El periodista Juan Carlos "Pampa" Martínez falleció a los 93 años
El reconocido periodista Juan Carlos "Pampa" Martínez falleció en la ciudad de La Plata, a los 93 años. El columnista de este medio, Juan José Reyes, lo despidió con un sentido homenaje.
Ha partido un tenaz pionero por la libertad de prensa, las libertades civiles y las garantías individuales. Juan Carlos “Pampa” Martínez (1933-2026) fue un motor constante en la historia del periodismo pampeano. Su filosa pluma fue un faro de luz en un mar de dudas para poder honrar, defender y emancipar la conciencia social frente a la opresión y la injusticia en la última dictadura. Su obra ensayística se cimentó en una obsesión primordial: desafiar el relato oficial sobre la historia de la violación de derechos humanos. Su obra “El último sueño de Chicha” (2021) se convirtió en lectura obligada para desentrañar las sombras de la desaparición forzosa de bebés. Desde el exterior, meses después del golpe de 1976, fue uno de los primeros en afirmar que el terrorismo de Estado fue un fenómeno sistemático caracterizado por secuestros, desaparición y ocultamiento de la identidad de los hijos de detenidos-desaparecidos. En 2001 incursionó con “Lumbre”, pateando el tablero del periodismo pampeano al protagonizar relevantes capítulos del combate por la libertad de expresión. Tenía 93 años y una trayectoria que se extendió seis décadas en varios medios de comunicación
Sostenía a rajatabla que en aquel terrorismo de Estado de la última dictadura cívico-militar-clerical, como le gustaba afirmar, podía leerse toda la transición que dejaba atrás el relato idílico para convertirse en un proceso repleto de ambiciones ocultas, silencios, traiciones y muerte. Publicó 6 obras literarias e infinidad de artículos en distintos medios periodísticos de España, Italia y Argentina que lo convirtieron en un periodista muy leído e influyente. Su estilo y narrativa eran inconfundibles; directo, erudito y a menudo mordaz; siempre alejado de cualquier autocensura. No escribía para agradar ni encajar en narrativas convencionales; diseccionaba la historia de lo que sucedía con una honestidad que incomodaba a los poderosos. Fue socio fundador de la Fundación Anahí, entidad creada por María Isabel “Chicha” Chorobik de Mariani, fundadora de las Abuelas de Plaza de Mayo en la búsqueda de Clara Anahí Mariani Teruggi, apropiada por los militares en noviembre de 1976.
Osado e irreverente.
En todas sus obras mostró su visión desencantada pero rigurosa sobre esa etapa histórica del país y de nuestra provincia. Incluso quienes discrepaban con sus opiniones reconocieron en él algo fundamental: su escritura dejó huella en nuestra comprensión acerca de un pasado íntimamente ligado a la “corrupción”. Su legado no se limita a etiquetas ideológicas o controversias aisladas; radica más bien en esa constante insistencia por enfrentar las contradicciones inherentes a la democracia, ya sea desde sus élites como desde sus oposiciones. Un periodista que eligió incomodar antes que complacer y justamente esa elogiosa elección definió su mayor contribución al debate público pampeano cuando fundó aquella revista de tirada mensual hace un cuarto de siglo y que marcó una época en el periodismo pampeano. Siempre recordaba aquella frase de Ryszard Kapuscinski “El trabajo de los periodistas no consiste en pisar las cucarachas, sino en prender la luz, para que la gente vea cómo las cucarachas corren a ocultarse" o aquella otra de su admirado e idolatrado Rodolfo Walsh “El periodismo es libre o es una farsa". Pero sin duda alguna sus lectores deben agradecerle que gracias a su husmear en la calles y en documentos ocultos fue la voz de los que no tienen voz. Su inclaudicable compromiso con la verdad y la justicia, que a la postre fueron el oxígeno para una sociedad más libre y democrática, tuvo importante envergadura en nuestro pago chico. Ser periodista es, en gran medida, ser un biógrafo de la sociedad en tiempo real. Su estilografía dejó para siempre textos inolvidables.
El legado de “Lumbre”.
