Oscar García presentó “Divagario”
El músico y escritor Oscar García, presentó anoche su segundo libro “Divagario”, al que definió como “un compilado de relatos y vivencias de la música y la amistad, historias sobre la pertenencia y contra el olvido”, en el Salón Los Pioneros de la CPE, ubicado en Alsina y Pellegrini.
García dijo en el programa La Parte y el Todo, de la Televisión Pública Pampeana, que “me vuelve a tocar un tema que tiene que ver con la pertenencia y con esta especie de alegato contra el olvido. Eso fue mi primer libro, que recogí las historias de mi barrio, Villa del Busto, aunque nosotros éramos un solo barrio, del otro lado de la vía. Vengo de una generación que hacíamos las cosas en grupo. Desde la barra de la esquina hasta el equipo de fútbol nos movíamos en grupo”.
“Yo viví, y me da mucha dicha recordarlo, épocas de oro. No solamente de lo que hacíamos nosotros, sino de las cosas que nosotros aprendíamos y tomábamos como referentes a nivel emocional. Y después hubo un cambio, se impuso el individualismo en este país. Y estamos pagando las consecuencias. Hay que mirar esa etapa donde los grupos empiezan a desaparecer y quedan los solistas, a mí me pasó que yo creí que iba a ser para toda la vida el grupo y no fue así”, señaló en referencia a su recordado “Cantizal”.
Y agregó que “como en toda la sociedad empezaron a ocurrir, esos fenómenos, yo no sabía cómo afrontarlo. Me quedé con la posibilidad de ser solista, que yo no la pensaba. Me ayudaron algunos amigos en eso, pero fue duro. Me dolió bastante esa etapa. No fue fácil para mí. Y recién en 2008 y después de un trabajo con una maestra de canto memorable que tuve, Ani Grunwald, que fue integrante del Buenos Aires 8, y me ayudó a confiar en mí”.
La Patria del Corazón.
En esa línea, recordó que en ese 2008, sacó un libro y un disco -el primero como solista-, “además de tener esa experiencia en la música, tenía esas charlas con los amigos que me gustaba recuperar. Historias que aprendimos de niños, que frente a los grandes solamente escuchábamos. Pero nos deleitaba escuchar esas charlas de sobremesa, esas reuniones de amigos, de familiares. Estábamos repitiendo una memoria colectiva que hay y que tenemos insertada desde la época del fuego”.
Respecto de la actualidad, y el avance de la tecnología sobre las nuevas generaciones, García señaló que “lo que ocurre es que cuando uno hace relatos orales, la respuesta es muy buena. Alguna gente se encontrará por primera vez con algo así, cuando antes era usual eso. Nosotros nos juntábamos, el grupo de chicos, que alguno había ido al cine y contaba la película. O nos contábamos el partido de fútbol que habíamos escuchado por radio, porque no había televisión aquí y parecía que lo habíamos visto. Es la magia de la oralidad, que también la encuentro en la poesía”.
“Cosecho historia, siempre lo hice. Porque estoy atento a algunas cosas que yo creo que a todo el mundo le suceden, pero hay gente que está más desatenta y le parece que es normal las cosas que pasan, y sin embargo no son tan así. Acá hay historias que yo las podría definir como reales que en algunos casos parecen sueños, y hay algunos sueños que parecen sucesos reales”, resaltó.
Y añadió: “Todo eso se mezcla, también a veces con la casualidad que, como decía un agnóstico como Albert Einstein, la casualidad es el modo que tiene Dios para mantener el anonimato. Y a mí me gustó eso”.
Antonio Machado.
García señaló que en el libro “hay relatos que van desde un viejo sueño que tenía yo, que era conocer el camino de Antonio Machado cuando desde Barcelona se va al exilio, hasta llegar a esa pequeña aldea de pescadores que es Coliul, donde a los pocos días falleció. Pude ir hasta allí, donde están sus restos en un pequeño cementerio que está impresionantemente lleno de flores frescas todos los días de los peregrinos que van allí”.
“Con Edgar Morisoli habíamos hecho una canción al último amor de Antonio Machado, que se llamó Pilar de Valderrama, y en la tumba de don Antonio hay un insólito buzón. Así que yo, además de una plegaria, le dejé la canción”, recordó.
“Hay otra historia que me sucedió con una moneda mexicana que me regaló un hombre que se llamaba Jesús, en el Zócalo, y que primero se convirtió en un talismán y después casi en un milagro…”, dijo invitando a leer su libro.
“Hace falta un liderazgo con mirada federal”.
En otro tramo de la charla, García reflexionó sobre la memoria colectiva, la situación social y política del país y el papel de la cultura en tiempos de crisis. Allí reivindicó a la generación que soñó con transformar la sociedad y advirtió sobre los riesgos del olvido.
Consultado sobre la actualidad política, admitió que no observa el futuro del gobierno de Javier Milei con optimismo. “No tengo optimismo con respecto a lo que va a ocurrir. Incluso puede ser peor”, sostuvo. Sin embargo, consideró que “la reacción social aún es limitada, está tibia” y atribuyó parte de esa situación “a la falta de liderazgo. Siempre hace falta una conducción que sume y que tenga una mirada federal. Otro de los problemas serios que tenemos es el porteñismo”, expresó.
García también destacó el rol histórico del arte como espacio de resistencia y anticipación de los cambios sociales, reivindicó la riqueza cultural argentina y recordó a figuras como Homero Manzi, Enrique Santos Discépolo, Cátulo Castillo y Manuel J. Castilla. “No hay otro país de Latinoamérica que tenga la cantidad y la calidad de poetas y músicos populares que tiene Argentina”, aseguró, y resaltó a Juan Carlos Bustriazo Ortiz, “que no está por debajo de ninguno”.
Nuevas generaciones.
Sobre las nuevas generaciones, reconoció que cuentan con herramientas impensadas para los artistas de décadas anteriores gracias a internet y las redes sociales. Sin embargo, consideró que el principal desafío no es tecnológico sino identitario. “Las raíces son importantes, pero después hay que transformarlas en algo nuevo”, explicó. Como ejemplo mencionó a Astor Piazzolla, “fue lo que fue, porque primero pasó por el tango. Desde allí logró la revolución musical”.
Para García, los jóvenes artistas tienen gran potencial, “y herramientas que nosotros no teníamos. Tienen una escuela de arte. Tienen la posibilidad de aprender por internet cosas que para nosotros era impensadas”, y aseguró que es difícil construir una identidad propia, por el riesgo de una cultura dominada por modelos de éxito prefabricados. “Mientras los referentes sean los exitosos, es difícil encontrar una personalidad propia”, concluyó.
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