Enchufados al trabajo
En Artelco acumulan más de 40 años como uno de los negocios referentes en la venta y distribución de materiales eléctricos. Una minipyme familiar en la que trabajan 12 personas y que de la mano de Alberto Rossi sigue en crecimiento.
Se acomoda en su sillón de oficina y con precisión de relojería va desgranando cada detalle y cada dato que hacen a su trayectoria laboral, a su desarrollo familiar y a su perfil personal. Tiene 77 años pero claramente la frase común que sentencia eso de “no los aparenta para nada”, le calza como un traje de modisto. Alberto Salvador Rossi habla y da gusto escuchar cómo fue que se forjó su espíritu emprendedor para, hace 43 años, poner en marcha “Artelco SRL”, una de las empresas más importantes de venta y distribución de materiales eléctricos en toda la provincia.
“Me siento bien, trabajar te mantiene activo, despierto, y además este negocio me encanta. Esa es la realidad”, asegura Alberto para poner en palabras algo que es evidente. “Mis dos hijas, María Eugenia (46) y Florencia (42), trabajan acá, ellas se fueron a estudiar sus carreras en Buenos Aires y volvieron, así que de a poco irán ocupando distintos lugares”, agrega en la charla con LA ARENA el dueño del local de enormes dimensiones ubicado en la muy transitada esquina de la avenida Luro 1195 y la calle Congreso (el teléfono es 2954 – 529950), en Santa Rosa.
Materiales para industrias, para obras en construcción, artículos para el hogar. En Artelco el transitar de electricistas y trabajadores del rubro es incesante. Allí encuentran todo lo que buscan, con un equipo de atención al cliente que ofrece el mejor servicio, conocimiento, experiencia y predisposición.
“Por supuesto que en más de cuatro décadas nos fuimos adaptando y cambiando hacia los distintos cambios sociales, políticos y tecnológicos. La demanda va modificándose pero hay cosas que nosotros mantenemos como la honestidad, la seriedad y el profesionalismo”, remarca Alberto, que es nacido en General Pico y que desde chico tuvo contacto con elementos vinculados a la energía y la electricidad aunque en ese momento no imaginaba que terminaría al frente de un negocio especializado.
“Cuando era chico iba al colegio de la Acción Católica en Pico y como tenían el cine me llamaban para ir a la sala y fui aprendiendo a usar el proyector y otras cosas. Fuera del horario escolar iba al colegio a patear la pelota, esa es la realidad, pero también me llamaban para esa tarea así que se puede decir que fue mi primer trabajo”, recuerda Rossi, que luego fue empleado en una zapatería, mutó a viajante de Chocolates Aguila y finalmente fue convocado para trabajar en Canal 3. Se instaló en Santa Rosa y ya no se fue más.
“En ese momento se estaba construyendo el edificio de lo que es Canal 3 hoy. Tuve la suerte de aprender muy rápido y manejé todo lo que era la tarea detrás de cámaras. Fueron muchos años de trabajo muy lindos salvo en la época de los militares, que atravesamos situaciones muy feas, con soldados armados dentro del estudio. Después estuve en Buenos Aires y durante algunos años tuve la fortuna de trabajar en todos los canales de aire de ese entonces: el 9, el 11, el 13 y Canal 7, que se lo conocía como ATC y fue una etapa muy fructífera”, recordó Rossi.
Libretita.
Ya nuevamente en Santa Rosa, Alberto invirtió en un tinglado sobre la avenida de Circunvalación, enfrente al barrio Empleados de Comercio, y a través de alguien que trabajaba en el rubro de electricidad percibió que, “sobre todo en los pueblos, en el interior”, había una demanda grande de artículos de energía.
“Yo tenía una libretita y ahí anotaba todo lo que la gente pedía. Eso me sirvió de guía porque después iba a Buenos Aires, compraba esas cosas, y las vendía acá. Y la verdad que me empezó a ir mucho mejor de lo que recibía con el sueldo de mi trabajo. Asi fue que abrí un localcito y mi mujer, Martha (72), había conseguido trabajo en OSDE. Pero yo le dije ‘venite, venite al negocio que vamos a andar bien’. Había un empleado también y aunque ella no estaba convencida finalmente cambió de opinión y por suerte no nos equivocamos”, resalta Rossi. Y agrega: “Fue meterle y meterle, casi sin pausa. En un momento para que vaya a almorzar, mi mujer, que estaba en una casa enfrente, con un espejito hacía reflejo con el sol y esa era la señal para que vaya a comer. Comía y enseguida volvía al local”.
‘Artelco’ comenzó a crecer y a expandirse. Se hizo referente y por eso la mudanza era impostergable. “Esta esquina la hicimos muy a consciencia, la construimos con cada detalle, y por eso proyectamos crecer hacia arriba para agregar más espacio”, detalla Rossi sobre lo que viene en un local que tiene abundante lugar para los clientes, para depósito, en las oficinas internas pero que no se queda quieto.
Distribuidora.
Más allá del trato detrás del mostrador, la minipyme santarroseña basa su estructura en la distribución mayorista, por eso llegan a todas las localidades de la provincia y muchas obras públicas cuentan con productos salidos de Artelco.
“Trabajamos mucho con las obras grandes, entramos a las licitaciones públicas, tenemos una clientela muy grande y que nos conoce desde hace mucho. Hoy la situación está complicada, y en cualquier negocio se nota cuando baja el consumo. Lo cierto es que para el comercio no hay rentabilidad, entonces se complica”, analiza Alberto.
Es cerca del mediodía y el ingreso de clientes no tiene pausa. Cada empleado cumple su tarea y cuando María Eugenia los convoca para la foto grupal, el humor predomina en el ambiente. Los chistes van y vienen ante el lente de la cámara que, finalmente, captará el espíritu de un lugar que está enchufado al trabajo pero que sobre todo ofrece la mejor energía en buena atención, conocimiento y profesionalismo. La tradición de Artelco.
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