En octubre de 2001 en aquellos tormentosos días de una de las mayores crisis vividas por la Argentina, nació en La Pampa el mensuario Lumbre. Durante su primera etapa estuvo una década, aunque durante los años 2016 y 2018 fue reeditada. Para muchos lectores, Juan Carlos era concienzudo y defendía sus posturas como si en ellas se le fuese el alma, pero representó una referencia crítica esencial de aquella época muy politizada. Para otros, quizás era una voz excesiva, pero lo más probable es que ambas visiones sean parte integral de su notable legado. Su escritura combinaba rigor documental con una prosa alejada del academicismo, ofreciendo interpretaciones contundentes sin pretender alcanzar neutralidad alguna. Al cabo de 103 números, el mensuario Lumbre había sumado cientos de lectores y tres demandas judiciales de parte del poder político. Las absoluciones que consiguió en los estrados marcaron precedentes en la materia, en particular cuando un fallo de la ex jueza pampeana Verónica Fantini contra el demandante aplicó por primera vez en la provincia la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. El 5 de abril último se cumplieron 21 años de aquel hito histórico con la demanda beneficiando a Lumbre en favor de la libertad de expresión. Fue en pleito iniciado por el entonces director del Banco de La Pampa Juan Carlos Tierno, luego intendente de Santa Rosa y ministro de seguridad de Carlos Verna contra tres periodistas de la publicación: Martínez, Gustavo Laurnagaray y Flavio Frangolini. Por vez primera se aplicó en nuestra provincia la jurisprudencia de la Corte de San José de Costa Rica, organismo encargado de proteger y promover los derechos humanos en beneficio de la crónica libre e independiente. Fue un cronista que tenía la necesidad de insistir en hacer el periodismo que tanto fastidia a los poderosos, que tanto molesta a quienes sueñan con un mundo sin periodistas. En su libro “La abuela de hierro” Martínez afirmaba que “El periodista es, ante todo, un ciudadano al que nada le resulta ajeno. Como cualquier persona vive, palpita y sufre los problemas cotidianos que lo rodean. Los propios y los del prójimo. No es, no puede ser indiferente a nada. Mucho menos frente al dolor y la injusticia. Por eso no es neutral”. Sin dudas un valiente que sin especulaciones enfrentó a los genocidas, a las mafias y a la corrupción dejando vacía la huella que se había trazado golpe a golpe, como Eduardo Galeano, en el periodismo uruguayo.
Glosario de un hombre de letras.
Martínez inició su extensa carrera como redactor periodístico en la década de los sesenta en su General Pico natal. Allí dirigió los periódicos Zona Norte y Primera Hora para luego dirigir a Nuevo Diario en Santa Rosa. Fue Secretario de Redacción de la gaceta patagónica de Río Negro. Ya en la peligrosa década del ochenta fue corresponsal internacional para la agencia Noticias Argentinas en Roma y más tarde en la agencia Diarios y Noticias en España. Allí publicó infinidad de artículos relacionados con el terrorismo de Estado en las revistas ibéricas Tiempo, Interviú y Cambio 16 al igual que en los periódicos El País, El Independiente y en el semanario gallego A Nosa Tierra. De regreso a nuestras tierras, trabajó como redactor en la agencia Diarios y Noticias y en la década de los noventa, ya asentado nuevamente en La Pampa, fue secretario de redacción del diario La Reforma y tiempo más tarde condujo la agencia del mismo periódico en Santa Rosa. En sus últimos años a pesar de su edad avanzada no dejaba de hacer correr ríos de tinta en la porteña Agencia Paco Urondo; en Radio Kermés y como colaborador en el Diario La Arena, con el sarcasmo y la ironía que siempre lo destacaron como herramientas de denuncia. Su bibliografía más conocida empezó con “La Abuela de Hierro” (1995), “La Apropiadora” (2011), “La Pampa Nostra” (2015), El Golpeador (2016), “El último sueño de Chicha” (2021) y finalmente "Lumbre entre sombras” (2022). Para muchos de sus lectores representó una referencia crítica esencial de la época. Para otros, quizás era una voz excesiva pero es muy probable que ambas visiones fueran parte integral de su notable legado. Por último, y en lo personal, decirte gracias por tu amistad, un regalo que trasciende la distancia entre la vida y la memoria, pero gracias por tu dedicación y por ejercer el periodismo con integridad, sensibilidad y pasión que siempre desafiaron la injusticia y brindaron una plataforma a las voces silenciadas. Se fue un periodista que hizo historia, dejando un impacto muy significativo en la sociedad y la cultura a través de sus contribuciones.
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