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Tito García: "Con la bandeja en la mano... y en el alma"

Redaccion Avances 01/08/2026 - 15.17.hs

El Día del Trabajador Gastronómico encontrará este año a Horacio "Tito" García lejos del salón donde pasó buena parte de su vida. Después de décadas atendiendo mesas en la tradicional confitería La Capital, hoy espera una nueva oportunidad laboral mientras transita los últimos años antes de la jubilación. Sin embargo, lejos de quedarse en el desencanto, elige hablar del oficio, de la vocación y del afecto que todavía recibe de quienes durante años fueron sus clientes.

“Nací con la bandeja en la mano y me voy a morir con la bandeja en la mano”, resume con una sonrisa que mezcla orgullo y nostalgia. Es una frase que sintetiza toda una vida dedicada a la gastronomía, un trabajo que para él nunca fue simplemente servir un café o un plato, sino construir un vínculo cotidiano con la gente.

La entrevista transcurre, paradójicamente, sentado en una mesa del bar que hasta hace poco él mismo atendía, recordando viejos tiempos junto a colegas y clientes. El escenario no es casual. Allí aparecen los recuerdos de jornadas interminables, de amistades construidas detrás del mostrador y de una rutina que durante años marcó el ritmo de sus días.

“Acá uno recuerda buenos momentos. Veo a muchos clientes de toda la vida que todavía saludan, preguntan cómo estoy. Eso es una caricia al alma”, cuenta. Su salida de La Capital todavía le duele. No tanto por haber perdido el trabajo, sino por la manera en que ocurrió.

“Duele porque parece un castigo. Un castigo que no se sabe por qué. Como una traición”, admite, aunque enseguida aclara que el tiempo ayuda a cerrar las heridas.

 

El consuelo de la gente.

El verdadero consuelo, dice, llegó desde otro lado. “La mayoría de la gente me llama, me para en la calle, en el mercado, donde sea. Me dicen que hice las cosas bien. Eso vale muchísimo. Es una caricia al alma”.

A pesar del golpe, mantiene intacta la esperanza de volver a trabajar. Mientras espera alguna oportunidad, reconoce que la cercanía de la jubilación le da cierta tranquilidad. “Estoy buscando. Todavía no apareció nada, pero ya estoy próximo a jubilarme, así que tampoco estoy tan a la deriva”, explica.

Más allá de su situación personal, aprovecha la fecha para reivindicar una profesión que considera profundamente humana y que, asegura, exige mucho más que saber llevar una bandeja. “Es un oficio muy lindo. Si hacés las cosas bien, la gente te lo reconoce. No importa quién sea el cliente, ni el bolsillo que tenga. Hay que atender a todos igual”, resalta.

Por eso también deja un mensaje para los jóvenes que recién empiezan. “Que cuiden la profesión y que nunca pierdan la vocación de servicio. Eso es lo más lindo de este trabajo”, agrega.

 

Presente preocupante.

Su mirada, sin embargo, no se queda únicamente en la experiencia personal. Observa con preocupación el presente de la gastronomía y del comercio en general. “No solamente la gastronomía está pasando un mal momento. Se siente en todos los comercios. Todos están haciendo ajustes, achicándose. Eso preocupa”, asegura. La caída del consumo, termina impactando en cada mesa vacía y en cada puesto de trabajo que se pierde. Es una realidad que conoce desde adentro y que hoy vive también como trabajador.

Aun así, Tito prefiere quedarse con lo que construyó durante tantos años de servicio. Con los saludos espontáneos, con los abrazos inesperados y con la certeza de haber dejado una huella entre quienes compartieron un café o una charla mientras él recorría el salón. Quizás por eso, cuando le desean suerte y le preguntan si volverá a trabajar, no duda un segundo: “La bandeja la tengo pegada en la mano... y en el alma”.

 

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