene que ver con las formas de Raúl (Fernández Olivi)", contó Schaap. "Ese es el programa que tengo ahora, hacer una estructura de luminaria que se va a llamar 'Luz interior', y que tiene que ver con la cuestión interna del escultor y del alma, y en este caso está ligada a las formas de Raúl, que era un tipo que yo admiraba muchísimo".

 



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