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Martes 09 de junio 2026

A 70 años del bombardeo a Radio Nacional Santa Rosa

Por Redacción 09/06/2026 - 18.25.hs

El estruendo de las bombas conmovió a la ciudad que desde la noche anterior se mantenía en vilo. Era la mañana del 10 de junio de 1956 cuando aviones militares --modelos Catalina y Avro Lincoln--, que habían partido desde la base de Villa Reynolds (San Luis), dejaron caer los explosivos sobre la antena y la planta transmisora de LRA3 Radio Nacional Santa Rosa.

 

La emisora había sido tomada la noche anterior, y nuestra provincia recuperada por algunas horas por un comando del peronismo derrocado en 1955 por la autoproclamada Revolución Libertadora.

 

El alzamiento de Valle.

 

La proclama la leyó un locutor imprevisto, el militante Dante Pracilio, y fue tomada como una afrenta por los mandos militares. Pracilio, muchos años más tarde, se haría muy conocido por ser propietario del Cine Monumental y también el Autocine en Santa Rosa (falleció hace algunos meses a los 101 años).

 

El bombardeo fue una represalia y respuesta al alzamiento del general Juan José Valle, que en La Pampa fuera comandado por el capitán Adolfo César Philippeaux, que con un grupo de militantes pudo tomar la Casa de Gobierno y también la sede de Radio Nacional Santa Rosa, el Distrito Militar y la Jefatura de Policía.

 

La proclama y las bombas.

 

En Radio Nacional Santa Rosa se leyó la proclama rebelde contra el gobierno de facto que encarnaba Pedro Eugenio Aramburu. Fue la única emisora que pudo hacerlo en todo el país, y los militares en el poder no lo perdonaron.

 

En represalia los aviones sobrevolaron Santa Rosa aquella mañana del 10 de junio y soltaron sus bombas sobre el predio ubicado sobre la avenida Palacios 950, donde estaba ubicada y aún continúa la planta transmisora. Los explosivos generaron profundos cráteres en el terreno y las esquirlas impactaron en el área circundante, de modo que afectaron la antena transmisora y parte del estudio donde se ubicaban los estudios.

 

LRA 3 Radio Nacional había sido la única en transmitir la proclama de la “Revolución de Valle”, el levantamiento en respuesta a la dictadura cívico-militar de 1955.

 

La feroz represalia.

 

Santa Rosa fue el único lugar del país donde el alzamiento contra el gobierno de Pedro E. Aramburu e Isaac Rojas logró su objetivo, al menos por algunas horas. Al copar la radio Philippeaux se aseguró una buena difusión de su mensaje, porque por ese entonces la emisora tenía un transmisor de 20 kilovatios, capaz de llegar a cientos de kilómetros a la redonda. Así la radio solía entrar “limpia” a la madrugada desde Buenos Aires a Santiago de Chile.

 

En otros sitios del país la revuelta de Valle había sido literalmente aplastada –se dijo que el gobierno de facto estaba al tanto y los dejó actuar--, y se esperaban las represalias. Clarín –cuando no-- tituló en tapa un día como hoy: “Será fusilado en el acto todo perturbador de la tranquilidad”.

 

Los fusilamientos.

 

Y así sucedió. En los basurales de José León Suárez 27 civiles y militares fueron ejecutados; y luego otras cuatro muertes completaron la estadística de la Revolución Fusiladora, como la llamó Rodolfo Walsh.

 

Para el capitán Philippeaux y su grupo estaba dispuesta la misma orden, que finalmente nunca se cumplió.

 

Detenido en San Luis el ex jefe de la escolta presidencial de Perón, también iba a ser fusilado. Pero algo pasó: el avión que debía trasladarlo a Bahía Blanca para cumplir esa orden nunca partió porque oficiales de la Fuerza Aérea boicotearon el vuelo.

 

Más tarde le computaron la sentencia por prisión, y luego fue indultado por el gobierno de Arturo Frondizi.

 

En La Pampa, hubo 300 personas que sufrieron detención y más de 30 resultaron encarceladas por varios días. Afortunadamente las órdenes de fusilamientos, impartidas por el interventor de la provincia Martín Garmendia nunca se cumplieron

 

Pasaron siete décadas.

 

Precisamente hoy se cumplen 70 años de un suceso que quedó registrado para siempre en la historia de nuestra provincia. Un episodio que puede resultar lejano y para las nuevas generaciones desconocido, y tal vez por eso bien vale la pena rememorarlo.

 

La bomba que no explotó.

 

En el hall de entrada del ahora moderno edificio de Radio Nacional Santa Rosa, se exhiben distintos objetos que tienen que ver con su historia desde su inicio el 9 de Julio de 1959.

 

Se observan desde lámparas usadas por los técnicos, antiguos micrófonos, viejos aparatos de radio y grabadores… pero algo destaca netamente: el armazón de una de las bombas que cayó sobre LRA 3 Radio Nacional Santa Rosa aquella mañana del 10 de junio de 1956.

 

Descansa sobre una pequeña mesa, como mudo testimonio de un tiempo de violencia que incluyó aquel ataque aéreo sobre una ciudad –con epicentro en el predio de Radio Nacional-- donde habitualmente reinaba la calma.

 

Tres chicos y la bomba.

 

Esa madrugada en que las bombas caían sobre la radio, tres chicos miraban desde lejos lo que estaba sucediendo. Cuando el ataque cesó se acercaron y vieron, impresionados, los cráteres provocados por los explosivos.

 

Grande fue su sorpresa cuando sobre un médano encontraron aquella bomba semiexplotada.

 

Sin pensarlo demasiado la alzaron y se la llevaron para esconderla en un sótano, temerosos de lo que pudiera pasar.

 

Un día pensaron que algo debían hacer con ese proyectil, vívido testimonio del bárbaro ataque, y pensaron que el arquitecto Miguel García --militante de la JP que en la dictadura estuvo detenido 7 años y medio-- podía ser la persona indicada para tenerlo.

 

Miguel recordó alguna vez que “a finales de los años ‘80, una persona de apellido Roldán y otros dos hombres se presentaron en mi estudio con el artefacto y me lo entregaron. Creían que era la persona indicada para tenerlo hasta que se determinara su destino final”.

 

La entrega a la Radio.

 

El arquitecto guardó la bomba en su estudio otros 35 años, hasta que en un aniversario del bombardeo la entregó en Radio Nacional para que fuera expuesta al público, acompañada por una cartilla interpretativa con los nombres de los militantes que participaron de aquella sublevación.

 

Y allí permanece… como mudo testimonio de un hecho de barbarie.

 

Algunas ideas existieron sobre qué hacer con el artefacto. Se pensó en una escultura con los tres niños portando la bomba rescatada del médano, “pero no prosperó”, contó García.

 

Hoy sigue en la radio como testimonio del sangriento capítulo que Rodolfo Walsh definió como “la revolución fusiladora”.

 

 

 

 

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