Cobre en auge: la oportunidad de Argentina para construir otro “Vaca Muerta”
El cobre recuperó protagonismo en el mapa minero internacional y pasó a ser considerado un recurso estratégico para la economía del futuro. Su importancia excede a la industria tradicional: resulta clave para la expansión de las redes eléctricas, los vehículos eléctricos, los centros de datos, la inteligencia artificial y las energías renovables. Mientras la demanda mundial aumenta y los nuevos proyectos requieren años de desarrollo, los países con grandes reservas buscan posicionarse para captar inversiones. En ese escenario, la Argentina enfrenta un contraste: posee algunos de los yacimientos de cobre más importantes del mundo, pero lleva ocho años sin producir a gran escala. Esa situación, sin embargo, podría estar a punto de cambiar.
Según publicó Ámbito, la oportunidad es grande porque el mercado global se está reordenando. Especialistas del sector señalan que el planeta necesitará 70% más de cobre hacia 2050, impulsado por la digitalización, la inteligencia artificial, los data centers, la transición energética y la descarbonización. Para tener una idea más clara cabe mencionar el caso de los autos eléctricos, que requieren entre 4 y 6 veces más cobre que los de combustión. En la actualidad, la producción mundial alcanza las 23 millones de toneladas, con Chile como principal productor global, con 23% del total.
La Agencia Internacional de Energía también advierte que, con la cartera actual de proyectos, los déficits de oferta de cobre y litio persistirían hacia 2035. La presión viene de las tecnologías energéticas, pero también de una competencia más amplia por minerales críticos entre empresas, gobiernos y cadenas industriales.
El metal de la nueva economía.
El cobre tiene una ventaja difícil de reemplazar: conduce electricidad, resiste, se adapta a distintos usos industriales y está presente en casi todas las tecnologías que sostienen la electrificación. Por eso, la transición energética no redujo su importancia; la amplió. Además, se debe tener en cuenta que su reciclaje no es una opción altamente positiva, dado que se utiliza en gran medida para infraestructuras que duran varios años.
Ámbito indicó que hay tres motores de largo plazo: crecimiento demográfico, mejora de estándares de vida y transición energética. A eso se suman urbanización, data centers e inteligencia artificial, que agregan una demanda intensiva en cables, redes, sistemas eléctricos y equipamiento.
El problema es que la oferta minera no se mueve al ritmo de la demanda tecnológica. Un centro de datos puede construirse en pocos años; una mina de cobre puede necesitar décadas entre exploración, factibilidad, permisos, financiamiento, construcción y puesta en marcha.
Ahí aparece la ventana para la Argentina. El país no llega como productor consolidado, sino como una frontera todavía poco desarrollada. Eso implica más riesgo, pero también más potencial: si los proyectos avanzan, el salto puede ser mucho más visible que en mercados donde la minería ya opera en plena escala.
El país, entre el récord y el salto pendiente.
La minería argentina ya empezó a mostrar un cambio de escala, aunque todavía apoyada principalmente en oro, litio y plata. Las exportaciones mineras alcanzaron u$s4.742 millones en el primer semestre de 2026, el mayor registro para ese período desde que existen estadísticas comparables, según un relevamiento de CAEM y la Bolsa de Comercio de Rosario citado por Infobae.
La cifra representó una suba cercana al 75% frente al primer semestre de 2025 y de 156% contra el mismo período de 2024. El oro concentró alrededor del 61% de las exportaciones mineras del semestre, mientras que el litio se consolidó como segundo mineral exportador y aportó cerca de una cuarta parte del total.
Pero el cobre todavía no aparece en los embarques. Según ABECEB, la Argentina proyecta exportaciones mineras por u$s10.000 millones en 2026, u$s18.500 millones en 2030 y más de u$s35.000 millones en 2035. La consultora marca que ese salto estructural dependerá en buena medida del cobre, con más de tres proyectos avanzados que requieren más de u$s28.000 millones.
La diferencia es central: el récord actual muestra que la minería ya aporta divisas. El cobre, en cambio, podría cambiar la escala del sector.
El mapa argentino tiene nombres conocidos por la industria global: Vicuña, Los Azules, Taca Taca y El Pachón, entre otros. ABECEB los incluye entre los hallazgos de clase mundial que ya surgieron pese a que sólo una parte reducida del territorio con aptitud geológica fue explorada en profundidad.
Vicuña aparece como una de las apuestas más relevantes. BHP y Lundin Mining tienen 50% cada una del joint venture, ubicado en la frontera entre la Argentina y Chile, con una propuesta de desarrollo a gran escala y de larga duración entre cobre y oro.
La cartera todavía está en etapa de desarrollo. Según ABECEB, el país tiene 25 proyectos en producción, ninguno de cobre; siete en construcción, tampoco de cobre; 15 en factibilidad, de los cuales cinco son cupríferos; cinco en prefactibilidad, con uno de cobre; y 88 en exploración, donde 21 corresponden a cobre.
El dato muestra el punto exacto en el que está parada la Argentina. La oportunidad no está en ampliar una producción existente, sino en transformar una cartera de proyectos en minas activas. Ese camino requiere capital, infraestructura, permisos, proveedores, talento y reglas sostenidas durante años.
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