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El solucionador de problemas

Redacción 26/09/2026 - 08.05.hs

Juan Caldera es un especialista en restaurar y construir. Como Analista de Sistemas y Técnico Mecánico, puso en marcha un emprendimiento que funciona como proveedor de servicios en esas cosas que siempre se necesitan hacer o arreglar.

 

La escena parece extraída del famoso cómic de Superman: en solo segundos pasa de la camisa, el saco y la corbata a un mameluco de fajina de cuerpo entero. Un movimiento digno de Clark Kent pero que en lugar de hacerlo en una cabina telefónica y tener superpoderes implica el traslado desde la oficina al taller. De la pantalla de la computadora a la soldadora. De la impresora 3D a la mezcladora. Eso es lo que hace Juan, una especie de MacGyver (para quienes miraban series televisivas en los lejanos años ‘80) combinado con Bob el Constructor (un dibujo animado más reciente) que además de sus títulos universitarios, le agregó toda una gama de servicios vinculados a la construcción.

 

Al hacer y al reparar.

 

“Básicamente lo que hago es solucionar problemas -con mi formación como informático también lo hago- aunque en un rubro se resuelve con las manos y alguna herramienta, y en el otro con el teclado y el mouse, pero es más o menos lo mismo. Y lo que más me gusta es el desafío de restaurar cosas. Que vuelvan a funcionar después de haber estado largo tiempo sin andar o desarmadas”, resume Juan Caldera (45) sobre las múltiples tareas que desarrolla en su rol de emprendedor. Un proveedor de servicios que equipó de la mejor manera tanto a su oficina como a su taller-galpón dentro del mismo terreno donde también está su casa familiar (en la calle Curacó de Santa Rosa y cuyo WhatsApp de contacto es el 2954 - 687947) construida en gran parte por sus manos y su planificación.

 

“Soy Técnico Mecánico, Profesor, Analista de Sistemas, Licenciado en Sistemas y Fotógrafo”, enumera acerca de su currículum profesional y laboral. Caldera trabajó durante dos décadas en el Instituto Nacional de Tecnología Agraria (INTA) y, cuando pudo montar su taller de trabajo, se dedicó por completo a la construcción de casas junto a la reparación y arreglo de los distintos elementos que habitan una vivienda, oficina, industria o negocio.

 

“Nací en Mendoza porque mis viejos trabajaban ahí en ese momento, pero cuando era chiquito nos fuimos a Realicó. Hice el secundario en la escuela técnica, trabajé desde chico en el campo y en el 2000 me fui a Pico a la Facultad de Ingeniería, pero vino toda la crisis de 2001 y se hizo re complicado cursar. Al año siguiente vine a Santa Rosa y empecé a estudiar en el Liceo Informático que estaba en un gran momento con un gran desarrollo de los programas de estudio. Cuando me recibí de Analista surgió un concurso en el INTA para trabajar en esa especialidad y armamos un equipo de investigadores de sistemas. En paralelo surgieron las posibilidades de tomar horas como profesor”, resumió Juan en la charla con LA ARENA.

 

A tiempo completo.

 

En su oficina hay herramientas, planos, tableros, muñecos hechos con la impresora 3D. Todo ideado y construido por Juan que, pese a la calma que transmite, parece no estar nunca quieto. Su curiosidad y ganas de hacer parecen interminables y por eso en 2024, cuando le puso fin a su trabajo en el INTA, decidió dedicarse a tiempo completo a su emprendimiento.

 

“Lo que más me gusta es enfocarme en una casa, un rancho que está destruido como me gusta decir, y hacerle todo: contrapiso, revoque, pared nueva, aberturas, y después todo lo fino con las instalaciones, automotización, robótica, impresiones 3D. Por supuesto que trabajo con albañiles y gente especializada si es que hay algún problema difícil de resolver”, describió Caldera en su completísimo taller con tornos, prensa, hornos, soldadoras e incluso una grúa móvil que utiliza para mover y cargar sobre su camioneta-combi las grandes estructuras sobre las que trabaja y luego transporta.

 

Juan está en pareja con Yanina Bellini, una destacada profesional que es Licenciada en Sistemas y trabaja desde hace seis años en forma online para una consultora de Estados Unidos. Tienen dos hijos, Bauti (10) y Fran (12), y aunque comparten espacio laboral y casa, cada uno se ocupa de tareas muy diferentes.

 

“Hay momentos en que estoy mucho tiempo en la oficina, otros en el taller y otros fuera de casa dependiendo del trabajo que haya que hacer”, detalla Juan justo cuando un hombre con su camioneta entra hasta la puerta del taller, se baja apurado y le dice, entre bromas compartidas: “Prestame la mezcladora, a mí se me rompió y estoy en pleno laburo”. El hombre es Marial Lucero y ambos trabajan juntos en gran parte de las obras que les demandan.

 

“He hecho muchas restauraciones, de cocinas viejas, cocinas a leña, calentadores, faroles, cosas que estaban destruidas y las dejé nuevas. Me gusta el desafío de resolver cosas, no de hacer cosas nuevas sino solucionar cosas que estaban andando y dejaron de andar. Cuanto más antiguas, mejor”, remarcó Juan mientras muestra una cocina que tenía 70 años y quedó como para exhibirla en la vidriera de un local comercial.

 

“Siempre tuve el perfil de hacer, de buscar soluciones. En el colegio de Realicó creo que tuvimos un hito histórico porque fuimos el único proyecto de Feria de Ciencias provincial en el que obtuvimos 100 puntos. Eso fue en el ’98 y habíamos inventado una máquina para cambiar las capas aisladoras (son la barrera de materiales impermeables que se coloca en los muros y cimientos de una construcción para evitar que la humedad del suelo suba por los poros de los ladrillos): hicimos las máquinas, todo, y fue algo muy destacado y valorado porque lo evaluaron ingenieros muy grosos”, recordó Juan sobre una etapa en la que, de muy joven, ya mostraba un perfil definido, el de un profesional que se encarga de solucionar problemas, restaurar lo abandonado y proveer servicios. A tiempo completo.

 

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